No cabe duda de que el Ejército jugó su papel durante el conflicto armado, pero hoy nos encontramos frente a otra realidad. Desde que finalizó el conflicto y quizá desde antes la institución se fue desgastando. Todo debido a que unos pocos oficiales de alto rango quisieron cobrar su botín de guerra. Con este fin crearon poderes paralelos y aparatos clandestinos de “seguridad” con los que formaron vínculos con todo tipo de organizaciones criminales. De la misma manera a través de la asignación presupuestaria del Estado la institución ha incurrido en corrupción, malversación de fondos y tráfico de influencias.
Guatemala no necesita defender sus fronteras ni su territorio. No somos un país al que amenace invasión extranjera. Es por esta razón y por el retraso de la institución que el Ejército debe desaparecer o ser totalmente reestructurado. Es necesario cumplir e implementar el Acuerdo sobre Fortalecimiento del Poder Civil y Función del Ejército en una Sociedad Democrática, suscrito en la ciudad de México en septiembre de 1996, con el cual se buscaban reformas constitucionales referentes a la integración, organización y funciones del Ejército. Cambios a su doctrina, a su sistema educativo y al de sus organismos de inteligencia, así como la reducción de su tamaño y presupuesto. Hay que reconocer que se ha reducido su presupuesto y su número de efectivos y que se han cerrado zonas militares en el interior del país, pero eso no es suficiente.
El Ejército debe renovar su institución aún más. Debe adecuar sus funciones a la Guatemala de hoy. Primero debe hacer todo lo posible por arrancar de raíz a todos aquellos que le dan mal nombre a la institución. Segundo, debe de pasar a conformar junto con la Policía Nacional Civil parte de las fuerzas de seguridad. Fuerzas de seguridad profesionales que combatan al crimen organizado, respeten las leyes, los derechos humanos y el Estado de derecho. Fuerzas de seguridad a través de las cuales el Estado garantice a sus habitantes la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y por consiguiente el desarrollo integral. Por otro lado la institución y sus antiguas zonas militares deberían convertirse en centros de educación técnica que ayuden en el desarrollo de nuestro país. De igual manera el Ejército de Guatemala debe seguir jugando su importante misión en los cuerpos de paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en el Congo y Haití para salvaguardar la seguridad internacional.
Pero lo más importante es que en este proceso de renovación la institución evite a toda costa incurrir en actos de corrupción, tráfico de influencias o actos que aparenten serlo. Como en el reciente caso de los pasajes aéreos sobrevaluados al Congo, caso que es verdaderamente vergonzoso. Tan vergonzoso que hasta la ONU le indicó al Ejército que se haría cargo del traslado de las tropas debido al alto costo que el traslado de las mismas representaba para el Estado de Guatemala. Es difícil entender por qué la ONU puede conseguir boletos aéreos baratos y nuestro Ejército no. Basta con visitar las páginas electrónicas de la líneas aéreas en Internet para darse cuenta de que existen varios vuelos de Guatemala al Congo inclusive a un menor precio del indicado en la investigación de elPeriódico.
¡Basta ya a la corrupción por parte de algunos del alto mando de esta institución! Queremos claridad e integridad en los procesos de licitación. La próxima vez nada les cuesta verificar en Internet si existen ofertas más económicas en el mercado. Todos los guatemaltecos esperamos que cambien sus viejas costumbres y se comprometan con la transparencia por el bien de Guatemala y del nombre de su institución. De no hacerlo esperamos que compren sus boletos en su agencia de viajes favorita y que se vayan todos al Congo, pero con pasaje solo de ida.
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