Aún nos cuesta trabajar unidos en proyectos de nación.
Roberto Moreno Godoy
Hace más de un mes atrás fue aprobado el TLC con Estados Unidos de América. Guatemala posee un gran potencial y cuenta con recursos valiosos para hacer frente a este reto. La expectativa de todos es que el TLC favorezca a la región, ampliando la oferta de bienes y servicios, atrayendo más inversión extranjera, generando más empleos y logrando mejores productos. El tratado abre a los sectores de turismo, agroindustria, forestal, vestuario y textiles y de bienes y servicios oportunidades inmensas de crecimiento. Sin embargo, la firma del tratado fue solamente el primer paso. Las siguientes etapas conllevan hacer frente al desafío de preparar a nuestros recursos humanos, generar una actitud innovadora y emprendedora que nos haga focalizarnos en nuestros motores de desarrollo, encontrar un mercado para nuestros productos y poder competir.
Las lecciones aprendidas hasta ahora incluyen el reconocimiento de que aún nos cuesta trabajar unidos en proyectos de nación. Ahora, más que nunca, se requiere que nuestra sociedad esté clara del proceso que enfrentamos al entrar a la competitividad. Es necesario que generemos un clima de seguridad que atraiga la inversión productiva, que se garantice el Estado de derecho y que se respete el régimen de legalidad. Adicionalmente, debemos enfrentar las demandas que nos impone el tratado, incluidas reformas en la legislación sobre propiedad intelectual, mejoras fitosanitarias y el cumplimiento de requisitos ambientales. La eliminación de las barreras arancelarias, por ejemplo, no será suficiente para garantizar un crecimiento de nuestras exportaciones. Temas tales como la inocuidad de los alimentos y el control del uso de agroquímicos serán críticos para poder participar de los beneficios del tratado. Debemos ser estratégicos en mejorar y certificar nuestros productos. Asimismo, debemos retomar el tema de formación de recursos humanos, a la luz de este acuerdo, y anticipar qué capital humano requerirá el país en las próximas décadas.
La política nacional de competitividad aspira a lograr un país próspero, igualitario, maduro y sostenible, que nos permita dar un salto a convertirnos en una nación competitiva, impulsada por la innovación. Por ello, es importante que realicemos un esfuerzo conjunto, que involucre al sector privado, al gobierno, a las universidades y a los diversos sectores del país en una agenda nacional que haga que este acuerdo sea de beneficio real para todos. Aquellos actores que han demostrado mejor capacidad para innovar y adaptarse deberán marcar el paso. Finalmente, el TLC debe traducirse en el logro de una sociedad más próspera y con mayor equidad. De no ser así, habremos perdido una gran oportunidad.
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