Opinión:¿Y después de “Las estrellas ...“ qué?No puede ser que este documental sea solo un trampolín para quienes lo hicieron. Por: Gustavo Berganza
Es indudable que Las estrellas de la línea tiene el gran valor de mostrar como seres humanos, con valores, aspiraciones, alegrías y pesares, a un sector que usualmente es objeto de escarnio: las prostitutas de la avenida del Ferrocarril, en los linderos de la zona 1 capitalina.
El maravilloso recorrido que hace Chema Rodríguez por las vidas de sus 12 protagonistas, 11 mujeres y un hombre, tiene el efecto de revalorizar a estos seres humanos y destacar el gran esfuerzo que realizan para sobrevivir en un contexto tan hostil y peligroso. El gran mérito que tiene este trabajo es describirlas con una maestría tal que sus historias de vida son capaces de superar, por lo menos durante el tiempo que dura la función, las barreras del clasismo y los prejuicios morales de las audiencias. Es obvio que los testimonios de estas 11 mujeres y de Kimberly, el muchacho homosexual que las entrena para los partidos de fútbol, le han granjeado una fama y, probablemente, ingresos y contratos que Rodríguez no tenía al momento de filmar esta provocación. La cinta ha sido ya exhibida en varios festivales y ganó el segundo premio del público en la Berlinale. Pero para las protagonistas, ¿qué les ha quedado? Aparte de la simpatía temporal, supongo que muy poco. Tal como se colige de sus testimonios, de ellas son muy pocas las que asumen su condición de prostitutas como identidad y proyecto de vida. Se nota en ellas el peso del rechazo social y la enorme culpa que les acompaña por dedicarse a la prostitución. Muchas de ellas no quieren politizar su ocupación sino simplemente vivir en un ambiente menos amenazante. Hace nueve años, la fotógrafa inglesa Zana Briski se lanzó a explorar con su cámara la vida de los prostíbulos en Calcuta. Al hacerlo, le impactó la condición en que vivían los hijos de las sexoservidoras. De esa impresión, nació la idea de enseñarles a tomar fotografías y, eventualmente, con la exposición y venta de estas, establecer un fondo para ayudarlos. Briski estableció la fundación Kids with Cameras, cuya finalidad es contribuir a mejorar la condición de estos niños enseñándoles a tomar fotografías, empoderarlos, como se dice ahora, para que tuvieran mejores esperanzas de vida. Con la ayuda de Ross Kauffman, filmó el documental Born into Brothels (Los niños del barrio rojo), que también fue objeto de muchos reconocimientos. Briski obtuvo becas en colegios privados y realizó un paciente trabajo de convencimiento con las madres de sus protagonistas para que los dejaran asistir a clases. Algunos de ellos seguramente tendrán un futuro con mejores posibilidades que las que tuvieron sus mamás. Algo semejante podría hacerse aquí. No puede ser que la vida de estas mujeres sirva únicamente como provocación, entretenimiento de fin de semana o trampolín hacia la fama para quien las filmó. Porque estamos hablando de seres humanos, no de simples personajes ficticios de un guión cinematográfico. Agregar comentario: |
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