Opinión:Fueron la intervención y los rumoresEl Banco si contaba con el suficiente efectivo. Por: Edwin Haroldo Matul Ruano*
Luego de la crisis de falta de efectivo registrada a fines del año pasado, se ha insistido en que la causa principal del problema fue una compra “tardía” de billetes, por falta de previsión de la administración “anterior” del Banco de Guatemala, y que la responsabilidad de dicha situación recae en el Gerente Financiero y en el Gerente General, cargo, este último, en el cual me desempeñé hasta el 22 de octubre del año recién pasado.
Considero que hasta ahora, las declaraciones oficiales han desviado la atención de la opinión pública, buscando demostrar que fue una compra tardía la causante de que no hubiera suficiente cantidad de numerario en las bóvedas del Banco de Guatemala, lo cual derivó en una escasez de efectivo el fin de año pasado; y poco se dice sobre las razones verdaderas que causaron esta situación y que se reflejaron en un incremento de la demanda de dinero que se comenzó a dar a partir de la intervención de Bancafé y se exacerbó con los posteriores eventos relacionados con temores sobre la situación de algunas entidades financieras, algunas de importancia por su tamaño. En la discusión que se ha llevado a cabo en los medios de comunicación sobre las causas del problema, se han omitido dos aspectos importantes que permiten comprobar que el Banco Central sí contaba con existencias suficientes para enfrentar una demanda de efectivo normal de fin de año, incluyendo algún margen de holgura; y que, por lo tanto, esta no pudo haber sido la causa de la crisis. El primero de estos aspectos es que se ha omitido indicar que el déficit de existencias que se estimaba podría ocurrir para finales de 2006 del orden de los Q885 millones (que fue informado a la administración a finales de julio y que ha sido el principal argumento contra las actuaciones administrativas), fue cubierto por Q1,220 millones, que resultaron de una medida administrativa consistente en no destruir el billete que había salido de circulación, mientras llegaban los nuevos billetes. Por lo tanto, tal deficiencia, en la práctica, nunca existió, ya que la misma fue más que cubierta con dicho monto de billetes que se puso nuevamente en disponibilidad. Por lo tanto, este argumento no tiene validez y no es la razón de la crisis. El segundo se refiere a un aspecto de carácter técnico, el cual no se ha explicado objetivamente en ningún análisis sobre las causas de la crisis. Este se refiere a la reducción de la velocidad de circulación del dinero o aumento de la liquidez para precaución, o incremento de la retención de efectivo, como resultado de los temores sobre la situación del sistema financiero. Un quetzal sirve para realizar varias transacciones sucesivas; el problema es que cuando existe incertidumbre, y el efectivo es retenido por la gente, por las empresas o por los bancos, se reduce su circulación, por lo que la percepción de falta del efectivo se multiplica y la demanda por el mismo aumenta. En otras palabras, la cantidad de dinero que circula en ambientes de incertidumbre, es mayor que la que se necesitaría en un ambiente normal. Este es el caso del fin de año, cuando, derivado de la situación del sistema financiero, no sólo creció la demanda de dinero en efectivo, sino que su circulación disminuyó (nadie quiere deshacerse de su efectivo). Esta especie de acaparamiento aumentó el problema. En la información técnica sobre el tema sólo se habla de existencias en las bóvedas del Banco Central como fuente de recursos para la atención de los bancos; sin embargo, no se menciona que el Banco Central, además de sus existencias, también se nutre de los flujos que normalmente se dan entre los bancos y el Banco de Guatemala. Se tiene conocimiento que este flujo de los bancos al Banco de Guatemala, en términos netos, pudo haber sido menor en Q2,000 millones a lo que normalmente se registra en esta época del año. Este menor flujo neto se asocia, precisamente, a una menor circulación del numerario, derivada de la percepción de la situación del sistema financiero, siendo ésta la razón más importante que explica la sequía de las bòvedas del Banco Central y de los bancos. Otro elemento que exacerbó el problema fue que toda esta situación coincidió con el fin de año, cuando la demanda por liquidez aumenta por las fiestas de la época y que hizo que el efecto de la crisis se aumentara. Acá cabría hacerse la pregunta de qué hubiera sucedido si la intervención de Bancafé y los rumores sobre la situación de algunos bancos se hubiera dado en otra época, digamos febrero o marzo. Posiblemente la situación no hubiera existido o no habría sido tan dramática. Con lo anterior se puede concluir que el Banco de Guatemala sí contaba con el suficiente efectivo para atender las necesidades de la economía en una situación en la cual no mediaba la posibilidad de eventos extraordinarios, como los que sucedieron a parir de fines de octubre. Es obvio que ninguna estimación, por sofisticada que sea, puede prever una demanda extraordinaria de numerario, asociada a un shock exógeno, como el que se puede generar luego de la intervención de un banco, con el tamaño que tenía Bancafé, mucho menos prever ataques especulativos a instituciones financieras igualmente grandes. En otras palabras, en un diciembre normal no hubiera habido problema. Considero que estos comentarios pueden ayudar a la opinión pública a contar con mejores elementos que permitan formarse una mejor idea del origen de la crisis de falta de efectivo y a evidenciar que las actuaciones de la administración del Banco de Guatemala no tuvieron que ver con ella, y que dicha crisis es resultado de otras circunstancias. *Gerente General del Banco de Guatemala del 31 de marzo 2000 al 23 de octubre 2006. Agregar comentario: |
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