laColumna: Lado b
¿Rinden los poetas servicios a la patria? ¿O son –como pretende el señor presidente que seamos todos los guatemaltecos- “pequeños empresarios” que ofrecen sus servicios de solaz y esparcimiento a clientes y consumidores? ¿Para qué sirve la poesía? ¿Para qué sirven los poetas? ¿Tienen alguna función, algún lugar, en medio de esta miseria en la que nos hundimos, en la que nos hunde el poder y su retórica corrupta?
Julio Fausto Aguilera, el último gran poeta cívico que sobrevive en estos lugares, se apaga en un asilo de ancianos a punto de clausurarse. Está solo, está pobre, está enfermo, ya no escribe. Una situación vergonzosa, no para él, por supuesto, sino para el país entero. Para todos aquellos que día a día se llenan la boca pidiéndonos que amemos a Guatemala. Este hombre la amó como pocos. La amó sin enriquecerse a su costa. Le dedicó sus poemas, sus días, su angustía, su confusión, sus desvelos. A cambio solo ha recibido olvido, desprecio, la lástima de los descerebrados. Sus versos, es cierto, jamás han producido riqueza, ni siquiera bienestar económico. Una actividad irremediablemente inútil en los tiempos que corren. Algunos de estos versos, sin embargo, te hacen creer que la palabra “patria” aún tiene algún significado. Te impiden hundirte del todo en el cinismo, en el odio, en el sin sentido. Sólo por eso deberíamos construirle estatuas. Es difícil amar este país, cuando no sos el dueño. Leyendo a Julio Fausto te das cuenta de que, a pesar de todo, podrías llegar a dar la vida por él. ¿Qué hace este país por sus poetas? Antes los condeba a muerte, ahora los condena al olvido. Un avance importante como el de asfaltar carreteras. De todas maneras ¿a quién diablos le importa la patria o la poesía? Que se jodan los poetas, que desaparezcan, que nos dejen tranquilos… Agregar comentario: |
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