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Guatemala, lunes 12 de febrero de 2007

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Opinión:

Los buenos, los malos y los “amish“ frente a frente

Cuando los verdes vivan como los amish comenzaré a respetarlos.

Carlos Alberto Montaner*

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
El tema del calentamiento global refleja una modalidad del combate que colectivistas e individualistas sostienen hace casi dos siglos. Los primeros −que velan por los intereses de la colectividad− suponen que debido a las actividades industriales y la combustión de residuos fósiles, la temperatura del planeta subirá varios grados y traerá deshielo en los polos, inundaciones en las costas, desaparición de especies y aumento de la desertización de grandes zonas del planeta.

Los individualistas, por su parte, afirman que las predicciones climatológicas están más cerca de la brujería que de la Ciencia. Hace poco, por ejemplo, Álvaro Vargas Llosa recordaba que hace tres décadas el terror prevaleciente era el inevitable inicio de una era de frío glacial.

Tras el debate escasamente científico existe una batalla ideológica y moral: quienes defienden a la sociedad en abstracto y quienes centran su discurso en proteger a los seres humanos de carne y hueso.

Por eso en las filas del colectivismo ambientalista, las de los verdes, se citan los socialistas, los comunistas sobrevivientes del derrumbe del Muro de Berlín y toda la familia de los progres, mientras en el bando de los individualistas, comparecen los liberales (en el sentido europeo y latinoamericano de la palabra), mucho más interesados en los derechos de las personas de aquí y de ahora que en el impredecible destino de las generaciones futuras.

Naturalmente, los colectivistas se sienten gloriosos y felices luchando, supuestamente, por la supervivencia de la especie, mientras sus adversarios son expuestos como una pandilla de egoístas que sólo procuran su propio beneficio sin importarles el daño causado a los demás mortales, cuya cabeza más notable y repugnante es George W. Bush, que no quiere firmar el Tratado de Kioto. Los colectivistas creen ser mayoría: ¿a quién no le gusta colocarse en el bando de los heroicos y sacrificados buenos?

Sólo que este enfoque les plantea un problema moral tremendo: si representan a la mayoría y además están guiados por una fuerte pulsión ética, ¿por qué no dan el ejemplo y renuncian a sus automóviles y se desplazan sólo en transporte público para ahorrar gasolina? ¿Por qué no reducen drásticamente el consumo de agua, lavan sus ropas con menor frecuencia, rechazan los alimentos transgénicos, cesan de comprar aparatos innecesarios, denuncian los paraísos turísticos que destrozan las playas y litorales, sustituyen la electricidad convencional de sus casas por energía eólica, no compran libros ni diarios, con lo que salvarían a millones de árboles? ¿Por qué no se deshacen de sus mascotas, cuyas deyecciones, a la intemperie, liberan mucho del gas metano que contribuye al calentamiento atmosférico? O sea: ¿Por qué no viven como colectivistas-ambientalistas en lugar de limitarse a pronunciar el discurso retórico?

Uno espera coherencia moral de quienes esgrimen argumentos morales. Si esa mayoría de progres colectivistas viviera voluntariamente como desea que toda la sociedad viva obligatoriamente, se podría comprobar en muy poco tiempo si sus teorías son ciertas, mientras adquirirían una incontestable legitimidad para establecer sus demandas.

A mí, por ejemplo, me encantan los amish que recorren en carreta los caminos de Pennsylvania y reproducen el mundo rural del siglo XVIII. Por las razones que sean (casi todas religiosas) los amish odian el progreso y el consumo. Cuando la vasta familia de los verdes viva como los amish comenzaré a respetarlos. A lo mejor, hasta voto por ellos.  

*www.firmaspress.com
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5 comentarios:

  1. Eudel Cepero: (2007-03-23 16:24:13 horas)
    Calentamiento moral Eudel Cepero Hace varias semanas y en estas mismas páginas el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner en un artículo referido a los cambios climáticos señaló: “Tras el debate escasamente científico, pues se basa en conjeturas inteligentes o en dudosas probabilidades estadísticas y no en relaciones comprobadas de causa y efecto, lo que existe es otra deriva de la batalla ideológica y moral entre la izquierda y la derecha.” Sin embargo, analizando el tema desde sus inicios vemos que la primera referencia sobre cambio climático global se remonta al año 1896 cuando el científico suizo, y premio Nóbel de Química 1903, Svante Arrhenius publicó un ensayo en el cual afirmaba que la quema de combustibles fósiles podría eventualmente incremental la temperatura de la atmósfera terrestre. Varias décadas más tarde, en 1957, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estableció el Año Geofísico Internacional para dar un impulso al desarrollo de las investigaciones climáticas logrando que participaran unos 80 000 científicos de 67 países. Entre estos se encontraba el doctor en química norteamericano Charles David Keeling el cual utilizó los fondos que le fueron asignados para colectar muestras de dióxido de carbono atmosférico. En 1961 Keeling produjo la primera serie de datos que indicaban la existencia de un incremento sostenido de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre. En 1963 la prestigiosa Fundación Nacional de las Ciencias de los Estados Unidos se basó en los resultados investigativos del Dr. Keeling para alertar sobre un potencial efecto de invernadero global debido al incremento de dióxido de carbono atmosférico. Entre los años 60, 70 y 80 del pasado siglo la discusión sobre el calentamiento terrestre fue tema obligado en los foros científicos climatológicos y ambientales internacionales e igualmente comenzó a ser del interés de la presa así como de las agendas políticas. En 1988 la OMM y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) crearon el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) con la misión de evaluar en términos exhaustivos, objetivos, abiertos y transparentes la mejor información científica, técnica y socioeconómica disponible sobre el cambio climático en todo el mundo. El IPCC tiene tres grupos de trabajo a saber; el Grupo I que evalúa los cambios climáticos, el Grupo II que estudia la vulnerabilidad de los sistemas socioeconómicos frente a los cambios y el Grupo III que considera las opciones para mitigar o atenuar el efecto de invernadero. El IPCC produce informes que son elaborados por centenares de expertos, científicos y especialistas que trabajan en universidades, centros de investigación y empresas de más de 100 países, y como es de imaginar incluye a personas de variados credos políticos y religiosos. Los informes son rigurosamente evaluados y revisados en un proceso de dos etapas que incluye primero a expertos y especialistas con reconocida autoridad en la materia y segundo a los gobiernos, autores, examinadores y expertos. Finalmente, los proyectos de texto del informe son presentados en una sesión plenaria para su aprobación. El pasado dos de febrero el Grupo I del IPCC hizo público el resumen de su cuarto informe para los responsables de políticas cuyo borrador fue elaborado por unos cincuenta científicos provenientes varias decenas de países encabezados por los doctores en ciencias Qin Dahe, actual director de la Oficina Meteorológica de China, y Susan Solomon, reconocida por el gobierno norteamericano con el prestigioso 2003 Presidential Rank Awards for Distinguished Senior Professionals. Nótese que estos científicos son ciudadanos de China y Estados Unidos respectivamente, dos de los grandes emisores de gases de efecto de invernadero que no participan del Protocolo de Kyoto. En este resumen, entre otras cosas, se dice que las concentraciones globales de dióxido de carbono, metano y acido nítrico se han incrementado marcadamente como resultado de las actividades humanas desde 1750, que existe un calentamiento inequívoco del clima planetario y que es muy probable, 90 por ciento, que ello se deba a la acción humana y no a causas naturales. En el documento además se pronostica que la temperatura global puede incrementarse entre un 1.1°C y 4.0°C mientras que el nivel del mar podría subir entre 18 y 59 centímetros durante el presente siglo. Después de más de un siglo de debate científico, en el cual ha participado lo mejor del pensamiento climatológico mundial, de décadas de complejas observaciones meteorológicas, evaluaciones paleo-climáticas, modelaciones matemáticas asistidas por potentes ordenadores, foto interpretación de miles de imágenes satelitales y comprobadas relaciones de causa y efecto la discusión sobre los cambios climáticos se centra en decidir si actuamos ahora o esperamos a tener la certeza del 100 por ciento. Y esa disyuntiva es enteramente moral porque la mayoría de los que hoy estamos vivos no ponemos en riesgo nuestro bienestar ya que seremos otro tipo de materia cuando los cambios que se vaticinan sean probablemente una pesadilla real para nuestros hijos, nietos y sus descendientes. Es decir, si estamos ante una clara batalla pero más que ideológica, entre izquierda y derecha, es una batalla ética entre el egoísmo del presente y la incertidumbre del futuro. Eudel Cepero, BS, MS Investigador Analista Centro de Investigaciones Aplicadas Universidad Internacional de La Florida
  2. JUAN PINTO: (2007-02-12 11:37:55 horas)
    Yo propongo un BOICOT a Carlos Montaner...No compren sus libros ni los DIARIOS que publiquen sus babosadas.. Es irresponsable no proponer el cambio a tecnologias de bajo impacto ni reconocer NUESTRA ADICCION al PETROLEO. Boicot,,,,
  3. Enrique Sosa: (2007-02-12 10:57:52 horas)
    El problema es tanto los verdes como los azules (no estoy seguro del color en todo caso); cuando descarados como Aznar comiencen a enfrentarse con las consecuencias nefastas de muchos de sus actos (Guerra de Irak, Comercio libre hipocrita con subsidios agricolas e inversiona multimillonarias haciendo concesiones con gobiernos corruptos), tendran voz y voto para criticar a un grupo, tan nefasto tambien, como los talibanes ambientalistas. Leere los "replies", pueden hacerlo a mi direccion. Saludos. - ES
  4. Antonio Veliz: (2007-02-12 09:06:57 horas)
    Cuando Montaner viva en el condado Lancaster, Pennsylvania,el mundo sera feliz. Llama a su patrocinador "repugnante" por no firmar el Protocolo de Kioto (1997). Como lo llamaria si supiera que tampoco ha firmado el Protocolo de Roma. El Protocolo de Kioto no es mas que el comercio de creditos, en el que las compañias de paises industrializados, que emiten gases, pueden comprar creditos en paises en desarrollo. Una planta alimentada a carbon en Europa, puede continuar emitiendo millones de toneladas de dioxido de carbono comprando creditos en otra parte.
  5. juan pablo escobar: (2007-02-12 08:16:58 horas)
    ¡Ah la puerca, éste tipo está cada día más infumable!. A puro hache, siempre le lleva la contraria a toda idea apoyada por la izquierda, aunque sea una tan razonable como la del calentamiento global, adoptada por la ONU y que la apoyan antiguos y serios antagonistas neoliberales. El muy gaznápiro, porfía en la crítica sesgada y en la ironía perversa o estúpida (parangonar con los Amish es una real gilipollez) y de paso aprovechó para mencionar al Alvarito. Muchá: ¿ya se fijaron que Apuleyo, Mario, Alvaro, Montaner, Aznar y Oppenheimer forman una sociedad de Bombos y Platillos Mutuos?.
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