Fue una semana agitada. El miércoles 21 de febrero, en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, se presentó el disco Un lustro de música...
Fue una semana agitada. El miércoles 21 de febrero, en el Teatro de Cámara Hugo Carrillo, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, se presentó el disco Un lustro de música escrita para piano, que contiene composiciones del maestro Jorge Sarmientos, interpretadas por la pianista japonesa Kumi Miyagawa. Al día siguiente, en el estadio nacional Mateo Flores, fue el concierto del boricua Ricky Martin; y el sábado 25, en la Gran Sala del Teatro Nacional, fue la presentación de Greatest hits, Music festival, con una orquesta dirigida por Roberto Estrada, a beneficio del Club Rotario Guatemala.
Comentarios breves. El disco de Sarmientos posee piezas que escribió en los años cincuenta, en su juventud, y con las que le rinde tributo a José Arévalo Guerra o a Gabriel Fauré. Tocatas, sonatinas, preludios, nocturnos, conformaron el repertorio de la noche, interpretadas por la destacada pianista Miyagawa, de Japón. Las obras son exigentes con el intérprete, tanto por el lado técnico como por el conceptual. Y en eso, Miyagawa fue la idónea. A excepción de la Sonatina para piano Opus 15 o fragmentos de Cuatro estado de ánimo para piano, Opus 18, dentro de un estilo chopiniano, sí está claro que de entrada son piezas densas, de difícil asimilación para el gran público.
En el estadio en cambio hubo espectáculo del grande. Martin, hoy de 35 años, con amabilidad extrema, cantó no todo lo esperado pero sí éxitos como Vuelve, Livin la vida loca, María y Pégate, entre otras, donde combina latino, pop, rock y electrónica. En los 90 minutos que duró la actuación, este ex Menudo devolvió con creces el boleto pagado por el público, al entregar recursos escénicos sorprendentes, un sonido impecable, un cuerpo de bailarines pertinente y una banda sólida de músicos. Su show lo plantea con imaginación para participar de sus ideas y emociones.
En cuanto al Greatest hits, se intentó homenajear a Santana, Kenny G, Sergio Mendes, Louis Armstrong, Chuck Mangione y otros más, pero no todo con fortuna. La flaqueza no estuvo tanto en los músicos sino en los arreglos. Estrada sabe de arreglos pop pero no de versionar tonadas del lenguaje del rock, latino, menos del jazz. Sencillamente no es roquero ni jazzista. Hubo momentos de especial luz, en G-Bop con Javier García al saxofón soprano; Samba pa ti, con German Giordano a la guitarra, y En rey del timbal, con Fernando Pérez y Leonel Franco en las percusiones. Pero sí, este tipo de conciertos homenaje resultan penosos y deficitarios sea por el director, por el arreglista o por los músicos. Hasta ahora en Guatemala no ha habido un triunviro que dé en el clavo. En total fue una semana con un cóctel musical agridulce.
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