Quien no le conozca diría que está secretamente enamorado de ella.
Jorge Palmieri
Ya perdí la cuenta de la cantidad de columnas que ha dedicado mi estimado amigo el licenciado Acisclo Valladares Molina, actual colega columnista de elPeriódico, a culpar injustamente, una y otra vez, a la presidenta del Banco de Guatemala a quien acusa de ser responsable de la escasez de efectivo en el sistema bancario, en las cajas automáticas y en el comercio. Han sido muchos los artículos que ha dedicado a culparla y a defender a Lizardo Sosa. En mi opinión, se le ha pasado la mano. Quien no conozca a Acisclo e ignore que es un caballero que desempeñó los cargos de Fiscal General y de Procurador General de la Nación y que años más tarde fue embajador ante el papa Juan Pablo II , siguiendo las huellas de su padre, el licenciado Luis Valladares Aycinena, quien muchos años fue Decano del Cuerpo Diplomático acreditado ante el Vaticano; y quien no sepa que además es un católico practicante y bien portado que no acostumbra consumir bebidas alcohólicas ni fuma ese cáñamo índico que produce risa, por lo cual no se puede sospechar que está secretamente enamorado de la bonita licenciada en Economía María Antonieta del Cid de Bonilla y es por eso que la menciona tanto para llamar su atención. Quienes pudiesen pensar semejante cosa estarían equivocados porque Acisclo es un hombre intachable y está felizmente casado con una joven y bella mujer de la alta sociedad a quien sería incapaz de engañar.
El distinguido abogado afirmó el jueves pasado, en una columna que tituló En la balanza, que “la licenciada De Bonilla, en su calidad de ministra de Finanzas Públicas, formó parte de la Junta Monetaria durante los últimos tres años”. Y agregó: “la responsabilidad del desaguisado ha tratado de atribuirse exclusivamente a los gerentes como que si la Junta Monetaria y su Presidenta, la que lo es también del Banco de Guatemala, no ejercieran la dirección “suprema” –así lo remarca la ley– de la institución y no fuesen responsables sobre (sic) su eficaz y correcto manejo”. Lo cual -¡francamente!- me parece desproporcionado porque sería como culpar al Presidente de la República por todo lo que hacen o dejen de hacer los miembros de su gobierno, por ser la suprema autoridad del país.
Cambiando de tema, aprovecho la oportunidad para felicitar afectuosamente y con el respeto que me merece, a su venerable madre, la señora María Molina de Valladares –la Mariíta para quienes la queremos–, porque el martes 26 de diciembre cumplió nada menos que 97 años de edad y sigue llena de vida, más campante que Johnny Walker, asistiendo a muchos compromisos sociales. La fecha coincidió con la celebración de 50 años del noticiario de televisión Cuestión de Minutos, que fundó mi querido y recordado amigo Guillermo Figueroa de la Vega y del cual mi viejo amigo Luis Domingo Valladares Molina es director general desde hace muchos años, motivos por los cuales ofrecieron un doble brindis en su casona colonial situada en el Centro Histórico, donde tan distinguida familia ha atendido espléndidamente a numerosas personalidades.
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