¿Incidió sobre aquella votación en Naciones Unidas lo ocurrido en Guatemala a lo largo de los 36 años de conflicto?
Es absolutamente cierto que el comportamiento tenido por nuestros gobiernos, caracterizado por las brutales atrocidades cometidas durante el conflicto armado interno, hizo que perdiese Guatemala la estima no solo de naciones europeas, latinoamericanas y caribeñas, como señala Morales Chúa, sino también de otros continentes, pero no es menos cierto que nuestro ejemplar esfuerzo por recuperar la paz entre nosotros y por llegar a superar no solo el conflicto sino las causas que lo alimentaron, ha hecho que recuperemos esa estima a tal extremo que Europa –prácticamente en bloque– exclusión sea hecha de la República Rusa, votó a favor de Guatemala en las elecciones celebradas.
Latinoamérica se dividió en la votación por razones que nada tienen qué ver con nuestro pasado y que obedecen a la división que en torno a las diferentes visiones que se tienen del desarrollo y de la globalización económica campean actualmente en América Latina. La votación del Caribe tampoco tiene que ver con ese pasado sino, más bien, con nuestra posición pusilánime y contradictoria en el caso de Belice, lo que abordaremos en un próximo artículo.
Baste en este con concluir que no debe de buscarse en los sucesos de la Embajada de España y tampoco en cuanto ocurriera en el conflicto armado que viviéramos durante 36 años la razón del fracaso que tuvimos.
La candidatura de Guatemala para ocupar un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas quedó bien plantada en el gobierno anterior y no tenía por qué tener los tropiezos que tuvo.
– ¿Incidió lo ocurrido en la Finca Helvetia –1962– sobre el resultado obtenido en la aspiración de Guatemala por alcanzar un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas?
Con respecto a la mención que hace Luis Morales Chúa de lo ocurrido en el caso de la finca Helvetia –entrenamiento de los exilados cubanos que habrían de derrocar al régimen castrista– cabe señalar que en aquella bipolaridad este–oeste, la que imperaba en esos momentos, ninguno de los bandos quedó bien parado y menos aún quienes hubieron de desenvolverse entre uno y otro, pero que el hecho final irrefutable es que el comunismo se desmoronó como la trágica utopía que era.
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