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La trampa (7)

La URNG se incorporó a la legalidad con muchas ventajas y desventajas de los militares.

Por: Jorge Palmieri

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A pesar de que esta serie de artículos ha disminuido el número de visitas en la lista cotidiana a mis columnas, que han bajado del primer lugar en la edición de elPeriódico por Internet, sigo publicándola porque, aunque pueda ser lo último que haga en lo que me resta de vida, este tema es de interés nacional, aunque les parezca aburrido a quienes prefieran lo frívolo.

Si me tomo el trabajo de hacer estas glosas del Acuerdo de Paz Firme y Duradera es porque estoy convencido de que está en juego el futuro nacional. Porque sin haber esperado el estudio y la aprobación del Congreso de la República, ni haber hecho previamente un plebiscito, o consulta popular, para preguntar al pueblo si estaba de acuerdo -o desacuerdo- con esas condiciones; ni pedir después, en un referéndum, la aprobación a lo que ya se había firmado, el Ejecutivo firmó este trascendental compromiso de Estado con los comandantes de la URNG y comprometió el presente y el futuro del pueblo de Guatemala. ¡Lo cual no es gracia!

En mi opinión, era indispensable que el pueblo de Guatemala conociese y aprobase -o desaprobase- antes lo que el Ejecutivo iba a firmar con los comandantes de la URNG en el Acuerdo de Paz Firme y Duradera. Y hoy, aunque tarde, creo que necesario que se conozca el contenido de tan importante acuerdo para que no les tomen por sorpresa las probables consecuencias.

El punto 11 dice: “La incorporación de URNG a la legalidad en condiciones de seguridad y dignidad constituye un factor de interés nacional, que responde al objetivo de la conciliación y del perfeccionamiento de un sistema democrático sin exclusiones”.

En efecto, muchos de quienes fueron miembros de la URNG se incorporaron a la legalidad con evidentes ventajas sobre los miembros del Ejército que les combatieron y derrotaron. Hasta unos que fueron comandantes de la guerrilla, con declarada tendencia comunista, ocupan importantes cargos públicos en los poderes Ejecutivo y Legislativo, se movilizan en vehículos blindados con guardaespaldas armados hasta los dientes y cobran buenos sueldos, mientras que los segundos fueron minimizados y humillados, y quedaron desprestigiados para toda la vida por haber cumplido órdenes superiores y su deber constitucional, por lo cual muchos prefirieron pedir la baja voluntaria a pesar de haber dedicado toda su vida a la carrera militar. ¡No hay derecho!

“12. Las reformas constitucionales contenidas en los Acuerdos de Paz, constituyen la base sustantiva y fundamental para la conciliación de la sociedad guatemalteca en el marco de un Estado de derecho, la convivencia democrática, la plena observancia y el estricto respeto de los derechos humanos”.

Las reformas constitucionales deben hacerse siempre cumpliendo estrictamente los requisitos que estipula la Constitución y no solo porque lo quiera un mandatario. No pueden hacerse a capricho o conveniencia de un sector del país ni, mucho menos, para satisfacer exigencias de uno de los bandos que lucharon en un conflicto armado de larga duración.

En el artículo titulado Soberanía del Pueblo y soberanía delegada del Congreso, del folleto Teoría y Reforma Constitucional publicado por el Centro para la Defensa de la Constitución (Cedecon) y la Fundación Fredrich Ebert, el licenciado Eduardo Palomo Escobar dice: “El pueblo ejerce la soberanía directa por medio del voto, el plebiscito y el referéndum. Con el voto elige a los ciudadanos para cargos de elección popular. Mediante el plebiscito aprueba un acto político. Mediante el referéndum ratifica o no las resoluciones con efectos jurídicos que se hayan aprobado, para que tengan validez”. No obstante, estos requisitos no se cumplieron al firmar el Acuerdo de Paz Firme y Duradera.

“13. Las elecciones son esenciales para la transición que vive Guatemala hacia una democracia funcional y participativa. El perfeccionamiento del régimen electoral permitirá afianzar la legitimidad del poder público y facilitar la transformación democrática del país”.

Este texto es válido e importante -¡sin duda!- pero no veo qué “estrellas de la línea” tenga que ver con este Acuerdo de Paz que parece que no es tan firme, ni tan duradera. (Continuará).
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