Opinión:
El vicepresidente Stein aboga desde Cuba por la legalización de las drogas, pero sus declaraciones se desconocen en Guatemala por las otras autoridades y suscitan, dentro de las propias esferas oficiales, recelo y desconfianza y, en el mejor de los casos, silencio…
¿Se habrá tratado, una vez más, de una simple ocurrencia, surgida del “calor tropical” o del mood, del momento? ¿Convenía decirlo en aquella reunión de no alineados? ¿Existe en esto una política de Estado? Y, si es así, ¿En qué consiste? ¿Dejaremos de perseguir a nuestros campesinos que siembren amapola? ¿Se refiere el Vicepresidente a todas las drogas? ¿A qué drogas se refiere? ¿Por qué tipo de legalización aboga Guatemala? ¿Es el Estado de Guatemala el que impulsa la legalización de las drogas? ¿A qué distancia estaba el presidente Evo Morales de Bolivia cuando se produjo la fijación de esta, al menos para nosotros, “novedosa” política sobre esta materia? ¿Quisimos granjearnos su simpatía, acaso? ¿Entendemos la diferencia que existe entre coca y amapola? El planteamiento del vicepresidente Stein podría incluso ser correcto, pero no representa una política de Estado y dicho así, al azar, resulta inconsistente. Es más, puede tomarse como un evidente oportunismo de nuestra parte, lo que lejos de granjearnos la credibilidad que buscamos en la búsqueda de votos para integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, podría tener el efecto contrario. Espero que al pasar estos momentos de calenturas electorales, al menos en materia internacional, pueda retomarse el tema y que se abra entre nosotros sobre este, la discusión que jamás hemos tenido. La verdad de las cosas es que no habría producción de drogas si no hubiese consumo, y que los grandes países consumidores no hacen, dentro de sus propias fronteras, la lucha que debieran de hacer para que este se reduzca ni para combatir el narcotráfico evitando, con eficiencia, la distribución final que se hace de la droga en sus mercados y que resulta ser la parte más rentable del “negocio”. También es verdad que poco es el apoyo que brindan los grandes países consumidores para combatir el narcotráfico en países como el nuestro y que, en todo caso, ese escasísimo apoyo se concentra en lo represivo y policíaco, sin ninguna consideración por la pobreza. Agregar comentario: |
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