Quisiéramos resaltar que el TLC con Estados Unidos es el marco técnico y político, jurídica y políticamente estructurado, dentro del cual se puede discutir ampliamente la libre circulación de trabajadores, como componente serio de la integración comercial. La falta de consistencia de una política que mendiga caridades migratorias debe ser sustituida por una estrategia de política exterior que plantee y proponga seriamente a Estados Unidos un capítulo de libre circulación de trabajadores nacionales de los países miembros del TLC, que de verdad coloque en su verdadero estatuto y dignidad al trabajador guatemalteco y centroamericano. Es innegable que el planteamiento actual lo hace parecer como un menesteroso implorando caridad y no como un trabajador demandado y requerido en algunos ámbitos de la economía de Estados Unidos.
El advenimiento de un canciller con genuinas preocupaciones nacionales, un claro concepto económico y una vasta experiencia internacional, constituyen ingredientes que permiten dar un salto entre lo que fueron negociaciones internacionales de adhesión a la apertura de un proceso de mediano plazo y coherente.
Si de manera soberana el Congreso de la República dispuso saltarse los linderos de la soberanía nacional y de la Constitución Política de Guatemala, aprobando un tratado que declina sustancialmente la jurisdicción de nuestras instituciones, bien puede aprovecharse el espacio para una discusión internacional que revierta la tendencia negativa de nuestra asimetría. En el caso del TLC-Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, indudablemente nos encontramos frente al proceso de mayor integración jamás vivido por la región que ni para los efectos de su propia integración cuenta con los poderosos órganos de control de cumplimiento del tratado con que cuenta el TLC con EE.UU.
En consecuencia y para beneficio de Guatemala, de sus trabajadores y del genuino proceso de internacionalización de capitales que se ha desarrollado con las remesas, el TLC debe convertirse en un profundo proceso de integración comercial internacional que abarque a los factores primordiales de la Economía, a saber: el capital y el trabajo. El diseño, discusión y acuerdo de un capítulo dentro del TLC-CA-RD, relacionado con la circulación de trabajadores, abriría camino en varias vías, especialmente la de la dignidad. Y eventualmente podría contarse con un flujo de trabajadores especializados que complementen igualmente nuestras economías.
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