En áreas urbanas se planificó una matanza selectiva.
Irmalicia Velásquez Nimatuj
La política de contención que impulsó el Estado de Guatemala al finalizar la década de 1970 fue sanguinaria, híbrida y perversamente compleja. La estrategia de masacrar comunidades completas prevaleció en regiones rurales, mientras que en áreas urbanas se planificó y se ejecutó una matanza selectiva. Ese fue el caso de la ciudad de Quetzaltenango, donde familias k’iche’, la mayoría simpatizantes de Xel-Jú vivieron la represión.
Uno de los primeros crímenes de esa etapa fue el de Héctor Coyoy, en 1979, detenido cuando participaba en una manifestación de estudiantes que protestaban por el aumento a la tarifa de la energía eléctrica y del agua potable. Fuera del edificio de la Universidad Rafael Landívar fue golpeado por uniformados de la Policía Nacional y asesinado públicamente de un balazo.
En 1980, Alejandro Cotí López, secretario de la Asociación de Estudiantes de Ingeniería y miembro de la Asociación de Estudiantes Universitarios fue secuestrado en la capital y su cuerpo encontrado 24 horas después torturado. En 1983, el técnico en salud y universitario, Juan de Dios Cotí Ixcaraguá, fue secuestrado en una zona comercial de la ciudad. Sigue desaparecido. En 1985, Gloria Elvira Barreno Coyoy, estudiante de Trabajo Social, fue secuestrada durante su práctica en Zunil, no apareció.
Xel-Jú fue sacudido con el asesinato de su primer candidato Augusto Sac Recancoj, de Jorge Everardo Jiménez Cajas, abogado ladino, dirigente del Frente Unido de la Revolución, quien apoyó las demandas indígenas participando en 1977 como precandidato a la alcaldía por el Comité Xel-Jú, no ganó, pero continúo respaldándolos, fue acribillado en su bufete. Igualmente fueron asesinados los integrantes Arturo Soch y Jaime Quixtán Argueta.
En septiembre de 1980 fueron secuestrados los hermanos Carlos Abel, pedagogo; Federico Adolfo, psicólogo y Cornelio Enrique Matul Morales –este último de 15 años–, torturados y fusilados en el campo de fútbol del municipio de Concepción Chiquirichapa. El Ejército escogió esa comunidad mam porque allí realizaban trabajo organizativo. En octubre de 1987 fue secuestrado y asesinado René Haroldo Leiva Caxaj. Además, decenas de profesionales, estudiantes y activistas ladinos y mestizos fueron asesinados o desaparecidos en la ciudad. Con estos crímenes se debilitó la institucionalidad de la región y del país.
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4 comentarios:
carlos Paniagua: (2007-02-19 23:56:59 horas)
Es un buen articulo para conocer sobre la repreción. Pero siguen dividiendo a guatemala por medio de las etnias: El "MAm", El Quiche, El "Ladino". por que no mejor decir: El Pit-bull, El chihuahueño, el "Pastor Aleman*, no vemos personas ni animales sino "razas". QUe tristeza, esto enfermara a guatemala a largo Plazo.
Rolando Alecio R.: (2007-02-19 10:39:04 horas)
Una de las justificaciones preferidas por quienes han cometido o apoyado crímenes como los mencionados, es el de que "fueron necesarios por el bien del país", "para salvar a Guatemala". Al respecto, Ignacio Martín-Baró indicaba que "El daño producido no es simplemente el de la vida personal que se destruye; el daño se ha causado a las estructuras sociales mismas, a las normas que rigen la convivencia, a las instituciones que regulan la vida de los ciudadanos, a los valores y principios con los que se ha educado y en función de los cuales se ha pretendido justificar la represión".
Mario Rodriguez: (2007-02-19 08:27:56 horas)
Asi es Señora, y luego hay columnistas sinverguenzas como Minondo Ayau, Palmieri y Dinosaurios límitados que niegan o en el peor de los casos dirian "por comunistas". Y estas son las plumas que tenemos que soportar de vez en cuando.. ay Dios que cruz...
luis guzman: (2007-02-19 08:21:07 horas)
Me gustaria leer un comentario delos que defienden a los de la represion y los consideran los salvadores del pais.
4 comentarios: