Una población dependiente siempre espera que el Gobierno resuelva todos los problemas.
Mario Fuentes Destarac
La vigencia de un gobierno centralizado, burocrático y asistencialista en Guatemala dio origen al “Estado clientelar”, es decir, aquél que considera a los habitantes del territorio nacional verdaderos clientes, o sea personas dependientes que están bajo el control y regencia de quienes los protegen, tutelan, amparan, patrocinan o ayudan.
Los clientes, en un sentido político, son individuos que se ven a sí mismos en una dimensión de deficiencias, de carencias y de marginalidad, que esperan que los demás velen y actúen por ellos; individuos que no tienen confianza en sí mismos, que permiten a otros adueñarse de su vida, que no tienen iniciativa propia y que no asumen responsabilidades ni riesgos.
Una población dependiente siempre espera que el gobierno resuelva todos los problemas. En esa espera que desespera todos permanecen pasivos, expectantes o frustrados, aunque la problemática y la conflictividad los esté golpeando cada día más.
En fin, el clientelismo genera un círculo vicioso que no sólo no deja avanzar y progresar, sino que sume más y más en la pobreza, la desconfianza, el desconsuelo, el aislamiento y la desesperación.
Sostengo, entonces, que nuestro mayor desafío está en sustituir el tradicional y patético Estado clientelar por una genuina democracia participativa, en la que las personas no deleguen la responsabilidad de su bienestar y el de sus comunidades en otros, sino que la asuman con absoluta confianza en sí mismas; que se impongan a los problemas que las aquejan, busquen soluciones y los aborden con entereza y carácter; que comprendan que no hay nada gratis y que valoren el esfuerzo y el sacrificio; y, fundamentalmente, que entiendan que el bien público es tarea de todos.
No son los burócratas ni los políticos los que van a proveer mejores servicios y prosperidad a las comunidades, sino los propios ciudadanos, conscientes de que el control del gobierno local debe estar en sus manos, convencidos de que pueden administrar su propia vida y practicantes de la autonomía personal y del trabajo voluntario.
Por tanto, la descentralización y la desburocratización del Estado son factores clave para el surgimiento vigoroso de una auténtica comunidad de ciudadanos, en la que éstos sean los artífices de su propio destino y en la cual el gobierno sea más director, conductor, coordinador, facilitador y regulador, en vez de administrador, tutor y proveedor.
0 comentarios: