Flagelo significa calamidad. Corrupción equivale a su vez a depravar, a pudrir algo. ¿Es la corrupción un flagelo social en Guatemala? Vamos por partes. No cesan de aparecer en las noticias posibles actos de corrupción y de tráfico de influencias, como la última sobre la supuesta compra sobrevalorada de boletos aéreos al Congo. Creo que el Ministerio de la Defensa es el primer interesado en desmentir este señalamiento, ofreciendo acceso pleno a toda la información que pueda existir en relación a estos hechos. Recordemos aquel aforismo que “quien calla, otorga”. Mientras tanto, el Estado de Guatemala se jacta de ser parte de convenciones tanto regionales como internacionales de combate a la corrupción. Es innegable que para atacarla eficazmente, hay que hacerlo desde dos perspectivas principales: la prevención y el castigo.
A pesar de haberse introducido reformas al Código Penal, cumpliendo así en parte con las obligaciones concomitantes derivadas de dichos convenios internacionales, pareciera que todo sigue igual. ¿Será que, quienes desvían fondos, dan dádivas, o en pocas palabras, son corruptos, se consideran intocables o inmunes? ¿Será que el derecho de antejuicio, cuando corresponde, está siendo objeto de abuso? Si sumamos a esto la poca eficiencia en la investigación y condena de hechos delictivos, el resultado es más impunidad, en el reino de la impunidad. ¿Hasta cuándo vamos a seguir soportando este flagelo? Porque, salvo los que corrompen y los que se dejan corromper, creo que muy pocos guatemaltecos no estarían de acuerdo en que la corrupción es una calamidad pública. Es más, yo me atrevería a afirmar que en nuestro país, con índices socio-económicos cada vez más preocupantes (desnutrición y mortalidad infantil, por ejemplo), la corrupción debería ser considerada como delito de “lesa guatemalidad”. La responsabilidad penal por este tipo de hechos ilícitos no debería prescribir jamás. ¿En qué bolsillos o cuentas van a parar los fondos corrompidamente obtenidos y a costa de quiénes? En el campeonato de impunidad en Guatemala, el flagelo social de la corrupción alcanzaría ubicarse en el podio junto con los homicidios y asesinatos.
En el tema del Congo, ¿se “escudará” una vez más, el Ministerio de la Defensa en no dar acceso a información, so pretexto que es asunto de “seguridad nacional”? Y nosotros, ¿hasta cuándo nos vamos a inhibir de combatir en serio a la corrupción?
Urge que entre gobernantes y gobernados derroquemos al menos uno de los flagelos que asedian nuestro desarrollo nacional.
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3 comentarios:
jose cordon: (2007-02-16 14:55:49 horas)
Interesante como sigue el tema de unos cuantos miles de quetzales que el Ejercito no aclara ni solventa pero casi ni un solo comentario cuando se ha echo publico el corrupto manejo de fondos y el robo que se ha dado con el sunto de el Resarcimiento. Esto lo maneja Rosalina Tuyuc, porque nadie dice ni pio sobre esta estafa?
HAROLDO RUANO: (2007-02-16 14:37:03 horas)
Es importante que el Ministerio de la Defensa aclare de una vez por todas este embrollo de los pasajes al Congo, es ineludible para mantener alejada a la instituciòn de señalamientos innecesarios.
Roberto Ximenej: (2007-02-16 10:49:24 horas)
No podría estar mas de acuerdo con su dictamen. Pero es de agregar que ningún gobernante ni figura política tiene los suficientes seguidores como para llegar al poder sin tener que aliarse con los corruptos. Y de allí que seguimos en la corruptela. Triste de verdad. Si no preguntele al Generalísimo como le fue con Portillo y el sigue risa y risa como que sino tuvo nada que ver y quiere reelegirse para el congreso.
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