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Chema Rodríguez en la línea

Una entrevista con el realizador de “Las estrellas de la línea”, un conmovedor y divertido documental sobre siete muchachas guatemaltecas dedicadas a la prostitución. La película acaba de estrenarse en las salas de la ciudad, luego de haber ganado el Premio del Público en el pasado Festival de Cine de Berlín.

Por: Luis Aceituno

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En agosto de 2004 los medios de comunicación guatemaltecos nos informaban de un curioso y pintoresco hecho: un grupo de prostitutas que formaban un equipo de fútbol había sido expulsado de las instalaciones de Futeca (un club deportivo en una de las zonas exclusivas de esta ciudad), luego de jugar un partido contra un equipo de jovencitas estudiantes de secundaria. Se habló de provocación y de escándalo, de un acto contra las buenas costumbres que rigen esta sociedad, de un burdo montaje realizado por peligrosos izquierdistas para crear una mala imagen del país en el exterior.

Y mientras la polémica avanzaba y provocaba primeras planas en los diarios y extensos reportajes en los telenoticieros, nos enteramos de que detrás de todo esto se encontraba un grupo de cineastas, capitaneados por el español Chema Rodríguez, que intentaban realizar un documental sobre las muchachas que se dedican a la prostitución en una célebre área marginal conocida, desde tiempos del general Ubico, como La línea.

Casi dos años después, las agencias internacionales de noticias informaban que Las estrellas de la línea, una película documental producida en Guatemala y dirigida por Chema Rodríguez, había ganado el Premio del Público en el Festival de Berlín 2006, uno de los más importantes a nivel global. La cinta se estrenó, por fin, hace unas semanas en Guatemala, luego de haber tenido un celebrado estreno en España y haber sido invitada a otros festivales como el Outfest de Los Ángeles, el Karlovy Vary de la República Checa y el Hots Docs de Toronto.

En esta entrevista, Chema Rodríguez nos habla de qué lo llevó a filmar una cinta como Las estrellas de la línea, la historias de siete muchachas prostitutas que tratan de escapar de su dura cotidianidad a través del fútbol y de la solidaridad con los otros.

¿Cómo te sentís luego de la buena recepción que ha tenido “Las estrellas de la línea” internacionalmente?

– Muy contento... uno siempre que hace un trabajo piensa que puede llegar a gustar, pero lo que no imaginamos fue que pudiera llegar a tener la repercusión que ha tenido, sobre todo con lo de la Berlinale. A partir del Festival de Berlín se han precipitado las cosas y eso ha sido, yo creo, el punto de inflexión. Desde ese momento nos han pedido la película para un montón de festivales, han empezado a aparecer premios y se ha creado una expectativa. Aquí en Guatemala ya la había, por todo lo que ocurrió durante el rodaje, pero en el resto del mundo hubiese pasado desapercibida, si no hubiese ocurrido lo de Berlín.

Contame de Berlín.

– Pues que nos seleccionaron y ya el hecho de estar seleccionados para nosotros era un logro importante. Nos fuimos a Berlín, digamos, en plan “paleto” –no sé cómo se dice aquí en Guatemala–, con los ojos abiertos, mirándolo todo, y ahí en Berlín, a pesar de que estás seleccionado junto a 300 películas, te tratan de maravilla, te hacen sentir que no eres una película más. El día que se puso la cinta fue lleno completo, gente sentada en las gradas, diez minutos de aplausos, y luego encima nos dan el premio…

¿Por qué creés que gustó tanto en Berlín, por qué esa reacción?

– Yo creo que porque es una película tierna, cercana, humana. Se ha rodado en Guatemala pero con situaciones que son universales. Una historia sobre gente que lucha por la supervivencia día a día, que vive al filo del abismo. Personajes muy radicales, en situaciones extremas. En Europa, donde se está tan aburguesado, hay un deseo de verse en situaciones extremas pero con un lado humano... no el lado morboso de lo extremo, sino el lado humano. Darse cuenta de que finalmente esas personas de La línea, esas mujeres guatemaltecas, además prostitutas, no son tan distintas a ellos mismos, que se rigen por los mismos valores, que sienten las mismas emociones, que lloran por lo mismo que ellos. Eso, creo, es algo universal, para todos los públicos, sin importar si eres alemán, holandés, canadiense o guatemalteco.

La pregunta te la habrán hecho mil veces, pero ¿por qué escogiste precisamente ese tema?

– Yo diría que muy sencillo: porque llevo 15 años en Guatemala. Quería contar una historia así y quería que fuese en Guatemala. Creo que este país es un buen ejemplo –no es un caso único, por desgracia– de lugares donde se viven situaciones radicales. Esa miseria vital, esa constante lucha por la supervivencia. Eso se da en todo el mundo, pero en países como este llega a niveles extremos. Quiero mucho a este país, por tanto, nunca hubiese hecho nada que significase “hacer daño”… Hemos hecho la película para mostrar una realidad que nos duele.

¿Cómo llegaste a Guatemala?

– Hace 15 años, fue como hippie. Habíamos comprado, entre dos amigos y yo, un coche en Los Ángeles, un Dodge del 79, por US$600 y teníamos para gastar, US$3 diarios cada uno: US$1 para comer, US$1 para dormir y US$1 para fumar. Bajamos por todo México, la idea era llegar hasta Costa Rica, pero llegamos a Guatemala y aquí nos quedamos. Le vendimos el carro a un amigo por Q1 y plastificamos el billete. Nos quedamos a vivir en casa de una gente que nos invitó, unos guatemaltecos que ahora son nuestra familia...

¿Por qué quedarse en un lugar como este?

– Pues, porque..., la verdad es que..., siempre, pero en aquel entonces más todavía, Guatemala era un lugar muy atractivo para aquellos que van buscando un espacio en el mundo. A mí realmente me llamó la atención de este país la capacidad para los extremos. Quizás, si lo miras con ojos de párroco de la iglesia de los jesuitas, pues es una putada, pero como persona curiosa, como periodista, como escritor, es un país interesantísimo. Un lugar donde no hay término medio prácticamente en nada de lo que ocurre. Me pareció un lugar estupendo para contar historias desde la complejidad del ser humano. Creo que todos los seres humanos son complejos pero aquí en Guatemala, especialmente complejos, tienen una capacidad para lo bueno y para lo malo muy especial.

¿Ya tenías el interés por contar historias cuando llegaste a Guatemala por primera vez?

– Cuando vine en el 89, yo ya escribía en periódicos en España y trabajaba en la radio. La película la realizamos hace dos años y ya para entonces, había publicado dos libros, había realizado 50 documentales, pero nunca me había atrevido a escribir nada de Guatemala.

¿Viniendo del periodismo y la literatura, llegaste al cine por necesidad o porque creíste que era un lenguaje que te permitía contar tus historias de una mejor manera?

– Porque empecé a darme cuenta de que hay historias que para poder contarse necesitan un lenguaje audiovisual y hay otras que necesitan un lenguaje escrito y otras, pues necesitan un lenguaje oral. Cada una tiene su lenguaje, a mí me gustan los tres. Quizás el que más me gusta es la literatura, pero con una historia como esta de Las estrellas de la línea, necesitaba de la imagen para poder desentrañar cosas muy complejas. Llevaba años viniendo por Guatemala, pero nunca me había atrevido a escribir nada, quizás por aquello de que el que va a un lugar una semana escribe un libro, el que va un mes escribe un artículo y el que se tira un año es incapaz de escribir nada. Pues a mí me ocurría eso.

Ha habido ciertas diferencias de criterios en cuanto a tu acercamiento al documental, sobretodo por el hecho de haber partido de un argumento ficticio y haber montado situaciones para potenciar las posibilidades cinematográficas.

– Yo parto de la idea de que la vida es una tragedia disfrazada de comedia y por tanto, para retratar esa parte de comedia, con toda seriedad, necesitas elementos que te permitan hacerlo. Si quieres hacer algo real, tienes que hacer que los protagonistas estén en circunstancias que te permitan mostrar lo que llevan dentro. Yo necesitaba elementos que me permitiesen abarcar esa comedia y lo del fútbol lo permitía. Y permitía no solamente eso, sino además algo a lo que estas mujeres no estaban acostumbradas: el trabajo en grupo, el trabajo solidario. Ellas son muy individualistas, muy competitivas las unas con las otras. Nos faltaba un elemento que las uniera, que creara una situación distinta a la que ya viven cotidianamente. A nosotros nos interesaba retratar la cotidianidad y lo extraordinario. Y lo extraordinario era ponerlas en una situación diferente a la normal... y por eso lo del fútbol. Sin embargo, si ellas no hubiesen aceptado, si no se hubiesen metido en esa historia del equipo y no la hubiesen hecho suya, hubiese sido una cosa terrible y artificial. Y no es artificial. A nosotros se nos fue de las manos aquella historia, pusimos la semilla y el resto fue asunto de ellas. Todo lo que aparece en la película es absolutamente real. Que los puristas puedan pensar que nos hemos salido de la ortodoxia, eso lejos de parecerme una crítica me parece un halago, porque yo respeto mucho el trabajo de los ortodoxos, pero me aburre bastante. Nosotros queríamos hacer algo para todos los públicos, no para una minoría. Algo que cualquiera pudiera ver y que se pudiera reír y que se pudiera conmover.

Hay una cosa que me gusta mucho del documental y es esa “desoenegización” de ciertas temáticas sociales. Historias que estás acostumbrado a ver desde un tratamiento muy abstracto, con una visión muy estrecha, demasiado respetuosa de un lenguaje, de una corrección política que muchas veces falsea la realidad.

– Eso es algo consciente. No estamos en contra de las ONG, si no existiesen habría que inventarlas y nos parece perfecto el trabajo que hacen, pero a mí no me interesa la forma en la que ellos ven la realidad. Creemos que las cosas suele ser más complejas que lo que ellos te muestran. Las ONG tratan de tabulizar la realidad. De cierta manera, de inventar una realidad dentro de la realidad. Nosotros simplemente hemos tratado de mostrar historias que luego pueden llevarte a ideas generales. Si a partir de la historia de Marina, de la de Vilma, de la de ellas como grupo, de todo lo que ocurrió, se quieren sacar conclusiones, ahí están. Intentamos que el espectador llegue a sacar planteamientos generales no precisamente sobre la realidad guatemalteca, pero sí sobre el ser humano en general.

En un principio se creó una expectativa bastante falsa. Qué se yo: la cruda y miserable realidad guatemalteca, putas, relaciones truculentas, desnudos, polémica, escándalo y realmente la película es todo lo contrario.

– Se habló mucho de eso. Durante el rodaje –sobretodo a partir de la polémica generada por lo ocurrido en Futeca– nos acusaron de peligrosos izquierdistas y de estar haciendo una película pornográfica. ¿Peligros izquierdistas? A nosotros no nos da el cerebro para eso, y las películas porno nos gustan, pero no las hacemos. Yo creo que el espectador se va a sorprender, para bien o para mal, de encontrar una historia humana. Si consiguiéramos que se conmueva un poquito, si consiguiéramos que se plantease la posibilidad de acercarse a La línea, de conocer a estas mujeres, si consiguiéramos que pensase y reflexionase un poco sobre La línea como un elemento más de las muchas burbujas que hay en Guatemala, de lo cerca que están estas realidades de los lugares donde vivimos y se fuera del cine pensando: “A lo mejor esta gente no es tan distinta a mí”, pues esto me interesa más que cualquier polémica.
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