Los presidentes centroamericanos han tomado decisiones encaminadas a la profundización del proceso de integración económica. Uno de esos pasos es la constitución de la Unión Aduanera que debiera concretarse en breve.
elEditorial
El avance del proceso requiere voluntad política y decisiones consecuentes, pues han transcurrido cerca de 50 años desde la firma del Tratado General de Integración Centroamericana y aún estamos muy lejos de la profundización lograda por Europa en el mismo tiempo, con formidable impacto en el desarrollo económico, social y político de cada uno de sus 27 estados miembros.
En efecto, después del Consejo de Europa, creado en 1949, la integración europea, inició en 1951 cuando Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo constituyeron la Comunidad del Carbón y del Acero; el Tratado de Roma en 1957, constituyó la Comunidad Económica Europea; en tanto que fue creado y electo directamente (1979) el Parlamento Europeo; en 1992, se firma el Tratado de la Unión Europea incluyendo la moneda única (el euro), la formulación, ejecución y coordinación de las políticas externas, de seguridad, justicia y gobierno interior. En 1993, se establece el mercado único y, con ello, la libre circulación de mercancías, servicios y personas, eliminando las aduanas y puestos migratorios entre los territorios de los estados miembros.
En Centroamérica, lamentablemente, no hemos tenido la misma suerte, debido a la prevalencia de pequeños intereses locales de sectores y empresas, de visiones políticas particulares y hasta de intereses personales que, desde el principio de nuestras respectivas nacionalidades, dieron al traste con la existencia de la República Federal de las Provincias Unidas de Centro América, fundada en 1821, y que ahora siguen impidiendo la profundización del proceso de integración, con grave perjuicio de las posibilidades de crecimiento económico y desarrollo social y político de la región.
El último ejemplo de la falta de propósito de los centroamericanos es el accidentado proceso hacia la Unión Aduanera, que camina con grandes rezagos a pesar de la voluntad política expresada por los presidentes centroamericanos en sus reuniones de los últimos años y de los compromisos asumidos por ellos, tanto respecto de realizaciones que los pueblos centroamericanos esperan desde siempre, como otros conducentes a una cooperación más estrecha entre Europa y Centroamérica.
Ojalá que el objetivo de la Unión Aduanera no sea malogrado esta vez por las burocracias a cargo de alcanzarlo, ya que deben privilegiar el interés regional y dejar relegados, a su justa dimensión, a los pequeños intereses locales.
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