laColumna: Mondo sonoroUn catedrático del bajoLo que hace en el escenario con su bajo es sorprendente. Lo acaricia, lo golpea, le da toquecitos, luego sobre el brazo o el cuerpo, martillea sobre las cuerdas, crea armónicos y altera la afinación, en un dos por tres. Su afán es hacer de su instrumento o de su Hyperbass, varios instrumentos, incluso se las arregla para sea percusivo. El artífice de todo esto es Michael Manring, quien se presentó el sábado 23, en el teatro del IGA, ante una sala casi llena. Por: Jorge Sierra
Lo que hace en el escenario con su bajo es sorprendente. Lo acaricia, lo golpea, le da toquecitos, luego sobre el brazo o el cuerpo, martillea sobre las cuerdas, crea armónicos y altera la afinación, en un dos por tres. Su afán es hacer de su instrumento o de su Hyperbass, varios instrumentos, incluso se las arregla para sea percusivo. El artífice de todo esto es Michael Manring, quien se presentó el sábado 23, en el teatro del IGA, ante una sala casi llena.
En el repertorio que Manring ofreció, combinó hard rock, pizcas de jazz con influencias de funk, sin obviar las piezas introspectivas y espirituales a tiempo lento, todo dentro de un fresco sonido. Un sonido que parece recoger de sus andanzas con Montreux, Alex Skolnick (Testament), hasta aterrizar en su trabajo solo. Desde el inicio puso toda la carne en el asador. Comenzó con la composición Monkey business man, dejando claro desde ahí, todo lo que habría de ocurrir y del recurso al que apelaría toda la noche con clímax chispeantes incluidos. Luego continuó con una pieza en tiempo medio, Excuse me, a la que le siguieron, Lean, Adhan y My three moons, y otras reposadas como La sagrada familia y Blues. No olvidó complacer al público adulto al incluir un pequeño popurrí de los Beatles y su No wontons for Elvis (Presley). En el ínterin cambió de bajo tres veces. Como intérprete es un músico que posee una técnica muy desarrollada. Al parecer gusta de romper sus propias reglas, y prefiere no circunscribirse a una sola cosa. Por otro lado, la amplitud de su repertorio permitió ilustrarnos todas las variables del bajo y de sus posibilidades expresivas. Dentro de esa exposición, por ratos sonaba a guitarra. Por supuesto, el instrumento puede que aún no lo tenga del todo desarrollado, de hecho hubo fragmentos un tanto reiterativos y cansones, pero lo que Manring mostró la mayor parte del tiempo fue, a todas luces, temerario. Llegó al punto de tocar los tres bajos al mismo tiempo. Para hacerlo bien, no solo se requiere saber cómo sustraerle registros diferentes sino también cómo llevar ese timing interior con precisión y no perder la idea melódica y armónica de la obra. Pues Manring, luciendo siempre un talante tranquilo y feliz, lo consiguió, dando así por terminada su cátedra. Despedida: mi amiga y estupenda gestora cultural, Rosina Cazali se despide del Centro Cultural de España. Desde aquí gracias por tu contribución a la música de este país, a través del proyecto Sala de emergencia, del cual fui parte. Así que aprovecha la pausa y a disfrutar de la vida. Agregar comentario: |
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