Como el cuerpo el alma misma, requiere sus alimentos…
César A. García E.
La honradez y la hidalguía, el amor, la poesía, los anhelos, la esperanza…las luchas y la confianza, son ciertamente virtudes, son sueños, son ilusiones, que hacen crecer nuestra alma…y entierran las frustraciones; el atreverse a decir, el defender un derecho, el señalar injusticias… hacen sentir grande el pecho. La satisfacción osada, por una lucha ganada, por aportar algo bueno, es grande e inesperada. El alma es la que provoca, los pensamientos mejores, también provoca avaricia, tristezas y sinsabores; siendo nuestra alma reflejo… de lo que realmente somos…es la herencia de los viejos, pero también un asomo; es por eso que la vida, no es tener, ni demostrar, ni es ambición desmedida, ni material bienestar.
El alma es presa del yo, pero del yo artificial, el que nos hace insaciables… como cualquier animal; el que busca lo exterior… el que dirán… la apariencia, el que nos sugiere actuar… a veces con indecencia; el que crea lambiscones, culebras, hipocritones…el que hace que hasta “el amigo”…traicione por sus pasiones. Como el cuerpo el alma misma, requiere sus alimentos… de nutrirse y de crecer… de ganar diario sustento; el alma tiene que ver con lo eterno, lo perfecto, con ser parte de Dios mismo, nuestro vital elemento; el alma es subordinada por los afanes obtusos, por la materialidad…por permitidos abusos; abusos a nuestra vida, hidalguía y dignidad, abusos a nuestro yo… por falta de identidad. El mundo tal como es, nos invita a la apariencia, a vender nuestros valores… los principios y decencia.
En medio de esta prisión, de afanes y de inconciencia, nuestra alma se manifiesta…y nos impone prudencia; no encontraremos la paz, ni en residencias fastuosas, ni en amigos alquilados, ni en las mujeres hermosas; tampoco en un automóvil, ni en una veintena de estos, ni un yate o un avión, ni confiando en deshonestos. El alma como la vida, son eternas… para siempre… pero insistimos buscando… lo efímero y decadente; lo material, lo barato, lo insustancial…lo del rato, y mientras así sigamos… descuidando lo valioso… lo sustancial, lo importante…lo digno lo decoroso; no encontraremos la paz, ni la unidad familiar, ni el sosiego ni el solaz…que es realmente el bienestar.
En un mundo tan torcido, con valores trastocados, es ingente y mandatorio formar hijos educados; educados en valores, con pasión por lo correcto, defensores sin temores, valientes, rectos y honestos. Hijos que quieran nadar… en contra de la corriente, del enemigo del alma, que es el culto a lo indecente; hijos que tuviesen claro no engañar, ni marginar, ni ignorar el sufrimiento…buscando “su bienestar”. Nos hacen falta valores, pero también ser valientes, nos hacen falta principios y ser también diligentes; mientras el país se hunde… en manos de los farsantes, nos encojemos de hombros, sintiéndonos tolerantes, tolerantes con el mal, con la idiotez e indecencia…con el malviviente, el necio… quien fomenta la violencia; permitimos que nos mientan…nos engañen y nos roben, permitimos que lo oscuro nos llene de sinsabores ¡Píenselo!
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