“Yo andaba en una misión suicida“ Alex Sánchez, veterano de la “Mara Salvatrucha“ en Los Ángeles.
Un edificio en Los Ángeles, California. Hay que pasar enfrente de un restaurante chapín para llegar a los elevadores. La oficina de la organización Homies Unidos está llena de materiales didácticos, afiches, libros y computadoras. Aquí es donde Alex Sánchez tiene su escritorio.
Mi nombre es Alex Sánchez. Soy el director ejecutivo de Homies Unidos. ¿Cómo llegué a ocupar este puesto? Tiene que ver con que mis padres me dejaron abandonado en El Salvador cuando yo tenía 3 años. Ellos se vinieron a California en los setenta por razones políticas. Nos dejaron con unos vecinos. En esos tiempos empezaba un conflicto que nosotros como niños no entendíamos. Empezábamos a oír balaceras en las noches. Recuerdo bien cómo, una vez, en el camino al lado de la línea del tren vimos el cuerpo de una persona que habían matado. El tren lo había descuartizado. Vi pedazos por todos lados. Yo tenía unos seis años. Fue la primera de muchas cosas. Pero la más impactante fue cuando nos dijeron que nos iban a llevar para Estados Unidos.
Mis padres ya tenían cinco años de estar aquí. Vieron que el conflicto en El Salvador aumentaba. Los incidentes entre la guerrilla y el gobierno eran cada vez más frecuentes. Por eso nos mandaron a traer, a mí y a mi hermanito. Era traumatizante, teníamos miedo. Nos trajeron al downtown de Los Ángeles, al centro. Nos encontramos con nuestros verdaderos papás en un callejón sucio. Fue otro choque. Nosotros no los conocíamos, nos podrían haber dado a otra gente y hubiera sido lo mismo.
Años de odio
En la escuela hubo mucha discriminación. No sabíamos hablar inglés, y el español que hablábamos era diferente al de los otros latinos. Nos hacían burla o nos acosaban. Así fue como empecé a agarrar coraje.
No teníamos confianza de hablar con nuestros padres. Nos disciplinaron con una cuerda de plancha, con un cincho. Me aguanté el tiempo que pude. No teníamos a dónde ir. En la calle, frente al lugar donde vivíamos había vidrio quebrado y olor a orina. La única gente que conocí allí eran unos borrachos que nos ofrecían cerveza.
Cuando tenía 12 años empecé a ver unos cholos chicanos en la escuela. Ellos hacían lo que les daba la gana y en cierta manera me aceptaban a mí como era. Empecé a juntarme con ellos. Sentía que me iban a defender. Yo era parte de algo y era significativo. La gente ya no me discriminaba más, porque sabían que pertenecía a un grupo que me podía proteger.
Estaba cansado de sentirme como una basura, como un niño abandonado. Los salvadoreños que habíamos llegado a Los Ángeles antes de los ochenta, intentábamos asimilarnos a la cultura chicana. Pensábamos que era necesario para poder sobrevivir, pero en la secundaria conocí a otros jóvenes de El Salvador. Ellos no se asimilaban a nada. Uno se presentó conmigo y dijo: “Oye, ¿vos de dónde sos?”.
Yo pensé “Wow, hace tiempo que no uso la palabra vos. Y aquel no tiene miedo de usarla”. – “Mirá, acá habemos más, me dijo. Yo tenía tiempo de no oír mi acento. Me atrajo y empecé a asociarme con ellos porque quería ser parte de algo y además era algo de mi cultura. Me asocié con orgullo.
Cuando el grupo se había hecho bastante grande, las otras pandillas nos vieron con malos ojos. Así fue como empezamos a tener conflictos.
La cosa de nosotros era la música, el heavy metal, el rock. No éramos cholos, pero las cosas cambiaron cuando algunos empezamos a caer presos por drogas, por peleas, por asaltos. Cuando salían de la cárcel juvenil, estaban “acholados”. La pandilla se había transformado a un grupo de jóvenes defendiendo el territorio en contra de los otros grupos.
A los 15 años decidí irme de la casa. Empecé a vivir en la calle. No fue nada bonito, pero la pandilla provee todo lo que la comunidad no le da a uno. Me dieron alimentación, aunque era robada. Me encontraron techo, aunque era en apartamentos o casas abandonadas. Me dieron ropa. Las noches eran crueles, heladas, llenas de violencia y drogas. Pero la verdad es que nos divertíamos. Éramos libres.
Años de violencia
La violencia vino cuando mataron a uno de los nuestros. De ahí empezó una ola de violencia. Muchos de los muchachos mayores habían participado en el Ejército salvadoreño o en la guerrilla. El estilo de violencia que trajeron era una cosa que no se había visto aquí en Los Ángeles. Tuvieron machetes y pocas armas de fuego. Cuando se mata a alguien con un machete se mira bien horroroso. Por eso la Mara Salvatrucha agarró una reputación de ser viciosa y violenta.
Cada vez que uno causa daño a otra persona, uno se pierde un poco más. Murieron muchos jóvenes y algunos fueron arrestados por asesinato. Otros, como yo, no fuimos arrestados por asesinato, pero causamos daño igual. Me fui a la cárcel a los 15 años.
De cierta manera, me sentía mal por todo lo que estaba sucediendo, pero ya se me había entrado el odio. Sentía una obligación de defender a los que me protegían. Yo estaba dispuesto a dar la vida por la pandilla. Muchos jóvenes creen que uno debe morir por la pandilla, y muchos sí, mueren. Uno ha llegado a odiar tanto que no le importa morir.
En 1992 estaba en prisión cuando anunciaron los Acuerdos de Paz en El Salvador. Yo dije: “So what?”. A mí no me importaba. El Salvador era un país bien lejano para mí. No tenía nada allá. Me había criado en Los Ángeles.
En el 94, volví a caer preso. Dentro de la prisión me enteré de que mi señora estaba embarazada. Al principio no le di mucha importancia. Yo andaba en una misión suicida. Pero cuando el parto se acercó, me dio miedo porque nuestra relación había sido basada en drogas. Tuve un gran temor de que el niño naciera deforme. Pero nació bien. Poco tiempo después me deportaron.
Cuando llegué al aeropuerto de El Salvador llevaba solamente unos centavitos y una mochila. No había nadie esperándome. Tenía la dirección de una tía. Llegué allí. Pero al siguiente día me llegó una amenaza de que iban a matarme.
En ese entonces tenía tatuajes en todo mi cuerpo. La gente me tenía miedo. En la prisión había seguido una disciplina de ejercicio. Me miraba bien cholote. Hasta mi familia me temía. La amenaza vino de unos muchachos que supuestamente eran de una pandilla contraria. Me puse otra vez en un plan de protección, de defenderme. Encontré un machete. Cuando los muchachos vinieron, salí a la calle. Resulta que éramos de la misma mara, la MS. Ellos ya tenían tatuajes.
Esta misma noche, llegaron unos 15 jóvenes a la casa donde yo estaba. Me pedían que les “brincara” oficialmente a la mara. Yo era el primero que había llegado desde Estados Unidos a este lugar. Desgraciadamente, la mayoría de los muchachos que “brinqué” esa noche, ahora están muertos.
Poco después, un escuadrón de la muerte, La Sombra Negra, anunció una lista de gente que iban a matar. Aparecía yo. Para nosotros esta gente era como otra pandilla. Nos quieren matar, matémoslos primero. Por eso se empezó una gran violencia en El Salvador. Mataron a muchos muchachos. Pero ni La Sombra Negra, ni mucho menos el gobierno les da a los muchachos lo que necesitan para sobrevivir. Si quieren parar esto, tienen que satisfacer las necesidades básicas de estos jóvenes.
Años de cambio
Mientras tanto, en Los Ángeles, la mamá de mi hijo había abandonado al niño. Así que existían muchas razones por las que tenía que regresar. Yo deseaba conocer a mi niño. Ya sentía una obligación de ser parte de su vida. Me tardé tres meses para subir de regreso. Vine acá y me hice padre soltero. Empecé a vivir con mi hijo, empecé a trabajar. Me fue difícil buscar un trabajo, mantenerme fuera de la cárcel. Yo no sabía cómo hacerlo, pero sentí que estaba logrando ser un padre para mi niño. En ese tiempo oí de Homies Unidos, una organización que había empezado en El Salvador en 1996. Me invitaron a una conferencia en Los Ángeles. Fui y regresé totalmente cambiado. Nunca antes había visto tantos cholos hablando de paz y unidad, hablando de ayudar a nuestra comunidad. Y había gente haciéndolo, jóvenes educando a otros jóvenes. A mí me gustaba mucho. Yo sentía un compromiso con la juventud de mi barrio. En cierta manera había sido una imagen para ellos. Se metieron a la pandilla. Ahora quería ser una imagen positiva de cambio. Muchos de estos jóvenes habían perdido su vida, otros están presos. Algunos nunca van a salir de la cárcel.
Cuando llego a los barrios, siempre encuentro a jóvenes que me escuchan. Ellos entienden. Homies Unidos ha ayudado a muchos jóvenes. Por ejemplo, hoy en la tarde va a llegar un muchacho con su madre para buscar ayuda. Ella no sabe qué hacer, está preocupada. La comunidad necesita ejemplos positivos para la juventud.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
8 comentarios:
RAUL A. ROBLES: (2007-02-24 10:56:25 horas)
FELICITACIONES SR. SANCHEZ, EXCELENTE REPORTAJE.
SOY PANAMEÑO Y LE VOY A DECIR ALGO, QUE AQUI EN PANAMA LA DELINCUENCIA ES ALGO DE TODOS LOS DIAS, CADA DIA SE FORMA UNA BANDA O PANDILLA DIFERENTE Y TODO SE BASA AQUI EN EL TRAFICO, VENTAS Y TUMBE DE DROGAS.
LA DROGA ACA EN PANAMA ESTA BOTADA POR TODOS LADOS, EN CUALQUIERA ESQUINA ENCUENTRAS CUALQUIER TIPO DE DROGAS, Y BASO MIS COMENTARIOS CON UN SOLO PUNTO, SOMOS EL PAIS CENTROAMERICANO NUMERO UNO EN DECOMISO DE DROGAS Y TODO GRACIAS AL VECINO PAIS DE COLOMBIA.
AQUI LAS PANDILLAS SE CONCENTRAN SOLO EN ESE PUNTO ( EL TRAFICO), SI FUERA SOLO EL DE BUSCAR PROTECCION ESTA BIEN PERO NO ES ASI.
LA CULPA EN GRAN PARTE LA TIENE EL GOBIERNO POR LA MARGINACION DE LA CLASE CON MENOS RECURSOS. LES PONGO UN EJEMPLO: MIENTRAS QUE UN EN UNA PARTE DE LA CIUDAD MIRAS A PUROS EDIFICIOS, RASCACIELOS, MANSIONES Y GENTE EN BMW, JAGUAR, ETCS. EN LAS CALLES Y DE REPENTE VIRAS LA MIRADA AL OTRO LADO DE LA CIUDAD VERAS UNA POBLACION MARGINADA, BASURA EN LAS CALLES Y MENDIGOS (ACA EN PANAMA LES LLAMAMOS PIEDREROS) POR DOQUIER, BALACERAS EN LAS CALLES Y TODO OCURRE EN LA MISMA CIUDAD. SOLO IMAGINENSEN QUE ESTAN EN NUEVA YORK.
LA INICIACION PARA PERTENECER A UNA BANDA O PANDILLA ES QUE TIENES QUE MATAR A UNA PERSONA Y LA GRAN MAYORIA DE MIEMBROS DE ESAS BANDAS SON MENORES DE EDAD, NIÑOS DE 10 AÑOS PORTANDO ARMAS MAS SOFISTICADAS QUE LA POLICIA NACIONAL, LA LEY PARA EL MENOR DE EDAD ES MUY FLEXIBLE Y GRACIAS A UNA DIPUTADA DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA QUE CREO LA LEY DE LOS DERECHOS DE LOS MENORES INFRACTORES LAS COSAS ESTAN COMO ESTAN.
CON DECIRLES QUE LA PENA CAPITAL POR ASESINATO ES DE 20 AÑOS SOLAMENTE, ESO QUIERE DECIR QUE TU PUEDES MATAR A CINCO PERSONAS A LA VEZ Y SOLO TE PUEDEN CONDENAR POR UNA NADA MAS Y ADEMAS QUE LA VIDA HUMANA PARA LA LEY PANAMEÑA SE COMPARA CON UNA RES(GANADO VACUNO), SI ES VERDAD; AQUI LA PENA POR MATAR A UNA PERSONA Y A UNA RES(CUATRERISMO) ES LA MISMA.
ASI QUE SR. ALEX. HAGA ESFUERZOS PARA QUE AQUI EN PANAMA SE INSTALE UNA OFICINA DE HOMIES UNIDOS, PARA QUE AYUDE A TODOS ESTOS UNDIVIDUOS DE PANDILLAS QUE QUIEREN SER PERSONAS DE BIEN.
Rita García: (2007-02-21 17:09:39 horas)
Un excelente ´reportaje considero que permitira conocer más sobre este flajelo en donde si no hacemos nada para evitarlo, más adelante nos lamentaremos. Se necesitarán 3 generaciones para que terminen las maras.
Juan Carlos P.: (2007-02-19 15:01:51 horas)
felicito a esta persona por contar su experiencia y el haber salido de dicha situacion, pido a Dios por lo jovenes que andan en dicha situacion dificil, no somos dignos de juzgar, exitos para todos.
E. DANILO PINALES: (2007-02-18 15:39:05 horas)
No felicité al SR. Alex, alguien tomo mi email. Gracias.
danilopinales: (2007-02-18 14:56:27 horas)
te felicito alex por tu esfuerzo por cambiar y ayudar a los demas para salirse de las pandillas y por ti por estar con tu familia
Thelma Fuentes: (2007-02-18 14:09:01 horas)
Aunque nunca he imaginado siquiera como será llevar una vida de la manera que la describe el señor Alex Sánchez, pienso que no hay imposibles cuando se tiene fuerza de voluntad y él es un vivo ejemplo de ello, ojalá que muchos jóvenes puedan imitarlo y seguir su ejemplo. Felicitaciones por contar su experiencia porque incentiva al cambio. Gracias por seguir ayudando a quien lo necesita.
Oscar Recinos: (2007-02-18 11:19:17 horas)
Aplaudo las buenas actitudes como la de Alex. Adelante con el proposito de sacar a los muchachos de las maras. Lastima que aun se le hecha la culpa a la misma sociedad de este flajelo, a la posguerra, etc. Tiene que haber mas gente asi como Mr. Sanchez para borrar la palabra "mara" de nuestro lexico centroamericano. Ayuden a ayudar.
E. DANILO PINALES: (2007-02-18 08:40:51 horas)
Cualquier historia de un marero empieza conque el papá o la mamá no les dieron atencion, luego hay que sacar el pañuelo cuando cuentan que los maltrataban y que buscaban la calle para tener aceptacion. Babosadas!!! yo vengo de un hogar desintegrado y de abuso del padre pero siempre busque el estudio y nunca el andar en desmadres, lo que pasa es que en la adolescencia el joven busca lo mas facil y rapido, las maras ofrecen eso. No creo en el termino de mano dura, sino la del garrote para esta gente, la carcel no sirve, el que mató o violó hay que aplicarle la misma pena, las carceles estarian limpias, lo mas penoso es que los mareros que se "regeneran" tienen sus manos manchadas de sangre pero solo dicen "aleluya" y ya estan limpios de pecado, que asco.
danilopinales@yahoo.com
8 comentarios: