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Guatemala, domingo 24 de septiembre de 2006

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Actualidad: Edición Dominical

El afortunado Marco Sánchez

Marco Antonio Sánchez García es analista del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IDIES) de la Universidad Rafael Landívar (URL). A los 20 años integró uno de los equipos que elaboraron los mapas de pobreza de Guatemala. Hoy tiene 23 y trabaja en la defensa de su tesis de Licenciatura en Economía, pero su experiencia en bases de datos le permite recrear escenarios económicos, es decir, adelantarse a lo que podría suceder, por ejemplo, con la entrada en vigencia de un tratado de libre comercio. En Bélgica, en la Universidad de Amberes, durante un mes, estudió esas nuevas metodologías. Él es parte de la nueva generación de economistas que incide en Guatemala, ya no necesariamente desde la Banca Central.

Mirja Valdés de Arias

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Ampliar imágen EP Foto:  maco
A los 17 años, recién graduado ¿Cómo se veía a los 23?

–En el colegio (Liceo Guatemala) nos hacían un ejercicio: “Si no saben qué estudiar imagínense dentro de cinco o diez años qué les gustaría estar haciendo y qué no”. Quería estudiar Sociología, pero observé que no había mucha oferta laboral, lo consideré un riesgo. En esa época leí notas de personajes que me parecieron interesantes y todos ellos eran economistas. Me di cuenta de que era gente con incidencia. Hace menos de diez años relacionaban a Economía con la Banca Central: el 90 por ciento de sus estudiantes perseguían entrar al Banco de Guatemala (Banguat), pero eso cambió hace unas cinco promociones anteriores a la mía (ingresó en 2001 a la universidad).

¿Cambió el enfoque de los economistas?

– Empezamos a percatarnos que la economía es un mercado muy amplio. Podemos trabajar en el sector financiero, en investigación, en el ámbito empresarial con las funciones de un ingeniero industrial. En otros países, antes de echar a andar un proyecto contratan a un economista para que evalúe si es o no viable. Los pensum de estudios han cambiado. No conozco el de San Carlos, pero el enfoque de las universidades Landívar, Marroquín y Gálvez es cada vez menos hacia la banca central y más hacia el sector financiero, a la evaluación de proyectos o la investigación.

Es una nueva forma de ver Guatemala.

– Creo que sí, el economista está llamado a incidir, a hacer propuestas con sustento y no influido porque estuvo formado bajo la filosofía de Hayek, de Marx, de la economía social de mercado alemán o de cualquier otra, sino con datos que arrojen estudios sobre la realidad nacional. Las propuestas deben considerar que existe una estructura social y una económica.   

A sus 20 años participó en la elaboración de los mapas de pobreza ¿No era un trabajo demasiado serio para alguien con poca experiencia?

– Cuando empezaba el tercer año de Economía nos invitaron a tres estudiantes para unirnos al IDIES como asistentes de investigación. En mi caso no era el primero de la clase, tal vez vieron que soy curioso, que pregunto, discuto y comento.

En ese momento se requería de que alguien fuera a Segeplan (Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia) para representar a la Universidad, y me enviaron. Me parece que ha habido varios equipos, en el que participé éramos cuatro personas: dos de Segeplan, uno del INE (Instituto Nacional de Estadística) y yo por la universidad.

Cualquiera se preguntaría, ¿qué hace un muchacho de 20 años allí?

– (Se ríe) Aquí hay investigadores experimentados, algunos son ex viceministros, sin embargo, consideraron que la capacitación que había recibido me permitiría aportar. Mi primer proyecto en IDIES fue un documento corto acerca de los factores socioeconómicos que condicionan en logro educativo. Allí empecé a entenderme con las estadísticas y las bases de datos.

Y ¿Qué sensación le dejaron los mapas de la pobreza?

– Cuando vimos municipio por municipio, me topé con que hay lugares que no conozco, donde la pobreza es del 97 por ciento. O que en la última década la pobreza no subió, se mantiene en 57 por ciento, pero en términos absolutos hablamos de 1 millón 800 mil nuevos pobres porque la población creció. Claro, uno se asusta. A través de esos mapas se descubrió que un departamento al que hay que potenciar mucho es San Marcos, casi todos sus municipios tienen entre 80 y 90 por ciento de pobreza. Con base a eso se puede diseñar un plan para atender a San Marcos. La información no es el fin, es solo el medio para saber dónde y cómo actuar.

A cada pregunta usted sale al paso con las estadísticas. No da un paso si no las tiene.  

– Lo que siempre nos recalcan en el Instituto es, “si van a emitir alguna opinión, tengan algo que lo sustente”. Es decir, si voy a decir que Guatemala es pobre, debo saber cuántos son, dónde están, qué características sociodemográficas tienen. De lo contrario será la típica discusión sin argumentos de las que abundan. Considero que estoy en la fase de aprender cómo hacer para que toda esa información, en un momento, se transforme en una política pública sensata, clara y viable.

Por ejemplo, el otro día discutíamos la propuesta del adulto mayor con un amigo de mi edad que estudió Economía, en Londres. Todas las discusiones han girado entorno a si es justa o no. Nuestra pregunta era ¿fue técnicamente adecuada? Con la información que teníamos nos percatamos que las fuentes de financiamiento eran insuficientes para entregar la transferencia a todos los adultos mayores en situación de pobreza. La propuesta fue justa, pero no era técnicamente adecuada, su fuente de financiamiento era insuficiente. Es un ejemplo de lo que nos dicen acá, no es de opinar si es justo o no lo es, si es neoliberal o si es marxista, es el analizar la viabilidad y las consecuencias de estas propuestas.

¿Hay alguna forma de que ese tipo de propuestas sean evaluadas antes de presentarse?

– Considero que el INE y Segeplan deberían tener mayor peso político en cada decisión del gobierno. Ahora el mayor peso político lo tienen los fondos sociales e instituciones como la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia o el Ministerio de Agricultura. Segeplan tiene otra forma de priorizar proyectos a través del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIF), que evalúan con criterios entorno a la pobreza, cantidad de habitantes y otros factores, cuáles proyectos son prioritarios y cuáles no. Pero ¿qué sucede?, la propuesta de inversión pública llega al Congreso y se reparten las obras de forma subjetiva. Todo el proceso técnico se pierde.

Siento que hablo con alguien de 40 y no de 23 años.

– (Se ríe) No sé, talvez tenga que ver conque desde joven le despierten todo eso a uno en la casa, en el colegio…

Hábleme de su familia.

– Vivo con mi mamá y mis dos hermanas pequeñas. Mi papá es médico, pero no vivió con nosotros. Mi mamá estuvo exiliada en Honduras un par de años antes de que yo naciera. Ella es sicóloga, trabaja en el Hospital de Salud Mental, ha de estar en los plantones de la huelga de los médicos (se ríe). Eso no cambia.

¿Creció entre esos movimientos?

– No tanto, cuando yo crecí ella se enfocó en nosotros, en trabajar para que pudiéramos estudiar. Cuando tenía 7 años me dijo: “No te puedo dejar mucha herencia económica, pero quiero que estés bien educado”. Tuve la oportunidad de entrar al colegio con una beca, luego ella decidió que no la tuviera más, consideró que otro niño podría necesitarla, aunque entre los 9 y 10 años hubo un momento en que la mitad del presupuesto de mi familia era para pagar mi colegiatura, con la otra mitad vivíamos todos. Su plaza entonces era de terapista ocupacional.

¿Qué pensamiento político se manejó en casa?

– No fue que me dijeran alguno en específico, sino era lo que observaba. Mi familia, tíos y abuelos siguieron carreras sociales: hay monjas, profesores rurales o urbanos de toda la vida, enfermeros… En mi casa fueron muy dados al servicio social. El colegio también influyó en mí.

¿Qué lecciones del colegio le quedaron para siempre?

– Hasta hace 30 ó 40 años los colegios religiosos eran clasistas en el sentido de que allí estudiaban las familias con más dinero. Ahora es distinto, son más plurales. Tuve la oportunidad de convivir con el hijo del dueño de Multiperfiles y con el hijo de uno de los conserjes del colegio, al mismo tiempo con un compañero ciego a quien ayudábamos. El colegio es como una burbuja donde uno se desarrolla, es para uno su realidad, yo observé una muy plural. El Liceo Guatemala lo enfoca a uno hacia el liderazgo, a hacer y servir.

¿Fue abanderado?,

– Estaba en proceso, pero me enamoré, perdí una clase (se ríe). Era buen estudiante aunque no aspiraba a ser el mejor. Me gustaba más participar en actividades del colegio: la revista, la banda…

¿Cómo se divierte el Marco Sánchez de ahora?

– (se ríe) Me junto con mis amigos de toda la vida, salgo con mi novia… Antes participaba en muchas actividades: de la iglesia, en un grupo juvenil, el teatro en algún momento y de repente solo quedó tiempo para estudiar y trabajar. En realidad hago lo que me gusta, no es problema para mí quedarme tarde en el trabajo, aunque me he alejado de muchas personas.

¿Qué le ha dejado su trabajo?

– He aprendido a escuchar y analizar qué tan real es lo que dicen, por ejemplo en los noticieros o en los programas de debates. En muchas ocasiones no importa el ámbito o la ideología, la gente sobredimensiona o subestima los datos. Hablan sin fundamento.

Hace algunos meses usted presentó la matriz de contabilidad social, ¿han logrado que estos ejercicios incidan en las decisiones a nivel nacional?

– En este caso la matriz que tenemos es del área rural, son los ingresos y gastos de estas familias lo que nos permitió elaborar “los efectos del Cafta en los hogares rurales”. En otros países esa es la finalidad de las matrices, simular escenarios previo a firmar un TLC, por ejemplo.

En México, con las matrices resolvieron una paradoja. Con el TLC había más maíz importado, pero la producción local en lugar de disminuir, aumentó. ¿Por qué? Si ahora había más maíz y más barato. Descubrieron que la pérdida de varios empleos provocó que muchos volvieran a sembrar el grano no para venderlo, sino para sustento propio. En el IDIES el plan es terminar una matriz nacional para plantear más escenarios. En Guatemala existe una estructura, no se puede tomar una decisión general o aglutinar a todos los guatemaltecos bajo un mismo perfil porque hay muchos perfiles.

¿Cuántos perfiles se pueden sacar en Guatemala?

– Con la información que se tiene, muchísimos. Por ejemplo, para este ejercicio que hicimos en el área rural, sin una profundidad sociológica en términos de características culturales, identificamos seis grupos de hogares. Solo se relacionó a los que tenían tierra y a los que no. Los no propietarios tienen más años de escolaridad, son casi la burguesía rural, tienden a ser los alcaldes rurales o los maestros de la comunidad, son familias más jóvenes. También están las familias de autoconsumo, las que producen, pero que nunca venden. Un gobierno que quiera crear una política real debe considerar esas diferencias, solo el área rural tiene muchas.

Si tuviera que hacer su perfil estadístico, ¿quién sería usted?

– (Se vuelve a su computadora y empieza a hacer cálculos) Soy parte de ese 0.39 por ciento de guatemaltecos entre los 18 y 24 años que ha concluido una carrera universitaria. Soy uno de cada tres guatemaltecos entre los 18 y 24 años que trabajan en el sector formal y que le pagan por pensar. De cada 100 guatemaltecos, 54 son más jóvenes que yo.

Se está repitiendo que América Latina, en cuenta Guatemala, es la región de la “fracasonomía”, pero al ver gente como usted uno se convence que es mentira que todo está destinado al fracaso. ¿Cómo ve al país en el futuro?

– Hace 60 años, mi abuelita y mis tíos vivían en una aldea de Jalapa, ellos trabajaron desde niños y estudiaron de noche. Hoy estoy contestando sus preguntas, entonces por muy pesimista que me pueda sentir, ¿puedo creer que Guatemala no tiene futuro? Lo importante de un país no es lo que ocurre en el gobierno, en las grandes empresas o lo que se publica en los medios de comunicación. Lo importante de un país es el esfuerzo que realice cada guatemalteco.

¿Cómo se ve dentro de 20 años?

– Creo que nadie tiene la posibilidad de visualizarse dentro de tanto tiempo, pero me gustaría haber salido a estudiar, haber regresado. Me gustaría tener una familia... también estar en la docencia, trabajar en el sector público…

¿De ministro?

– (Ríe) Talvez, hace falta mucho tiempo para pensar en ello. Las instituciones del gobierno donde más me gustaría trabajar son Segeplan y en el INE. El INE es una institución olvidada, que debería estar presente en la discusión pública y en las decisiones. Ese sería como mi sueño. Me gusta la idea de poder proponer, hacer análisis, incidir en algún momento, me gustaría escribir columnas de opinión.

Ahora convierta ese perfil estadístico que hizo hace solo un momento en datos más humanos. ¿Quién es usted?

– En conclusión, soy alguien muy afortunado.
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