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Guatemala, domingo 28 de enero de 2007

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Actualidad: Edición Dominical

La leyenda en silencio de don Manuel

La historia reciente de Manuel Castillo Medrano se desarrolla en tres escenarios: el Congreso, en el que mantiene un perfil bajo; Jutiapa, su departamento, en donde hace ostentación de su riqueza; y las oficinas de la PNC, que lo investigan a ratos.

Redacción

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El miércoles 17 por la tarde, tras permanecer en el Congreso, el diputado Manuel Castillo manejaba de vuelta a Jutiapa cuando sonó su celular: “Buenas tardes, diputado”. “Hola, ¿quién habla?”. “Le saludamos de elPeriódico, diputado”. “Aló… tuu tuu”. No era la primera vez que se trataba de conseguir una entrevista con él ni sería la última. En total fueron cinco veces las que Castillo burló a elPeriódico o declinó la propuesta.

Se le dejaron mensajes en su buzón telefónico y con su secretaria, se visitó Jutiapa, se pidió a los ujieres en el Congreso que lo llamaran, se le abordó dos veces.

Salía del hemiciclo cuando notó que le hablaban. “Diputado, de elPeriódico”. “Un segundito, que voy al baño y ahora les atiendo”. Iba a enfilar el pasillo cuando volteó la cabeza y exigió: “Me esperan ahí…”.

Nunca más volvió.

Lo demás es silencio.

Pero el suyo no es el único. Nadie tampoco habla de él a su alrededor. A menos que sea con el respaldo del anonimato. Durante dos semanas, 12 personas concedieron entrevistas para hablar sobre el diputado, pero con el requisito de que no apareciera su nombre ni ningún rasgo identificativo. Entre ellas se cuentan políticos, investigadores policiales y vecinos de Jutiapa.

Otras cuatro fuentes lo hicieron a pecho descubierto. Pero incómodos y sin contar nada comprometedor. Se habló con su madre, quien solo dijo que a Castillo, de pequeño, le gustaban el ganado y los camiones. Luego, colgó.

El hombre envuelto de silencio, Manuel Castillo, anunció que tras la legislatura abandonaría la representación de Jutiapa en el Congreso de la República. Lo que nunca dijo es que, a sus 30 años, aspiraría a la Alcaldía de la cabecera.

Según cronistas parlamentarios de distintos medios, la actitud huidiza de Manuel Castillo se remonta al que tal vez haya sido el período más crítico de su vida. Diciembre de 2005. En ese momento estuvo sometido a juicio público y vivió la extraña muerte de su esposa en el hospital. Las acusaciones de pertenecer a redes de robo de vehículos, tráfico de armas y narcotráfico se sucedieron y anticiparon a otra aún más grave: la de haber ordenado el asesinato de tres políticos. El 17 de marzo de 2006, la Embajada de Estados Unidos le retiró la visa. Él decidió abandonar la política nacional y lo negó todo. “Lo único que falta es que digan que yo volé las Torres Gemelas en Nueva York”, reclamó.

Las pesquisas en torno a Castillo habían comenzado un año antes, pero fue la captura de 11 supuestos sicarios a principios de aquel diciembre lo que permitió que Erwin Sperisen, el rubicundo director de la Policía Nacional Civil (PNC), atara cabos. Uno de los detenidos era Adalberto Rodríguez Quiñónez, hermano de un asesor de Castillo. Y en teoría, eso lo vinculaba decisivamente. Además, mencionó Sperisen, después de que las imágenes de los sicarios salieran en los medios, la PNC recibió llamadas de personas que reconocieron a dos de ellos como guardaespaldas del diputado.

Hoy, un ex funcionario de Gobernación asegura que la actividad del diputado en torno a la frontera fue frenética. Creen que su negocio comenzó con el robo y traslado de vehículos, que pronto le granjeó buenos contactos a ambos lados del confín e incluso protección policial. Extender su red de amigos y comenzar a transportar sustancias menos pesadas fue un paso lógico, rápido y enriquecedor. Según este ex funcionario, Castillo mueve entre US$5 millones y US$6 millones mensuales. Pero esta persona considera también que Castillo no tuvo nada que ver con los asesinatos de políticos.

Todas estas acusaciones, aunque nunca se probaron ni se cursó denuncia, dieron lugar a la expulsión de Castillo de la bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Un diputado del partido revela cómo ocurrió. “En política hay campañas negras, con delaciones infundadas. Por eso le pedimos que aclarara sus problemas y luego nos sentaríamos a hablar. Pero es inmaduro, prepotente y agresivo. No aceptó la propuesta y se fue”.

Se fue, sí. Pero exigió que le devolvieran los más de Q500 mil que supuestamente había aportado al partido. Y regresó a la bancada independiente. Ya había estado en ella, tras su paso por el Partido de Avanzada Nacional (PAN). Pero su paso fue inmediato y nadie lo echó demasiado de menos. En los 17 meses que estuvo en la UNE propuso cuatro iniciativas de ley: el 1 de septiembre de 2004, planteó expropiar una finca en Jutiapa para convertirla en un complejo deportivo.

Un año después, el 9 de agosto de 2005, con tres iniciativas, fue su gran día. Pidió que se declarara patrimonio cultural el cuartel de la cabecera y que los maestros ganaran Q200 más al año. También que los funcionarios que no se presentaran al Congreso al ser requeridos, incurrieran en responsabilidad penal.

Paradójicamente, este período fue de un ritmo febril en comparación con lo que hubo antes (nada) y con lo que vino después: el 9 de noviembre de 2006 propuso incrementar en un 50 por ciento las pensiones de los funcionarios jubilados. Y también presentó la iniciativa por la que el resto de los diputados siempre lo recordarán: la que pide reconocimiento para la labor de las comadronas.

Juan Francisco García, del Instituto de Ciencias Políticas, comprobó cómo las duras acusaciones vertidas contra el diputado quedaron poco a poco en un rumor de fondo, rebotando en las páginas de los periódicos, sin cobrar sustancia legal. Como un globo vacío. Por eso, el analista opina que no se debe culpar a Castillo por no haber tenido un papel eminente en el Congreso. “El sistema de justicia, que hace señalamientos y no logra concretarlos, es también muy responsable. De ese modo debilita al legislador y a su partido. A Castillo lo expulsaron y, sin bancada que lo apoye, su labor se dificultó profundamente”.

Pasitos en política

Manuel de Jesús Castillo Medrano era un muchacho oriundo de San José Acatempa, Jutiapa, cuando llegó a la diputación. Como si fuera el regalo de un padre poderoso, Manuel, Manolito recibió la curul el día en que cumplía 27 años. La escisión y el vacío que causó la salida de Óscar Berger en el PAN propició su llegada a ese partido y al Congreso.

Sin embargo, añaden algunos, difícilmente lo habría logrado sin el apoyo de su hermano mayor, Enrique, alcalde de San José Acatempa y un tipo con gran ascendiente político sobre el departamento de Jutiapa. Un hombre, lo describen, poderoso, inteligente, tranquilo y cuyo séquito infunde temor. “Yo solo he sentido miedo dos veces”, asegura un diputado: “Una fue frente a los guardaespaldas de Quique”.

Para entonces, Manuel era un muchacho curtido, sugieren algunos. No solo había cruzado docenas de veces la frontera con El Salvador de forma clandestina, sino que había vivido como ilegal en EE.UU.

En el PAN, no obstante, duró menos de dos semanas.

En los meses que estuvo en esa especie de aguas internacionales, fuera de la jurisdicción de cualquier partido, dicen los congresistas que lo vieron sentarse a menudo con la bancada de la Gana. Sin embargo, aseguran, no tuvo acceso al espacio que él buscaba ahí adentro. Jaime Martínez Loayza, también diputado de Jutiapa, ya era jefe de bancada del grupo del presidente Berger. Es un misterio si Manuel no vio posible desplazarlo o prefirió abandonar su aspiración, para no alterar el respeto territorial que parecen mantener su hermano Enrique y Martínez Loayza. Y por eso abogó por aproximarse a la UNE, que antes de aceptarlo pidió opinión a los panistas.

Al parecer, sus respuestas no fueron elogios.

Un político dijo que hablaron de prepotencia, de inmadurez, de un carácter conflictivo, voluble, encendido y de un bromista bufo con facilidad para apodar e imitar a todo el mundo, incluso el canto del gallo, recuerda otro diputado. Ese carácter altivo no tardó en reproducirse en el seno del partido, se asegura. “Traéme un lustrador ya o te echo”, dicen que decía, y el ujier del Congreso volaba para satisfacer sus exigencias.

Castillo es alguien que difícilmente aceptaría una orden o una broma. Estaba en plena actuación mímica y burlesca durante una sesión de bancada de la UNE, cuando Lester Reina, bromeando también, se refirió a él con el apelativo de Chucky, el muñeco diabólico de las películas. Manuel salió corriendo tras Reina con la pistola en lo alto.

Según la versión de un diputado, la cúpula de la UNE siempre se preguntó si él filtraba información relevante y la mayoría lo consideran persona non grata. “Se le saluda como al tirano, pero es un profundo solitario”.

Roberto Kestler, jefe de bancada, no está totalmente de acuerdo. Él recuerda ocasiones en que Castillo le traía recuerdos de sus viajes. Además, afirma, es gracioso: “Se le presiente buen futuro. Es comunicativo, sólido en su cabildeo e hiperactivo. Puede ser violento a veces. Pero todos tenemos defectos, ¿no?”.

“Es un buen muchacho. Jovial, canche, tal vez ha cometido algún error, es joven…”, señala Arnoldo Medrano, sempiterno alcalde de Chinautla y familiar lejano de Manuel.

“Yo apenas lo conozco”, indica el presidente del Congreso, Rubén Darío Morales, “pero intuyo que el extracto de Manolo es el mismo de todos los diputados de Jutiapa. Así es su cultura. Gente armada. Y ellos lo ven como normal. No hay que culparlos”.

¿Benefactor o cacique?

Pero, ¿qué es lo que ven en Manolo en “aquel lugar”? Por lo pronto, el prestigio de un diputado, la voluntad de un benefactor, una ostentación económica más propia de empresarios de otro tiempo y alguien contra quien conviene no hablar mal.

Todo el mundo en Jutiapa sabe que Manuel Castillo tiene al menos dos negocios que complementan su sueldo de legislador (Q29 mil 150): una venta de vehículos y una compañía de bienes raíces. De la primera, algunos aseguran que es ruinosa. “Siempre tiene ahí los tres mismos carros”, aseguran algunos adversarios políticos. Con su otra empresa poco a poco se ha ido expandiendo y adueñándose de la población. El año pasado, cuentan, solicitando el anonimato, pagó en efectivo un edificio de Q3.5 millones. La sede del comité cívico por el que se presenta a la Alcaldía, El Castillo, es un edificio de tres niveles situado junto al estadio. En las radios locales, la publicidad de sus empresas o su comité suena con monotonía cada poco tiempo. Las paredes de la ciudad están plagadas de sus emblemas y sus colores. Las principales rutas, recorridas por vehículos que promocionan su nombre.

Este despliegue de medios alimenta la confianza de unos en que don Manuel puede traer el cambio a Jutiapa. A otros, sin embargo, les hace preguntarse de dónde sale tanto dinero, a dónde conducen sus maneras populistas, por qué llevar camiones cargados de regalos para 10 mil personas al centro de Jutiapa.

Todo el mundo recuerda haberlo visto descender de su helicóptero en los predios tranquilos o frente a la cancha de fútbol y subirse, envuelto en un enjambre de guardaespaldas, en uno de los dos vehículos Hummer que dicen que ha tenido. Recuerdan también sus demostraciones por Navidad o por la feria, para la que preparó jaripeos gratuitos y ofreció viajes en helicóptero. O cómo regaló dos ambulancias a sendas comunidades, y liberó parcialmente de trabajo a los desamparados Bomberos Voluntarios.

Todos lo saben. Pero solo algunos se preguntan ¿por qué quiere una alcaldía, si es diputado, para qué descender, de qué le sirve gastar tanto si es imposible que un puesto así se lo retribuya?.

Un ex funcionario de Gobernación responde que hay dos razones. La primera, evitar la mirada del ojo público, quitarse la prensa de encima... Y la segunda, adueñarse definitivamente del departamento y con él, de su Policía.
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1 comentarios:

  1. Jose Ruano: (2008-02-13 08:17:55 horas)
    Este reportaje es la verdad minimizada del problema con Castillito, he escuchado que en todo lugar donde va incluyendo Canoas, Jutiapa regalaba de todo hasta jaripeos sin ningun costo. Vivo en estados Unidos y me pregunto la gente esta ciega o se hace? porque indudablemente quien quiere un politico que te este comprando con "regalitos" y al final de cuentas le haga mas dano al departamento que todas sus buenas obras. Si bien espero que captures a ese hijo del mal proque asi es como nuestro pais se estancara y ala gente que sigue estos malechores por favor que un dinerito no les engane bamos maduren.
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