Cuando el Partido Socialista de Francia llevó a cabo su convención el año pasado, Ségolène Royal era la favorita para alzarse con la candidatura y triunfar en las presidenciales del 22 de abril. Pero errores en su campaña y un programa cuya financiación es incierta la llevaron a perder puntos en los sondeos, hasta ubicarse segunda detrás de Nicolas Sarkozy.
A principios de semana, Royal apeló a los franceses por televisión: durante dos horas, en que contestó preguntas de una audiencia de cien de sus compatriotas en Tengo una pregunta qué hacerle, la candidata intentó despejar dudas de su programa a fin de granjearse simpatías.
Para empezar, engavetó un saco rojo, cuya irrupción resultó desastrosa y volvió a utilizar su tradicional chaqueta blanca. Se mostró más relajada y segura y empleó el indicativo a futuro, en frases que terminaban “que llevaré a cabo cuando sea Presidenta”.
Alrededor de nueve millones sintonizaron el programa, mientras que Nicolas Sarkozy captó la atención de 8.24 millones dos semanas atrás. La cuota de audiencia fue del 37 por ciento frente al 33 por ciento. No explicó cómo pretende financiar sus propuestas, pero precisó que el alza al salario mínimo a US$2 mil se realizará en cinco años.
“Soy diplomada de la Escuela Nacional de la Administración, pasé siete años junto a François Mitterrand, conozco todos los arcanos de la Presidencia, he sido tres veces ministra, cuatro veces diputada, soy presidenta de región, conozco los mecanismos del Estado, soy la única que puede hacer el cambio profundo que necesita Francia”, resumió.
Su política económica está identificada con la izquierda. Pero en la social, Royal opta por un lenguaje de derecha con términos como disciplina, familia, orden y esfuerzo. De hecho, cree necesario colocar a los criminales más jóvenes bajo supervisión militar, lo cual no es aceptado por la vieja guardia socialista.
Por otra parte, ha criticado la semana laboral de 35 horas por darle a los empleadores poderes para obtener concesiones de sus empleados y quiere “reducir los efectos negativos” que pueda tener sobre los trabajadores. Como presidenta de Poitou-Charentes, Royal solo ayuda a compañías que emplean con contratos permanentes.
Pero el siguiente reto de Royal es explicar cómo financiará su programa. Algunas estimaciones consideran que aplicar su plan costará al erario francés US$40 millardos, un aumento del 20 por ciento del presupuesto. El plan de Sarkozy también implica un aumento similar en el gasto público, aunque él dice que lo suyo es empujar a la economía, no dádivas de asistencia social.
También se critica a Royal por debilidad en materia de política exterior y algunos dicen que no puede darse el lujo de cometer más errores. Con información de The Guardian, The Economist, The Times y El País.
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