Han sido largas cinco décadas de esfuerzo las que ha requerido el matutino Prensa Libre para alcanzar la posición que hoy ocupa entre sus lectores.
elEditorial
Han sido largas cinco décadas de esfuerzo las que ha requerido el matutino Prensa Libre para alcanzar la posición que hoy ocupa entre sus lectores. En todos esos años, ese diario no sólo ha reflejado las grandes transformaciones del país sino que ha debido pagar el precio por ser un testigo de excepción del doloroso parto de la modernidad guatemalteca. El asesinato de uno de sus cinco fundadores y los secuestros de dos más, han sido apenas parte de ese costo. En elPeriódico celebramos hoy el arribo de su nuevo aniversario, que se alcanza el próximo 20 de agosto y le deseamos una continuada y próspera existencia.
A merced de las maras
La espiral de violencia que enfrenta la sociedad guatemalteca nos mantiene bajo una auténtica psicosis de guerra. Estamos a la defensiva, porque en cualquier momento y lugar podemos caer víctimas del ataque criminal. Todo tipo de delitos se cometen en Guatemala con absoluta impunidad. Las agresiones son contra la vida humana, contra la integridad física, contra la libertad, contra el patrimonio de las personas y, en fin, contra cualquier bien protegido por la ley penal, que, por cierto, no se cumple ni se aplica. Proliferan los asesinatos con móviles diferentes, los allanamientos a viviendas, oficinas y haciendas, los ataques en las calles y en los vehículos, los secuestros, los homicidios, los linchamientos, las violaciones, los robos, las extorsiones, los chantajes, las estafas, los asaltos, las vendettas, los abusos y los fraudes en general.
La facilidad con que se fraguan y articulan conspiraciones, asociaciones y organizaciones criminales en Guatemala es realmente patética y trágica. Por consiguiente, no debe extrañarnos que abunden las pandillas armadas, los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad, la delincuencia organizada y las fuerzas de seguridad lícitas corruptas. Pero sin duda, el precio más alto lo pagan los habitantes más modestos de nuestro país, que viven continuamente hostigados por las pandillas juveniles o maras.
El fracaso de la seguridad pública es la mayor prueba del fracaso del Estado de Guatemala. Y la proliferación de organizaciones delincuenciales entre muchos jóvenes de las zonas marginales del área metropolitana y de diferentes ciudades del país, es consecuencia de la falta de oportunidades para todos. Guatemala necesita renovarse y ofrecer un futuro a todos sus hijos.
1 comentarios: