“Política sin moral es aventura”. Juan José Arévalo.
Silvia Tejeda
Se hace más difícil la vida, cada día, en nuestra querida Guatemala. Los millones que tenemos el valor de quedarnos porque la amamos, trabajamos y mantenemos todavía el espíritu en alto, nos sentimos anulados como ciudadanos e indefensos como personas. El esfuerzo de las autoridades por bajar los índices de la criminalidad, lo anegan y rebasan la territorialidad de las maras, el poder indiscutible de las mafias y la osadía de los magos de las finanzas.
El crecimiento de las maras no es fortuito. Casi cuatro millones de guatemaltecos están entre la edad de 15 a 30 años. De cada cien jóvenes entre 16 y 18 años solamente 18 cursan el ciclo diversificado y a la universidad escasamente asiste el 5 por ciento. En 21 años, nuestro sistema democrático no ha tenido la voluntad política para cambiar los índices de marginamiento en la educación, ni en la rifa de las oportunidades al desarrollo. El mayor gasto se va en funcionamiento y las obras van a paso lento. Al contrario, el proceso de aculturación, tan aberrante e invasivo, ha encontrado en los grupos marginales y marginados a sus auténticos imitadores y, desde que en la década de los sesenta, a algunos políticos se les ocurrió infiltrarlos, como grupos bochincheros y desestabilizadores, proyectaron su papel al servicio de oscuras fuerzas que ahora los utilizan como sicarios de sangre fría que después de hacer un servicio se divierten violando jovencitas y matándolas.
Las mismas autoridades gubernamentales son las que nos dan a conocer acerca del funcionamiento de todos los grupos de delincuentes que actúan con la más sólida impunidad sin que a la mayoría “el peso de la ley” los alcance. De cuerpos perseguidores actúan como denunciantes y nos cuentan cómo se organizan y trabajan: las mafias que roban carros, las mafias que roban niños, las mafias de los coyotes que extorsionan a los emigrantes, las mafias de los robafurgones, las mafias del contrabando, las mafias del narcotráfico, las mafias de las adopciones, las mafias lavadólares, las mafias policíacas, las mafias que manejan los burdeles, las mafias que venden droga en la Zona Viva, las mafias que roban terrenos, las mafias que roban casas, las mafias que nacionalizan extranjeros, las mafias que venden licencias de conducir, las mafias del transporte, las mafias de contratistas y ahora, las mafias bancarias. Mafia se denomina a cualquier organización clandestina que funciona, comprando voluntades y sin acatar la ley de cualquier lugar. El Congreso de la República tampoco ha mostrado voluntad política para reformar leyes que dejan espacio para la impunidad.
De la nueva élite de delincuentes que se presentan como dirigentes bancarios se escriben hoy muchas páginas. Son los magos que por prestidigitación le robaron millones a inversionistas honrados y a capitalistas lavadólares. La mayoría ya desapareció del brazo de la justicia. Nuestra democracia está siendo menoscabada.
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2 comentarios:
Haroldo Ruano: (2007-02-08 14:43:26 horas)
La mayor riqueza de un paìs es su gente en general, no los jòvenes en particular, no sean discriminatorios.
Roberto Ximenej: (2007-02-08 10:46:16 horas)
Es también de anotar que nutra mayor riqueza como país es nuestra juventud, y como dolares mal habido la despilfarramos y las consecuencias van a ser irrebersibles.
2 comentarios: