Cuando lean esta columna estaré en la Ciudad de México.
Jorge Palmieri
Mi hijo Alejandro y yo volamos el sábado a la Ciudad de México donde estaremos hasta el martes. Fuimos invitados a asistir el domingo (ayer) al encuentro clásico de fútbol entre los equipos América y Las Chivas de Guadalajara y estaremos en el palco de la empresa Televisa en el monumental Estadio Azteca. Aprovecharé la oportunidad para presentar personalmente mi respetuoso saludo y felicitación al nuevo presidente de este país, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, y a algunos de sus secretarios o ministros y otros altos funcionarios públicos con quienes tengo la satisfacción de ser amigo personal desde hace varios años.
Mientras tanto, les voy a proporcionar unos datos biográficos del nuevo mandatario de México. Felipe Calderón Hinojosa nació el 18 de agosto de 1962 en Morelia, Michoacán. Es abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho. Estudió una maestría en Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y es egresado de la maestría en Administración Pública por la Universidad de Harvard. Ha tenido una larga e importante militancia política en el Partido Acción Nacional (PAN), donde ha sido Secretario Juvenil, Secretario de Estudios y Secretario General. Fue candidato a gobernador de Michoacán en 1995, donde aumentó en 25 puntos la votación de ese partido. Entre 1996 y 1999 fue Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PAN y logró la Reforma Política que dio paso a la vida democrática a nivel Federal y ganaron las gobernaturas de Nuevo León, Querétaro y Aguascalientes, además de 14 capitales de estado y otros ayuntamientos de importancia. Ha sido representante por mayoría en la Asamblea del D.F. y Diputado Federal en dos ocasiones. Como coordinador parlamentario del PAN logró acuerdos importantes como la aprobación de dos presupuestos federales por unanimidad y la Ley de Transparencia. En el Gobierno Federal, fue Director General de Banobras y Secretario de Energía en el gobierno del presidente Vicente Fox Quesada.
Todos estos datos demuestran que no es un político improvisado, ni un oportunista que ha escalado diferentes posiciones burocráticas con el propósito de enriquecerse a la sombra del poder. A esto me refiero cuando critico que, lamentablemente, la mayoría de los aspirantes a la presidencia en Guatemala son improvisados. No niego que algunos de ellos están muy preparados en diferentes materias, pero carecen por completo de experiencia política. En política es bueno recordar aquello de “zapatero, a tus zapatos”. O como dijo el alcalde Álvaro Arzú cuando era presidente de la República, “cada mico a su columpio”. Este gobierno que preside el abogado Óscar Berger, ha dicho que es “de empresarios”, y ha demostrado que los empresarios pueden ser buenos para hacer pisto, pero no son buenos para gobernar el país.
El doctor Eduardo Suger Cofiño es buena persona que viene de una familia distinguida y acomodada, está casado con una señora a quien conozco desde hace muchos años y tienen una familia respetable. En síntesis, es un caballero y un científico docente especializado en matemáticas y física nuclear, pero no ha tenido una carrera política que podría servirle si algún día llegase a ser Presidente de la República. Lo conozco desde hace mucho y siempre me ha parecido una persona inteligente y agradable, aunque hay quienes dicen que es muy vanidoso.
El doctor Francisco Arredondo es un médico especializado en el servicio de laboratorio y a eso se dedica. Supongo que el montón de dinero que está gastando en su campaña para que lo postule algún partido, campaña que dirige el publicista chileno Néstor Ahumada, proviene de la herencia de sus padres y de sus propios ingresos profesionales. No dudo que pueda ser una buena persona, pero no tiene experiencia política ni podrá adquirirla de la noche a la mañana. Tuve oportunidad de conocerlo personalmente un día que vino a mi casa a almorzar acompañado de Ahumada, pero no me produjo una buena impresión. Además, se ha venido comportando con mucha ingenuidad desde que ha vuelto a tratar de ser postulado candidato presidencial por algún partido político. Es evidente que no sabe de política.
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