A los lados de su féretro estaban las banderas de Cuba y de Guatemala.
Jorge Palmieri
El 27 de noviembre del año pasado falleció en la ciudad de Miami, Florida (Estados Unidos) el empresario Domingo Alejandro Moreira Martínez, quien era muy querido amigo mío, el primer promotor de la industria avícola en nuestro país. Por causa de la crisis política que se vivía en Cuba, su país natal, decidió explorar nuevos mercados y vino a Centroamérica a mediados de l956. Inició su búsqueda en Costa Rica y pasó por Nicaragua y Honduras hasta llegar a Guatemala, lugar en el cual, por sus características poblacionales y agrícolas, dispuso desarrollar la industria avícola, que todavía estaba en pañales en la región, porque fue a un supermercado y se dio cuenta de que comer pollo era aquí un lujo reservado para los días de fiesta, por su precio tan alto. Y como en Cuba había tenido éxito en ese negocio, se propuso establecerlo en Guatemala con la idea de bajar los precios. Se estaba viviendo en esos días un período preelectoral y habló de su proyecto con el general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, quien hizo su campaña prometiendo que los guatemaltecos iban a poder poner “un pollo en su puchero”. A mediados de 1957 Moreira regresó para invertir su dinero y trabajar en la creación de esa industria y en 1958 Ydígoras tomó posesión de la Presidencia de la República.
Después de haber vencido muchas dificultades arrancó la producción de pollo en la primera granja en Escuintla, y en la zona 8 de la capital tomó en alquiler un edificio donde instaló sus oficinas, un pequeño molino para concentrados y un rústico rastro. Así principiaron a salir los primeros lotes de pollo, de los cuales se procesaba una cantidad menor que se vendía vivo, pues la gente de los mercados así lo prefería. Al poco tiempo abrió dos restaurantes “Pollo Caporal”, que obtuvieron un gran éxito con su pollo frito al estilo cubano que se hizo famoso.
Pero no es de su éxito como empresario de lo que quiero hablarles hoy, sino de lo que él fue como ser humano, como persona, como entrañable amigo generoso y, sobre todo, del gran amor que llegó a tener por Guatemala, país del cual se hizo ciudadano en 1961 junto a su inseparable amada esposa Elvira Armada de Moreira. Por eso fue que en la capilla donde se veló su cuerpo, a los lados de su féretro estaban los pabellones de Cuba y de Guatemala, sus dos patrias. Aunque ya le presenté por teléfono a Elvira y a su hijo Dominguito mi sentimiento de condolencia, se los reitero por este medio.
Por su característica solidaridad humana y generosidad como amigo, trajo a Guatemala a numerosos compatriotas suyos que habían huido de la dictadura comunista de Fidel Castro, y a todos les dio trabajo en sus empresas. Y si yo me propusiera relatar todas las atenciones que tuvo conmigo y mi familia, y los muchos favores que me hizo, necesitaría de un espacio mucho más grande del que dispongo. Pero al menos quiero dejar constancia del respeto y gran afecto que me mereció. Y desear que descanse en paz de Dios.
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1 comentarios:
Anibal Urizar: (2010-07-15 16:38:22 horas)
Conoci a don Domingo porque durante muchos años trabaje a su lado muy cerca de el, y era una persona muy generosa, y veia a la Empresa y a su trabajadores como parte de su familia y haci lo sentia
1 comentarios: