Este lunes me hicieron una entrevista relativamente extensa desde Radio Stereo 100 de Quetzaltenango, la cual agradezco. Se tocaron muchos temas, pero las preguntas se centraron en temas de juventud, lo que no dejaba de ponerme incómodo, pues cada vez voy siendo más viejo. A medida que hablaba no podía dejar de recordar las ideas que había escrito para elPeriódico en un artículo de 1998. Resumo a continuación lo más relevante de ese artículo, el cual creo que sigue siendo plenamente válido.
Cuando se tienen 34 años (ahora ya 42), ya se ha aprendido algo en el sendero de la vida. Se está en ese terreno intermedio entre el ser joven y el ser adulto, e imagino que resulta posible hablarles a los primeros, sin caer en los consejos paternalistas y muchas veces hasta desesperantes de los segundos. Lanzo estos consejos, o más bien sugerencias, a quien desee tomarlas.
Primero, hay que dejarse de slogans, de repetir al cansancio “los jóvenes no somos el futuro, somos el presente”. Cuando se está en los 20, eso se repite a menudo y hasta se llega a creer. No es cierto; el presente, la toma de decisiones le corresponde a los adultos, a los que tienen 40 años para arriba. Por supuesto que hay excepciones, pero son eso: excepciones.
Segundo, si uno se dedica a algo hay que entregarse por completo; no sirven los compromisos a medias. Puede que sea el deporte, la política, los estudios, el trabajo, la religión o las artes, lo importante es que si se hace algo se ponga toda atención, coraje, voluntad. Lo peor que puede ocurrir es ser un joven de a medias, medio en algo y medio en nada. Eso es pasar los años sin convicciones, sin sabor, aprendiendo a ser mediocre.
Tercero, hay que competir contra sí mismo, no contra los otros. Si se compite contra compañeros, colegas o adversarios, por supuesto que es posible progresar; sin embargo, así es muy fácil caer en la envidia continua, en afanarse por ponerle zancadilla a los otros, en tratar de correr viendo hacia los lados para compararse a cada momento con los demás. La mejor competencia es aquella que se hace contra sí mismo, en tratar de superar en uno, dos, tres años, aquellos defectos, efectos, limitaciones, falta de conocimientos, que se puedan tener en el presente. El secreto está en que cuando se vea hacia atrás se observe con satisfacción la distancia avanzada.
Cuarto, hay que evitar, a toda costa, caer en la solución sencilla de las “recetas”; es imprescindible pensar con la propia mente. No hay peor cosa que ser un joven que repite un recetario. Casi es como clausurar la mente propia; y eso lo sustituye la doctrina, la filosofía o la ideología que se adoptó. Ya no es uno quien piensa. Todo debe estar sujeto a cuestionamientos. Está bien que se llegue a creer en algo con plena convicción, pero eso debe ser producto del cuestionamiento interno, de la duda continua.
Después de la masacre de Tiananmen Square, en China, algunos líderes estudiantiles escaparon hacia Hong Kong. Llegaban como ex líderes de un movimiento que había captado la atención mundial; varios de ellos habrán creído que sería cuestión de semanas o meses para convertirse en líderes políticos en Hong Kong. ¿Cuál fue la respuesta que recibieron? “Dada una coyuntura histórica, ustedes fueron líderes de un movimiento; esa coyuntura ha pasado, su responsabilidad es prepararse para el futuro, así que... continúen sus estudios”.
Forjar conocimientos y una personalidad clara: esos son los retos; solo así se logrará que aun cuando el presente no le pertenezca a la juventud, sí se arrastre el futuro hacia el presente.
pablorodas@yahoo.com
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