Lo de México no será nada en comparación con lo que se nos viene encima.
Gustavo Berganza
Permítanme parafrasear la oración con la que Marx y Engels inician el Manifiesto Comunista: Un fantasma recorre Guatemala, el fantasma del colapso electoral y la inestabilidad política.
Como la Europa de 1848, que inspiró la frase original, la Guatemala de 2006 pasa por una coyuntura sumamente preocupante. Ya es un lugar común repetir el gran poder que tiene el crimen organizado y el exitoso trabajo de penetración que han realizado en la Policía, el Ejército, el Ministerio Público y el sistema judicial. No se sabe hasta qué punto el dinero del narcotráfico le disputa a los millones de la supercúpula del sector privado el control sobre los partidos políticos. Y aparte tenemos también a esa clase empresarial “emergente”, vinculada también al crimen organizado, que desea constituirse en actora política.
Y en medio de todo el forcejeo, se encuentra el sistema político guatemalteco. Las elecciones de 2007 se anticipan como cruciales para determinar cuál de los grupos en disputa, o, peor aún, qué combinación de estos, tomará las riendas del gobierno durante el próximo período presidencial.
La situación se complica más porque tal y como está legalmente constituido el sistema electoral, carece de los instrumentos administrativos para hacer efectiva la fiscalización de los fondos que reciben los partidos políticos. Debido al impasse que generó la demora en la aprobación del segundo paquete de reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, el Tribunal Supremo Electoral todavía no emite el reglamento con los mecanismos que permitirían exigirle a los partidos dar cuenta exacta y clara de sus gastos y de los fondos, sean estos privados o públicos, con los que los financian.
En los últimos días, ha habido ya dos pronunciamientos públicos haciendo notar cuán intimidante es el fantasma de la conflagración que se nos viene encima. El primero, el del Mirador Electoral, entidad de la que forma parte la organización para la cual trabajo, y el segundo, un colectivo integrado por diez instituciones académicas (FLACSO, Asies, la Escuela de Ciencias Políticas de la Usac, la Facultad de Ciencias Políticas de la URL) y otras organizaciones de la sociedad civil (Acción Ciudadana, Naleb, entre estas). El espíritu que anima a ambas iniciativas es disminuir la incertidumbre que se cierne sobre las próximas elecciones. Lo que sucede hoy en México va a ser moco de chompipe en comparación con lo que se prevé para Guatemala.
El colectivo tiene ya una propuesta concreta, muy amplia y puntual que hizo llegar al TSE, al Congreso de la República, al Organismo Ejecutivo y a los partidos políticos. Sin embargo, el TSE puede muy bien disminuir la dimensión de la amenaza solamente con aprobar el reglamento de la Ley Electoral y esforzarse para ponerlo en práctica. Ojalá lo haga, porque eso al menos nos daría la oportunidad de aclarar quiénes son los que financian a los partidos políticos.
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