Es alentador que el Congreso de la República emita señales de que, por fin, tomará en serio la urgente necesidad de dotar de financiamiento por Q409 millones al Tribunal Supremo Electoral (TSE), cuando estamos a pocas semanas de la convocatoria a las elecciones generales de septiembre de 2007.
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Es alentador que el Congreso de la República emita señales de que, por fin, tomará en serio la urgente necesidad de dotar de financiamiento por Q409 millones al Tribunal Supremo Electoral (TSE), cuando estamos a pocas semanas de la convocatoria a las elecciones generales de septiembre de 2007.
Nos parece adecuado el propósito del TSE de realizar importantes inversiones para “acercar las mesas electorales a los votantes guatemaltecos”, ya que en cada consulta popular son muchos los ciudadanos que no tienen acceso a las urnas, por residir en regiones remotas.
En el evento comicial de este año, no cabe duda que el enemigo a vencer será el abstencionismo, ante la percepción cada vez más difundida de que los cambios de gobierno no necesariamente significan soluciones para los graves problemas que sufre la población mayoritaria del país, que sigue inmersa en la pobreza, la enfermedad, la ignorancia y la violencia generalizada. La frustración que genera tanta promesa incumplida ha creado un electorado escéptico, que presta pocos oídos a los cantos de sirena de los candidatos.
Prácticamente el TSE fue dejado con las “manos atadas” al haber fracasado el Congreso de la República, el 30 de noviembre pasado, en aprobar el Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para 2007, como consecuencia de una seria polarización surgida en el hemiciclo entre los diputados oficialistas y los opositores, en la arrebatiña de cada sector político por llevar más agua a su molino.
La delicada tarea que tiene por delante, con los retos que supone poner en práctica una nueva Ley Electoral, hacen que el Tribunal Supremo Electoral sea digno de todo el respaldo necesario por parte de los congresistas, a efecto de que recobre su tradicional condición de constituir la más autorizada institución de Guatemala en materia comicial, que desde 1985 ha conducido al país por elecciones nacionales limpias y rescató la credibilidad pública en la institución del voto, que es fundamental en el sistema democrático y en el cual pretendemos vivir.
Solo un TSE fortalecido puede ser garantía legítima de transparencia en las próximas elecciones de septiembre, en las que hay que luchar para que no sean empañadas por las maniobras de los politiqueros de siempre, máxime que el ambiente preelectoral actual raya en lo anárquico, debido a la campaña adelantada desatada por los grupos políticos que se muestran desesperados por alcanzar el poder.
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