Édgar Gutiérrez hizo alusión el lunes anterior a una columna mía titulada “Cuando vuelva Alfonso”. Según Édgar, esa columna deja la impresión que los gobiernos de derecha son ineptos mas no corruptos. Esa propensión, colige él de mi artículo, se la atribuyo solo a los gobiernos de izquierda.
No es así: Arnoldo Alemán, Carlos Menem, Alberto Fujimori y Carlos Salinas de Gortari, todos mencionados en esa nota, encabezaron gobiernos corruptos de derecha. La corrupción no distingue ideologías, en eso estamos de acuerdo. Que la prensa refleje más la corrupción de unos y no de otros difícilmente pueda explicarse solo en base a la extracción social de los periodistas y de los dueños de los medios.
En Guatemala se dio más cobertura a la corrupción del gobierno de Portillo en comparación con el de Arzú o el de Berger, principalmente porque la evidencia era abrumadora. El de Portillo no solo usó las prácticas de los gobiernos de empresarios (tráficos de influencias, licitaciones viciadas, abusos de poder, clientelismo y otras bellezas) sino que además facilitó el saqueo abierto y descarado del Estado. El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), el Instituto de Previsión Militar (IPM), el Ministerio de Gobernación, el Estado Mayor Presidencial, los presuntos asaltos a carros oficiales que traían dinero del Banco de Guatemala a la Casa de gobierno, ¿me explico? Los niveles de robo de dinero público durante ese período no tienen parangón. Y eso no es lo mismo que darle certificado de garantía a Arzú y a Berger.
Portillo cobró cheques de Comcel vía su Secretario Privado. Cobró cheques a su nombre girados por un gobierno extranjero ya siendo Presidente. Enriqueció a su cuñado al permitirle intermediar en la compra de medicinas para el Estado y se burló de todos con una declaración patrimonial en la cual los objetos más valiosos eran los libros que guardaba en su librera.
Si ya es un error gigantesco creer que a Alfonso Portillo se le etiquetó de corrupto por atreverse a dirigir un gobierno de izquierda, lo es todavía mayor creer que el suyo fue un gobierno de izquierda. Lo único que Portillo hizo fue antagonizar a un grupo del poder económico establecido, léase a la familia Gutiérrez y sus satélites, e impedir su influencia en decisiones del Estado. ¿Es ese un mérito en sí cuando al mismo tiempo que se les cerraba a ellos las puertas de la Casa Presidencial se le abrían al crimen organizado? ¿volvió a florecer o no La Cofradía como gran contrabandista durante su gobierno? El legado real de Portillo consiste en haber hecho entrega de grandes parcelas del Estado a los criminales. ¿Qué hizo para romper con la fórmula de acumulación de capital que ha reproducido por años la pobreza de la mayoría en el campo, grandes concentraciones de tierra más acceso a mano de obra barata? ¿Decretar aumentos al salario mínimo cada fin de año?
Portillo despotricó, pero mantuvo intacto el modelo. Ningún gobierno de la era democrática le ha causado más daño a la credibilidad del Estado ante el ciudadano que el que Portillo le causó al prostituir sus instituciones. Ni siquiera Vinicio Cerezo cuando le regaló la Dirección de Aduanas a Manuel Antonio Callejas. Valiente izquierda.
¿Que la izquierda y la derecha pueden ser ambas corruptas? Ni duda cabe como tampoco cabe duda de que es necesario discutir sobre la cobertura periodística a los gobiernos empresariales. Hablaré de eso la semana entrante. ¿Pero que Portillo sea de izquierda? No, por favor. Enterito enterito, que le quede a la derecha.
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