Opinión:Conejo, no chuchoSus amigos le dicen “Conejo” a Berger, pero los diputados lo trataron como chucho. Por: Jorge Palmieri
El escándalo político del momento fue protagonizado anteayer en la lamentable reunión de siete minutos de duración que tuvo lugar en un pomadoso hotel en la avenida Las Américas, entre el presidente Constitucional de la República, licenciado Óscar Berger Perdomo, y los diputados que asistieron a un desayuno que fue programado por la Junta Directiva del Congreso para recibir la “visita de cortesía” del mandatario que tenía el objetivo de provocar un acercamiento y limar asperezas. Además, tenía el propósito de pedirles su colaboración para agilizar la aprobación de los proyectos de leyes relacionadas con la seguridad que aún están pendientes de aprobación. Empero, el resultado fue contraproducente porque en vez de acercarse, se alejaron más.
Para comenzar el desastre, la reunión estaba programada para las 8:30 horas, pero se retrasó 45 minutos por problemas de logística. Para ajuste de penas, contrataron un pequeño y estrecho saloncito improvisado en el cual no había suficiente espacio para que estuviesen cómodos todos los comensales y sus invitados, al extremo de que ni siquiera había sillas para que pudiesen compartir la mesa principal los funcionarios que acompañaban al mandatario y se vieron obligados a estar en otra mesa el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann Montes, y el director de Presidios, doctor Alejandro Giamattei Falla quien, como es sabido, sufre de esclerosis múltiple y tiene problemas para mantenerse de pie mucho tiempo, lo cual fue una desconsideración de los anfitriones. En una foto que publicó ayer Prensa Libre, se ve cuando el presidente Berger ingresó al saloncito y unos diputados voltearon a verle con insolente indiferencia, mientras otro hablaba por un teléfono celular y otro leía un documento. ¡Y eso es una falta de respeto a la dignidad presidencial en cualquier parte del mundo! Por mucho que disguste a los diputados cómo ha venido gobernando, o su forma de ser tan chabacana, debieron tratarle con respeto. Ni siquiera sus amigos lo recibieron como Conejo Berger, sino lo recibieron como a un vulgar chucho callejero con pulgas. ¡Fue una grave falta de respeto! Es comprensible que no le hayan querido aplaudir cuando entró al salón, pero debieron recibirle de pie. Un gobernante que sabe lo que se debe hacer en esos casos hubiese hecho su visita al pleno del Congreso para leer un discurso expresando lo que desea. Que me disculpe la diputada Anabella de León, pero esta vez se le pasó la mano. No tenía derecho a recibir al Presidente Constitucional de la República con reclamos y reproches destemplados, como si no hubiese separación constitucional de poderes del Estado. Pero Berger debió soportarla con estoicismo de estadista y responderle lo que se merecía con la mayor educación que le hubiese sido posible. Aunque le dieran muchas ganas de contestarle como se dice vulgarmente en México: ¡Aparte es Juan Domínguez y aparte no me chingues! Agregar comentario: |
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