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Por más que lo intentó, no lo soportó. Quiso hacer reaccionar a los jugadores. Se paró en el área técnica y en algunas jugadas, incluso, estuvo cerca de meterse a la cancha como para impulsar a los seleccionados a que se metieran al partido, pero sobre todo que tuvieran coraje para encarar con más actitud el juego.
Le pidió a de Mata que achicara y sus gritos no sirvieron de nada: el jugador crema no reaccionó. También le pidió más entrega a César Alegría, pero tras varias súplicas se tomó de la cabeza y tiró la gorra que portaba cuando el delantero falló una clara opción.
Y conforme pasaban los minutos, fue perdiendo la compostura, la tranquilidad y, después de darse cuenta de que sus órdenes no tenían eco, tiró nuevamente su gorra y se metió en el camerino, por lo que los últimos minutos del primer tiempo fueron dirigidos por su hermano, quien funge como subentrenador.
En el segundo tiempo se volvió a calmar y ocupó su puesto en el área técnica. Ya desesperado, tuvo que dejar a un lado su orgullo y se vio obligado a tomar en cuenta a Fredy García, quien había renunciado a la Selección luego del partido contra Panamá, para sustituir a un inoperante Héctor de Mata.
Futuro inciertoTanto dirigentes, como los mismos jugadores con los que pudimos conversar, coinciden en lo mismo: el Bolillo mantiene en un impasse su continuidad. Para algunos allegados al entrenador, este esperaba que los jugadores reaccionaran contra los salvadoreños luego de la pobre y temerosa actuación contra Panamá; sin embargo, la triste actitud de algunos jugadores ayer lo tienen más afuera que adentro del equipo, aunque la dirigencia hará lo posible porque se quede y termine este proceso.
Al final, festejó el gol de Albizuris y se quedó un poco más tranquilo, pero en el fondo sabe que falta mucho.
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