Cuando la opinión pública de Guatemala aún no se sobreponía de los efectos económicos negativos que dejó la escasez de billetes de banco ocurrida durante el fin de año, ahora tiene que hacer frente a la sorpresiva suspensión de operaciones del Banco de Comercio.
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Cuando la opinión pública de Guatemala aún no se sobreponía de los efectos económicos negativos que dejó la escasez de billetes de banco ocurrida durante el fin de año, ahora tiene que hacer frente a la sorpresiva suspensión de operaciones del Banco de Comercio.
En menos de tres meses, el sistema financiero del país se ha convertido en una fuente de sorpresas, como si de nuevo Pandora hubiese abierto la caja de Zeus y liberado los males que guardaba. El 19 de octubre, la Junta Monetaria anunció la suspensión definitiva del Banco del Café, que operaba la entidad off shore Bancafé International Bank, argumentándose que incurrió en faltas a la Ley de Bancos y Grupos Financieros. La Superintendencia de Bancos hizo hincapié en que la crisis financiera se encontraba focalizada únicamente en Bancafé. Dicho proceso arrastró varias financieras, que funcionaban en el sistema off shore.
Días más tarde se produjo una persistente campaña de terrorismo informático destinado a minar el prestigio de que goza el Banco G&T Continental, que mereció el rechazo público, pero contribuyó a difundir la incertidumbre financiera prevaleciente en los últimos meses. Y, para poner la guinda al pastel, como un indeseado regalo de fin de año, la imprevisión del Banco de Guatemala dio lugar a una insólita escasez de papel moneda que se mantuvo en los cajeros automáticos durante las fiestas de diciembre, dando pie a que entre los usuarios se propalara la amarga versión de que no había dinero, provocando serios inconvenientes a los compradores y considerables pérdidas a los comerciantes.
Desafortunadamente, ayer se volvieron a ver en las calles capitalinas las dramáticas escenas de largas colas de guatemaltecos angustiados ante las cerradas ventanillas bancarias, mientras trascendía la noticia del cierre del Banco de Comercio, a solicitud de sus propios accionistas y administradores, según lo informó la Junta Monetaria, declarada en sesión urgente para decidir el procedimiento que garantizará la devolución de los depósitos, ahorros e inversiones del público. Aunque es innegable la solidez de las principales instituciones bancarias de Guatemala, las anomalías surgidas este trimestre han creado un ambiente de desconfianza y preocupación en algunos sectores del país. Sigue a prueba, pues, la eficacia actual de la banca central, que encabeza la Junta Monetaria, ente que debe velar por la liquidez y la solvencia del sistema, asegurando la estabilidad y el fortalecimiento del ahorro nacional.
Los vitales recursos económicos de los guatemaltecos, obtenidos con tanto esfuerzo, no pueden estar sujetos al vaivén de las sorpresas. El sistema financiero del país, que reiteradamente ha demostrado su solvencia, no debe seguir siendo afectado, en su credibilidad, por irregularidades. La confianza pública, se ha dicho, es como las perlas de un collar: perdida la primera, se pierden las demás…
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