laColumna: EL BOBO DE LA CAJA
El término describe el estado mental de quienes creen que nada funciona y todo lo que se intenta está destinado a fallar. Está vinculado a la (in) capacidad de los gobiernos de lograr cambios estructurales…
…y a la flojera de los ciudadanos a la hora de involucrarse en asuntos de interés público (en vez de esperar que otros los resuelvan), agregaría yo a lo publicado hace unos días en elPeriódico. Y es que mal puede exigirse transparencia en los procesos y eficacia en los resultados si no hay participación ni vigilancia por parte de los que, se supone, somos sus principales concernientes. Meditar, pronunciarse, criticar, encresparse incluso, y blasfemar contra negligentes, huevones, oportunistas, chanchulleros e hipócritas, son derechos que nos asisten a todos los guatemaltecos y no sólo a una minoría de supuestos expertos, ni a un privilegiado clan de columnistas de opinión. Ir más allá de la queja estéril y atreverse a contarle las costillas al funcionario, y a denunciar al burócrata, y a chiflarle al demagogo, y a plantársele al opresor, y a delatar al empresaurio. Pero no. Ahora resulta que eso está mal visto. Actitud positiva, aconsejan psicólogos conductistas y apóstoles del New Age. ¿El éxito? Cuestión de programar la mente. ¿Las dudas? Estorbosas manchas, lavables con agua y jabón. ¿El desasosiego? Una muestra de debilidad. ¿La inadaptación? Un vicio de perdedores. ¿La sedición? Un delito. ¿La desobediencia? Un pecado. Mejor cálmese. Anímese. Fe en Dios y adelante. Convicciones de oropel ideadas para atomizar la disidencia y neutralizar su poder, aunque en realidad nuestro déficit no es de líderes (mucho menos de seguidores), sino de gente común y corriente dispuesta a fajarse y a cooperar entre sí. Un ejemplo: los responsables de haber recuperado Pavón. Agregar comentario: |
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