Ranferí ha vuelto a los escenarios con un trabajo de etnofusión, inspirado en leyendas mayas. Esta vez el Leitmotiv es una historia itza’, Mujeres jaguar, y que presentó por primera vez el pasado miércoles 9 de agosto, en el teatro del IGA.
Ranferí ha vuelto a los escenarios con un trabajo de etnofusión, inspirado en leyendas mayas. Esta vez el Leitmotiv es una historia itza’, Mujeres jaguar, y que presentó por primera vez el pasado miércoles 9 de agosto, en el teatro del IGA.
Asistido por Carlos Chaclán, en los pitos y coro; Mynor García y Jorge Arriola, en las percusiones y coros; Ana Lucía Orozco y Adriana Valdez, en los coros; y el mismo Aguilar, en la voz principal, guitarra y percusiones.
Solo ver la lista de formación, uno puede darse ya la idea de lo minimalista del proyecto. Y en efecto, la leyenda en mención, aquí narrada a través de varios pasajes sonoros, como Sueños y señales, La danza de la mujer jaguar en el lago de Petén Itzá, La revelación de Ix Balam, y La investidura de Hunej, discurre más entre voces, percusiones y pitos con poca participación de la guitarra, diferente a la anterior historia tzutuhil, El hacedor de lluvia.
Anidan más contrastes entre una y otra. La historia anterior tuvo origen en una investigación de la mitología, esta en cambio tiene un origen dudosamente maya (se la describió Carlos Barrios). Luego, el peso del argumento de la leyenda también cuenta. Aquella estaba llena de significados, retrataba la búsqueda de un ser que deseaba abandonar lo rutinario y emprender un camino que intuía hacia algo superior y mágico. En cambio esta es la travesura de un mortal con una semidiosa, que al final promete volver. Cumpliendo, según se dice, ciertas predicciones mayas. En el trasfondo aquella dejaba algo más real e iniciático que esta última.
Pero volviendo a lo enteramente musical. El hacedor, a Ranferí le movió en lo artístico y en lo personal, por lo que consiguió transmitir muy bien la idea a su alrededor, en cambio esta, no consigue contagiar ni mover a sus compañeros ni al público. Además, los pasajes melódicos, líricos, místicos y confidentes aquí escasean.
El colorido rítmico y percusivo en Las mujeres jaguar quizá se haya depurado, e igual el aspecto vocal (en particular lo hecho por Orozco y Valdez). Puede añadirse también que este proyecto contiene mayores riesgos al apoyarse en tan poca instrumentación, pero en suma el mensaje, la calidez, la energía, la musicalidad y la atmósfera de El hacedor, aquí no despuntan.
Posiblemente con el correr de los días, este nuevo trabajo se afine y ajuste para hacerlo más inspirado y preciso, pero en este momento no me siento capaz de reconocerle los máximos elogios. Lo siento.
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