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Guatemala, domingo 18 de febrero de 2007

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Actualidad: Edición Dominical

Historias de homosexualismo: La locura innombrable

Un sociólogo y un historiador unen fuerzas para documentar casos de homosexualismo en Guatemala desde el siglo XVII. Situaciones, entonces, innombrables, de las nadie hablaba sin dejar de sentir horror y repugnancia.

Mirja Valdés de Arias

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La búsqueda de Johann Melchor Toledo transcurría entre expedientes celosamente guardados en el Archivo General de Centroamérica. La misión del historiador contratado por la Editorial Villegas era recopilar todo cuanto hiciera referencia al café en tiempos de la Colonia.

“Trabajaba como investigador con Regina Wagner en la elaboración de la Historia del Café de Guatemala para la Asociación Nacional del Café (Anacafé)”, cuenta.

Su trabajo consistía en leer legajos de papeles. Esa tarde revisaba algunos de 1765 cuando se topó con uno que de entrada le llamó la atención: “Quintanilla, el loco” era el titular.

El documento exponía las razones de la detención de Juan Joseph Quintanilla, un vecino del barrio de La Candelaria, en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

“Se le acusaba de ‘inquietar a la torpeza de la sodomía’ a dos muchachos. En otras palabras, tener relaciones homosexuales”, explica Melchor. Al final de su lectura le sorprendió el fallo del alcalde, que en esa época era responsable de los asuntos judiciales: a Quintanilla lo declaró loco y ordenó internarlo en el hospital.

Durante años, Melchor consideró documentar casos de homosexualismo a través de la Historia, pero nada había encendido la chispa como “Quintanilla, el loco”.

Era el momento. Pensó combinar sus conocimientos sobre Historia con los de psicoanálisis de Carlos Seijas, un psicólogo doctorado en Sociología. “Queríamos retratar el comportamiento de los ciudadanos de aquella época ante el homosexualismo”, cuenta. Juntos escribieron ese primer artículo.

Tiempo después, Melchor encontró un caso todavía más antiguo, una historia del siglo XVII, el de Agustinillo, un adolescente aprendiz de pintor a quien sorprendieron “subiéndose por detrás” de Peruchillo, un esclavo. Para entonces, Seijas y Melchor estaban animados, así emprendieron un proyecto más amplio: ya veían un libro.

El tercer caso investigado es uno ampliamente conocido en el país: José Miculax, el violador de niños. “Era un pedófilo, pero a la vez homosexual porque sus víctimas fueron niños varones”. Los autores dicen que en el imaginario colectivo del guatemalteco contemporáneo todavía persiste temor hacia este personaje. Los niños de cierta generación crecieron oyendo la misma amenaza: “Portate bien o te va a llevar Miculax”.

Para este caso, la recopilación de datos de los investigadores transcurrió entre la Hemeroteca y los archivos de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

El último caso pertenece a este siglo y es el de un muchacho que, confundido con su sexualidad, acudió con su líder religioso. Este lo remitió a un psicólogo de la iglesia, quien le propuso una lectura religiosa que al muchacho confundido lo terminó de convencer: no había duda, era homosexual.

El trabajo se titula Locura nefanda, en alusión a la manera como llamaban al homosexualismo hace tres siglos: pecado nefando.

Ellos pretenden encontrar respuesta a posturas contemporáneas hacia la homosexualidad, en actitudes que los guatemaltecos han arrastrado desde tiempos de la Colonia.
Seijas se extiende en el tema en esta entrevista.

melchor
melchor


Revisaron cuatro casos de los siglos XVII, XVIII, XX y XXI. Hábleme del primero.

– Es un niño a quien dan de aprendiz al pintor Pedro de Liendo, allá por 1611. A su suegra le contaron que vieron al muchachito “subiéndose por detrás” del negro Peruchillo, un esclavo. La suegra le pidió al pintor que le pegara y lo hizo, pero antes le pidió al niño que le contara la verdad a cambio de no azotarlo. El muchacho se confesó y De Liendo, de todas formas le pegó.

La madre del niño buscó ante el juez una sanción para al pintor que dejó a su hijo “como un San Lázaro”, o sea flagelado. Hubo un juicio a través del cual el niño, ya sin el temor del azote, confesó que a otros muchachos de la comunidad les pagaban otros aprendices por tener relaciones sexuales con ellos. Todo consta en el expediente del juicio, la transcripción está en los anexos.

El pintor azotó al niño a petición de su suegra. ¿Era así como trataban a los homosexuales en tiempos de la Colonia?

– Así trataban en general a todos los marginales: esclavos, sirvientes, mujeres y niños. A los homosexuales, por sodomía, la Inquisición los quemaba.

En el texto hablan de psicoanalizar los casos, ¿es posible?

– Uno de los casos más famosos de Sigmund Freud fue el de Daniel Paul Schreber, un abogado que en un momento de crisis entró en psicosis, lo internaron en el manicomio y desde allí escribió sus memorias. Freud nunca trató a Schreber ni lo conoció, pero leyó sus memorias. Hizo exactamente lo mismo con un texto de Leonardo da Vinci. Esa es la metodología que usamos, tomamos los testimonios de los casos llevados a tribunales y analizamos lo que quieren decir.

Pero estas no son las memorias de los personajes, sino expedientes judiciales. ¿Cómo va a psicoanalizar?

– Se analiza el texto, lo que se quiere decir. El analista trabaja la palabra, escudriña en los términos, las costumbres, el uso y errores en la escritura. Eso dice mucho de la época y del imaginario colectivo aún en estos textos.

En el siglo XVII, al niño le pegaron; en el XVIII, a Quintanilla lo declararon loco. Hablemos ahora de ese caso.

– “Quintanilla, el loco” era un señor que había hecho “propuestas indecentes” a dos muchachos en el barrio de La Candelaria, en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en septiembre de 1765. Lo acusaron de “inquietarlos a la torpeza de la sodomía”. Lo detuvieron y lo llevaron ante el alcalde, que en esa época administraba la justicia. En su defensa, Quintanilla expuso que su invitación “es algo que se usa en todo el mundo”. La autoridad consideró que solo un “loco, falto y balbuciente” propondría algo así, y ordenó recluirlo en el hospital.

¿Los homosexuales eran vistos como locos en aquella época?

– No, pero era más fácil catalogarlos así que enfrentar la realidad como suele ocurrir en los hospitales privados de hoy, donde nadie muere de sida. En el caso de Quintanilla era más conveniente porque si lo declaraban cuerdo y practicaba la “sodomía”, habrían tenido que enviarlo a los tribunales de la Inquisición en México, pero no tenían dinero para el viaje.

La Iglesia llamaba “sodomía” a la homosexualidad, en el Derecho Canónico era “pecado nefando”, –de ahí el nombre del libro, Locura Nefanda, demencia sin nombre– precisamente porque les costaba clasificarlos.

La forma para llamar a los homosexuales ha evolucionado a través de los siglos: sodomía, pecado nefando, luego en el siglo XIX son “invertidos”.

– La gente llama perverso a algo malo, pero el significado original de su raíz latina perversus es “al revés”, o como se entendió después, invertido. El psicoanálisis y la Medicina catalogan a estas personas como “perversas” porque usan el ano como objeto de erotismo. Años después vinieron otros términos como “maricón” y “hueco”. En nuestros días es “gay”, este último, un vocablo inglés, significa “alegre”.

José Miculax es el tercer caso, más conocido por pedofilia, ¿por qué lo incluyeron?

– Porque solo tomó niños varones y, aunque forzada, era homosexualidad. Encontramos el informe del psiquiatra que lo evaluó en el diario El Imparcial: “Miculax no es el peligroso, sino el hermano, el verdadero asesino”. Ese fue el dictamen. Y era lógico, los niños lo reconocieron porque eran los que quedaron vivos. Al hermano no, porque mató a sus víctimas.

A Miculax lo mataron, al hermano lo condenaron a 30 años y quedó libre años después. Y ahí lo interesante de este caso y que nos trajo problemas en el último Congreso de Historiadores. Descubrimos que Juan José Arévalo, el ex presidente, torció la ley y obligó a los jueces a matar a Miculax. Johann encontró una carta firmada por vecinos de La Antigua Guatemala pidiéndole al Presidente que lo condenara a muerte. El Presidente no era juez, él debió aclararlo, pero lo que hizo fue mandar la carta al juez y adjuntarle una que él mismo firmó: “Por favor, Señor Juez, haga caso a lo que los vecinos piden”. Una forma sutil de decir “mátenlo”.

quintanilla
quintanilla


El de Miculax fue un caso controversial, un homosexual que cometió varios delitos. ¿Los puede llevar a conclusiones respecto a la actitud hacia los homosexuales en la Guatemala de los años cuarenta?

– No se puede afirmar rotundamente, ya que mezcla muchas variables, pero la sociedad guatemalteca siempre calla y lo que se calla se hace síntoma y sale por otro lado. Vea que no les bastó con fusilarlo, sino que luego lo decapitaron para estudiarlo.

El cuarto y último caso es contemporáneo, de un muchacho que tiene 26 años en este momento.

– Es la historia de un chico a quien curiosamente la religión le ayudó a comprobar que era homosexual. Le confió a su ministro sentirse un poco confundido, y este lo remitió a un psicólogo de la iglesia, quien le prestó un libro religioso que le terminó de confirmar que era homosexual. Fue excomulgado de su iglesia. Así como aquel que encerraron en el hospital y tacharon de loco, a este chico lo excomulgaron. En alguna parte del libro escribimos que Guatemala continúa siendo la misma sociedad que los margina y discrimina.

¿Literalmente la misma? Pero si ahora tienen sus discotecas, restaurantes, concursos de belleza y realizan desfiles en el Centro Histórico.

– Siempre ha sido así, siempre han tenido sus reuniones, sus espacios, pero al margen. La primera discoteca gay en el país data de 1976. No son noticia, no se promocionan, usan subterfugios, lo pasan de voz en voz, y recientemente la herramienta más poderosa a su favor es la Internet. ¿Le darían espacio a una discoteca gay a que paute publicidad?

¿Cuál es su conclusión después de revisar cuatro casos en cuatro siglos?

– Con los años se ha suavizado la actitud hacia los homosexuales. En tiempos bíblicos los lapidaban, en la Inquisición los quemaban o los escondían como locos, y ahora se les ve como algo pintoresco.
Es típico escuchar “cada vez hay más ‘huecos’” cuando siempre han estado aquí, solo que ahora somos más conscientes de ello y un poquito tolerantes. La historia oficial no los incluye, pero se les cuela en los archivos.

Me siento un poco como el abogado de la película Filadelfia, el que defiende a un homosexual. Con frecuencia nos hacen la broma: “El que de huecos habla de plano es hueco”. Y yo siempre respondo: sí, en mi análisis me di cuenta de que yo soy “lesbiano” porque soy un hombre tan sensible que al final me resulto siendo una mujer, una mujer a la que le gustan las mujeres.

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3 comentarios:

  1. mariel pineda: (2010-03-17 00:11:07 horas)
    hasta cuando seremos capaces de aceptar que somos o tenemos un hermano o hijo gay.hasta cuando aprendermos a respetar el dereccho individual de ser lo que es cada persona sin sentir que tenemos que esconder algo, nadie es culpable de nacer diferente, o tener relativos diferentes, debemos aceptarlos,y sobretodo respetarlos.
  2. helga morales: (2009-11-25 10:22:03 horas)
    Soy estudiante de derecho y me ha llamado siempre la atención ver cómo a los homosexuales no se les incluye dentro de la normativa jurídica guatemalteca, lo que para mí, a todas luces es una forma de discriminación, en nuestro país no está regulado, entre otros casos el cambio de nombre de los homosexuales, es decir, no se les permite ejercer el derecho natural de optar a un nuevo nombre que esté acorde a su nueva identidad, lo que está teniendo sus implicaciones, porque aparte de que se les margina, también se les agrede y se atenta en contra de sus derechos más fundamentales, excluídos pues del ámbito jurídico, pareciera que se pretende cerrar los ojos y hacer de cuenta que no existen, cuando son una realidad, no de otros países, sino también del nuestro; pero más que una realidad, seres humanos que esperan que se les reconozca como tales y se les de un espacio que tenga como consecuencia la inclusión en el ámbito laboral, social, jurídico, etc. en el que se les trate con respeto e igualdad de derechos. Le agradeceré sus comentarios a éste respecto, estoy buscando información sobre las implicaciones de la falta de regulación del cambio de nombre de los homosexuales en Guatemala. GRACIAS!
  3. helga morales: (2009-11-25 10:21:34 horas)
    Soy estudiante de derecho y me ha llamado siempre la atención ver cómo a los homosexuales no se les incluye dentro de la normativa jurídica guatemalteca, lo que para mí, a todas luces es una forma de discriminación, en nuestro país no está regulado, entre otros casos el cambio de nombre de los homosexuales, es decir, no se les permite ejercer el derecho natural de optar a un nuevo nombre que esté acorde a su nueva identidad, lo que está teniendo sus implicaciones, porque aparte de que se les margina, también se les agrede y se atenta en contra de sus derechos más fundamentales, excluídos pues del ámbito jurídico, pareciera que se pretende cerrar los ojos y hacer de cuenta que no existen, cuando son una realidad, no de otros países, sino también del nuestro; pero más que una realidad, seres humanos que esperan que se les reconozca como tales y se les de un espacio que tenga como consecuencia la inclusión en el ámbito laboral, social, jurídico, etc. en el que se les trate con respeto e igualdad de derechos. Le agradeceré sus comentarios a éste respecto, estoy buscando información sobre las implicaciones de la falta de regulación del cambio de nombre de los homosexuales en Guatemala. GRACIAS!
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