Exijamos que aquellos que manejan la cosa pública sean individuos excepcionales.
José Carlos Zamora
Una sociedad democrática necesita la existencia de una pluralidad de sectores y que estos participen en el desarrollo político, económico, social y cultural del país. Esto no significa que todas las partes deben compartir la misma opinión, sino que la diversidad de puntos de vista deben ser tomados en cuenta, escuchados y discutidos a través de un diálogo que permita perseguir el bien común y el interés público.
La pluralidad, el diálogo, el foro abierto para discutir y debatir ideas, planes, políticas y estrategias harán que nuestro pueblo avance. Todos debemos participar e involucrarnos en el desarrollo de nuestro país. Es nuestra responsabilidad y nuestra obligación. Hoy nos encontramos frente a un sistema corrupto, al que urge combatir.
Partidos políticos que no velan por el bien común, sino por la partidocracia clientelar y rentista. Gobernantes que llegan al poder para beneficiarse a sí mismos y a sus amistades. Candidatos que se lanzan con las mismas pretensiones. Poderes paralelos, unos conformados por círculos de poder que encantan a nuestros gobernantes diciéndoles que son perfectos y que todo lo hacen bien para hacer negocios y obtener ventajas o revanchas políticas; y otros conformados por el crimen organizado que se encarga de saquear y aterrorizar a la sociedad. Por otro lado, empresarios que en lugar de buscar la eficiencia y calidad de sus productos y servicios para competir en un mercado abierto, buscan la protección del Estado. Instituciones financieras fraudulentas y otras que se hacen competencia desleal. Entidades fiscalizadoras incapaces de cumplir sus funciones. Sindicalistas que, aprovechando su imagen de defensores del pueblo, estafan a los más necesitados dejándolos sin tierras y sin un centavo. Y lo peor, una sociedad civil dormida, pasmada, que no reacciona frente a esta realidad y que si mira a corruptos como Espina o Reyes López los saluda y hasta compra en sus establecimientos. En algunas ocasiones por miedo, otras por indiferencia y otras porque aún no ha sido afectada de cerca por la corrupción del sistema, la cual más temprano que tarde le tocará la puerta.
Por supuesto que existen honrosas excepciones, pero hay que reconocer que en nuestro país la excepción no es la norma. Es por esto que urge una transformación que convierta a esas excepciones en la regla. Ya no toleremos este sistema corrupto, promovamos cambios radicales, depuremos el sistema participando, opinando y denunciando.
La capacidad la tenemos y lo que nos falta es voluntad y tenacidad. Es hora de salir de ese hipnotismo letárgico. Es hora de involucrarnos en el acontecer nacional, de participar, de desarrollar, implementar y exigir cambios. Sobran ejemplos de gente capaz en Guatemala para hacer cosas buenas y cambiar el sistema establecido. Hagamos una revolución a través de la participación activa, impulsemos cambios profundos en las políticas de nuestro Estado, en los entes fiscalizadores, en las fuerzas de seguridad, en el sistema judicial para perseguir penalmente a todos aquellos que lo ha quebrantado sin importar el sector al que pertenezcan y así instaurar un verdadero y eficaz Estado de Derecho, donde todos estemos sujetos a la ley por igual. Un sistema dentro del cual todos los guatemaltecos logremos salir adelante según nuestros méritos y le demos fin a esa noción de que los guatemaltecos somos como una cubeta de cangrejos. Elijamos y exijamos que aquellos que manejan la cosa pública sean individuos excepcionales o al menos profesionales y honestos. Participemos solidariamente, pongámonos las pilas y saquemos nuestro país a flote antes de tocar fondo.
0 comentarios: