“HBO” transmitió hace pocos días una investigación sobre el fraude electoral de hace seis años.
Jorge Palmieri
No es inusual que un político mienta para engañar a su pueblo, pero hay casos en los que se les pasa la mano. Pero tarde o temprano se les descubre. Como se recordará, la primera vez que el Republicano George W. Bush participó en una elección presidencial fue como contendiente del Demócrata Al Gore, quien por entonces era el vicepresidente en el gobierno de Bill Clinton, y en esa elección hubo una serie de anomalías que a muchos hizo sospechar que se produjo un fraude de enormes proporciones. Pero después de una serie de irregularidades que movían a sospechar que en la Florida, donde el gobernador es hermano del candidato presidencial e hijo del ex presidente George Walker Bush, autor de la anterior guerra contra Hussein para expulsarle de Kuwait, el caso llegó hasta la Corte Suprema, donde los magistrados habían sido nombrados por los Republicanos y dictaminaron que el ganador era Bush. Y como aquí se respeta esas decisiones, el ex gobernador de Texas ocupó la Casa Blanca. Empero, la verdad tarda, pero llega. La estación de televisión HBO transmitió una investigación sobre el fraude que se produjo, preparado con anticipación y costó gran cantidad de dólares a quienes lo financiaron, entre ellos empresas petroleras y las que lucran con las guerras. Según los datos que transmitidos en dicho programa, es indudable que el controvertido Presidente estadounidense es producto de un fraude.
Además, se ha comprobado que fue premeditada la guerra contra Irak después de los ataques terroristas del 11 de septiembre y que carecía de fundamento la presunta complicidad de Hussein con la organización terrorista musulmana Al Qaeda, que dirige el saudita Osama Bin Laden, con cuyas empresas está relacionada la familia Bush. Por otra parte, ha salido a luz que cuando la actual Secretaria del Departamento de Estado, Condoleeza Rice desempeñaba el cargo de directora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, informó al Presidente que Al Qaeda estaba planeando un ataque terrorista y que en los atentados terroristas a Nueva York Sadam Hussein no había tenido ninguna participación y que no habían evidencias de que Irak tuviese armas de destrucción masiva.
En todo caso, cuando las fuerzas estadounidenses y sus aliados se lanzaron contra Irak, Bush prometió reiteradamente que iba a ser una guerra breve que no produciría muchas bajas norteamericanas, mientras que Hussein les prometía que si las tropas invadían su país iban a sufrir la violenta reacción de la resistencia iraquí, lo cual se ha podido comprobar que ha sido así. En efecto, la guerra en sí no causó la muerte a muchos soldados de Estados Unidos y sus aliados, pero la ocupación sí les ha causado muchas bajas y, a juzgar por lo que se dice reiteradamente, habrá de ocasionar muchas más antes de que los soldados estadounidenses se vayan finalmente de ese territorio y dejen que Irak se gobierne a sí mismo.
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