Así como algunos partidos políticos comenzaron una campaña proselitista anticipada, los guatemaltecos asistimos a una campaña negra, también adelantada, cuando aún el Tribunal Supremo Electoral no ha convocado a las elecciones generales de septiembre próximo.
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Así como algunos partidos políticos comenzaron una campaña proselitista anticipada, los guatemaltecos asistimos a una campaña negra, también adelantada, cuando aún el Tribunal Supremo Electoral no ha convocado a las elecciones generales de septiembre próximo.
Las maravillas de los medios instantáneos y masivos de comunicación, como la internet, que caracteriza a la cibersociedad de nuestros días, son utilizadas delictivamente por grupos oscuros para realizar una labor de desprestigio de los partidos políticos y sus líderes y conocidas instituciones de la vida nacional, con el objeto de crear incertidumbre y desestabilización en torno al cambio de autoridades estatales que se avecina. Además de constituir graves delitos, condenados por el Código Penal, estas prácticas de la politiquería criolla están contribuyendo negativamente al desprestigio del proceso comicial que está por arrancar.
Mientras se espera la presentación de bases programáticas y planes de trabajo para hacer frente a la crisis nacional, particularmente la falta de seguridad pública y la estrechez económica, los promotores de estas acciones de desinformación y difamación se exhiben de mala manera ante el futuro electorado, por su labor disociadora, cuya finalidad es causar el deterioro de la popularidad del opositor y la falta de credibilidad en las instituciones.
Uno de los fenómenos más significativos en la vida política de Guatemala, durante el pasado reciente, lo constituyó el creciente abstencionismo electoral, atribuido a la decepción cada vez más generalizada de los ciudadanos ante las manipulaciones de sectores políticos bien conocidos.
Desafortunadamente, contamos con un Tribunal Supremo Electoral debilitado por el recorte congresil de los recursos económicos que le son necesarios para regular adecuadamente la consulta popular, por lo cual medios ciudadanos han formulado serias dudas sobre si el TSE podrá constituirse, como en el pasado, en sólido guardián de los diferentes procesos electorales, para garantizar su transparencia y eficacia.
Los líderes políticos deben tomar conciencia que los principales enemigos a vencer en la próxima campaña electoral serán la apatía y el abstencionismo. Si los partidos aspiran a una concurrencia aceptable a las mesas electorales, deben hacer planteamientos programáticos serios ante el electorado. Los grupos políticos de cualquier naturaleza deben resistir la tentación de las campañas negras, la zancadilla y el golpe bajo, que no tendrán otra consecuencia que la abstención y el rechazo de los votantes.
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