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Guatemala, viernes 29 de septiembre de 2006

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Opinión:

Estudiar, estudiar y estudiar

Los niños de hoy en día trabajan tanto como los adultos. Ya no son niños, son adultitos.

Pablo Rodas Martini

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Esta semana tuvimos reuniones con los maestros del colegio donde estudian nuestros niños. Aunque andaba muy atareado, hice el tiempo necesario para acompañar a mi esposa en las dos horas que tocó cada día y que te llevaba a conversar con cada uno de sus profesores en un itinerario que te hacía pasar por casi diez aulas. Haciendo el recorrido y escuchando exponer a los maestros no podía dejar de comparar las clases de hoy en día con las que uno recibió casi 30 años atrás. En mis tiempos en el Liceo Guatemala –donde estudié los 11 años– uno entraba a las siete y pico de la mañana y salía –cuando ya pusieron la jornada única– a eso de la una de la tarde. He ahí la primera diferencia, nuestros hijos terminan clases ya cerca de las 14:30 horas. Puede parecer solo una hora y media más, pero eso es bastante tiempo, máxime si se tienen 11 o 13 años. Por supuesto, no estoy diciendo que deberíamos retornar a la salida de la una; solo tomo nota que los niños de hoy en día están estudiando más tiempo.

Segundo, trato de hacer memoria de las tareas escolares que habré tenido que hacer, y francamente no recuerdo que me hayan dejado mayores tareas. Recuerdo que mi padre pasaba a las 9:00 de la noche apagando las luces, pero si a esa hora estaba haciendo algún deber era porque me había ido a jugar cincos y ya más grande volibol toda la tarde hasta la hora de la cena. No tengo memoria, en lo absoluto, de haberme pasado largas jornadas haciendo tareas. Esta es una diferencia notable pues los niños de hoy en día estudian mucho más en casa de lo que uno jamás lo hizo.

En la secundaria fue igual o peor, incluso en mi caso, pues yo salía del colegio para la Federación de Ajedrez, donde me pasaba jugando ajedrez hasta entrada la noche, o si había campeonato, me iba en la tarde a la casa y después iba a la federación hasta por cinco horas en la noche (casi hasta medianoche). Realmente no sé como ganaba las clases, raspado, pero las ganaba. Confieso que las clases me importaban un comino, lo cual sé que era muy irresponsable (hasta en la universidad me puse aplicado), pero al final del año nunca dejaba ninguna materia.

Tercero, recuerdo que mis padres durante la secundaria –por esa pasión que le tenía al ajedrez– tenían cierta preocupación por mi rendimiento escolar. Mientras mi hermano y mi hermana mayores eran de los mejores en sus clases, yo iba con mis sesentas o setentas (a lo sumo algún ochenta). Pero no recuerdo que hayan estado sobre mí por tareas o muy pendientes del día al día del colegio. He ahí otro cambio con las nuevas generaciones. Ahora estamos sobre nuestros hijos supervisando tareas (¡hasta nos hacen firmar sus agendas diariamente!), preguntándoles si tuvieron alguna nota baja o revisando que no vayan a dejar de entregar las tareas del día siguiente.

¿A todo esto nos ha llevado la modernidad? A mí me parece que este mundo moderno está exagerando la nota con los niños, todo por el afán de acumular capital humano, de prepararse mejor y de ser más competitivos para el futuro. Los niños de hoy en día trabajan tanto como los adultos durante toda la mañana y parte de la tarde, y tan pronto llegan a la casa tienen que seguir trabajando hasta la noche con su rimero de cuadernos y de libros. No son niños, son adultitos.

Me parece justo que se esfuercen mucho cuando están en clases, pero francamente yo tiraría a la basura las tareas para la casa, y solo dejaría lecturas: que cultivaran el hábito de la lectura. De ahí deberían de estar jugando, haciendo lo que se les diera en gana, dejándolos ser niños. ¿No será que por eso que ahora escuchamos de niños que tienen estrés, gastritis y otra serie de enfermedades de adultos? ¿No será que los estamos haciendo envejecer demasiado pronto? Yo soy un lego en estos temas, y lo que digo no es si no en base a puras experiencias propias. Sin embargo, me fascinaría conocer cuál es la opinión de los pedagogos expertos del país. pablorodas@yahoo.com
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