“La mayor injusticia consiste en parecer justo sin serlo”.
Alvaro Castellanos Howell
Al hablar de justicia, generalmente se evoca la labor que corresponde a jueces y magistrados o, en general, a cualquier persona que le corresponda resolver un conflicto. Visto entonces como un oficio o, mejor aún, como un arte, administrar justicia se vincula con el mundo del Derecho. Pero, en realidad, la palabra “justicia” es muchísimo más amplia. Por ejemplo, se supone que en toda sociedad humana la mayoría de sus miembros tienen una concepción nata de lo justo y se considera una virtud social el actuar de acuerdo con esa concepción. La justicia también puede y debe ser vista como una virtud humana que encierra aquel sentimiento de rectitud que gobierna la conducta y que hace respetar debidamente todos los derechos de los demás. Dicho en otras palabras, la virtud de la justicia no es necesariamente el dar o repartir, sino es saber decidir o saber a quién le pertenece qué cosa, por derecho. Así pues, la justicia también es ética, equidad y honradez. Ya lo decía Platón en sus diálogos de La República, que contienen una filosofía política del Estado ideal: el ser humano debe estar regido en su actuar por cuatro virtudes fundamentales que son la Justicia, la Sabiduría, la Valentía y la Moderación. Pero de las cuatro, Platón no titubeó en establecer que la Justicia es la virtud cardinal. Es la virtud de todas las virtudes. Al menos, así lo entendió y representó Rafael Sanzio, uno de los cuatro grandes renacentistas de la pintura, en su representación de la Justicia en la Stanza della Segnatura de las estancias papales en el Vaticano. Es una hermosísima representación de la Justicia, con su tradicional balanza perfectamente equilibrada en la mano izquierda y la espada levantada en la mano derecha, pero con una gran diferencia de muchísimas representaciones de Temis, la deidad femenina griega de la Justicia. Dicha dama de la Justicia no tiene los ojos vendados. Los tiene abiertos, pero viendo hacia otro lugar en donde están representadas sus tres virtudes hermanas menores, apoyándose siempre en ellas. Volviendo a lo que se entiende por administrar justicia concretamente como un valor o fin del Derecho, se dice que es la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde, pero yo abogo por que esa justicia no sea ciega. Por supuesto, no en el sentido de perder imparcialidad y equidad. Sino todo lo contrario. Cada vez que sintamos que tenemos que decidir si algo es justo o injusto, lo hagamos con moderación, con valentía y con sabiduría. Máxime en un país que todos los días clama por justicia.
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