Opinión:
Al parecer ha sido todo un éxito la cinta documental Estrellas de la línea. La crítica la aplaude, y las personas sensibles se conmueven al verla.
¿Cuánto estarán recibiendo estas estrellas? ¿Será, acaso que les llega algo de los ingresos de taquilla? ¿Seguirán participando en campeonatos deportivos? ¿Tendrán uniformes nuevos? ¿Dónde están las estrellas de la línea? Lo más probable es que sigan donde estaban. Alguien tuvo la “feliz” idea de convertirlas en estrellas, de llevarlas y traerlas, incluso a España, para promocionar el filme. De exhibirlas, de halagarlas y, quizá, de pagarles por su tiempo, por el uso que se haría de ellas y el uso de su imagen. Tal vez no haya habido pago en todo esto, sino simple venta de ilusiones. Tal vez solo un efímero oasis en ese desierto interminable. Al final de cuentas, sin embargo, lo que queda de todo esto es simplemente que aquellas mujeres de la línea han sido sometidas a una explotación final, la del lucro que se obtiene y se sigue obteniendo con la exhibición de su miseria. Fueron llevadas a Futeca para lograr que –a través del escándalo– se hiciera famoso el filme por realizar, algo que se consiguió con creces. Hubiesen podido ser llevadas a Madrid para que participasen en algún centro social y se pusiesen de largo con jovencitas de aquella sociedad o para que jugasen al tute en la casa de Gobierno. Es más, no hubiesen sido necesarias en aquellas latitudes, como “producto de importación”, si se trataba de exhibir “estrellas” puesto que por allá “el estrellato” es abundante… El “condimento”, sin embargo, no hubiese sido el mismo. Nuestra miseria resulta ser más deslumbrante, tal y como lo son nuestros celajes tropicales. He leído a algunos que se rasgan las vestiduras y que, quejumbrosos, se lamentan de que no llegan a acostumbrarse a la maldad humana puesto que ¿cómo es posible que no se haya permitido a las “estrellas” que jugasen en Futeca. ¿Qué tenía de malo se preguntan, vestiduras rasgadas, que además de que se explotara a las “estrellas” se explotase también a las niñas de un colegio y se consiguiese así con, la explotación de unas y de otras – exhibidas tan juntitas como posible– ¡Ese era el toque! –pingües ganancias, alabanzas de la crítica e incluso– ¿por qué no?–premios internacionales… Creo que estos, en vez de rasgárselas, deberían de invitar a “las estrellas” para que los visiten en sus casas y puedan compartir con sus madres, sus esposas y sus hijas. ¿Lo harían, o es que solo se las rasgan del diente al labio? Tal vez me equivoque. Tal vez las estrellas de la línea no hayan sido dejadas a su abandono y tal vez el triunfo de la cinta no haya agotado la intención de sus realizadores, cineastas estos que, por otra parte, han cumplido con presentarnos la lacerante realidad de esas estrellas. La pregunta, sin embargo, es obligada, ¿dónde estarán las estrellas de la línea, más allá de la explotación final que han sufrido en las pantallas? Agregar comentario: |
Más en esta sección
Mas enviados
Los más leidosLos más comentados
|
1 comentarios: