Tremendo susto volvieron a sentir los mercados internacionales durante mediados de la presente semana, a propósito de los temores fundados de los inversionistas que cotizan en la billonaria Bolsa de Valores de Shangai. Resulta ser que tal Bolsa tuvo una de las bajas más acuciantes en sus cotizaciones, lo cual repercutió inmediatamente en Japón, en diversas bolsas del sudeste asiático e incluso en Wall Street.
Como suele suceder, los temores de las bolsas son tan solo la punta del iceberg de otros temores más fundados, en este caso, unas declaraciones del ahora “independiente y retirado”, Alan Greenspan, quien fungió por muchos años como el mandamás de la Reserva Federal estadounidense, parecieran haber disparado el comportamiento rebaño de miles de inversionistas cotizantes. Greenspan profetizó que la economía estadounidense estaba aproximándose a un nuevo ciclo recesivo, y que las cosas no serían tan halagadoras a partir de algunos meses. Algo de cierto hay en todo esto pues las autoridades económicas del país del norte incluso han revisado, hacia la baja, sus proyecciones optimistas en torno al crecimiento de la producción.
El pasado miércoles todos los periódicos especializados en estos temas en el mundo estuvieron atentos al desenlace de los acontecimientos, siendo que tal día era clave ya fuera para una estabilización de las cosas o para un mayor declive, lo que hubiera traído a una reacción en cadena desde Shangai hasta la Patagonia. Lo anterior nos muestra claramente lo interconectados que estamos todos los países en este mundo globalizado, siendo que cada vez con mayor insistencia la atención mundial tiende a poner sus antenas en las interioridades políticas de las dos grandes potencias de este momento: Estados Unidos y la China continental.
Resulta ser que los movimientos de la Bolsa de Shangai se dieron precisamente por la interiorización de comportamientos en materia de lo que está sucediendo en el entorno de las dos grandes potencias. Por un lado, la reacción ante el discurso de Greenspan, y por otro las preocupaciones por una cierta enfermedad recesiva –que son como las depresiones en los humanos– que pudiera ocurrir en Estados Unidos. Adicionalmente, muchas cosas están pasando en la China continental: los grandes inversionistas internacionales exigen mayor libertad económica, mientras que los grandes jerarcas políticos del partido único de esa gran nación, se están alistando para un nuevo congreso clave del partido, en donde se discutirán temas de gran calado como: la desigualdad que se está observando, las mayores libertades económicas y políticas y las asociaciones de igual tipo con todas las grandes potencias.
Mientras todo ello sucede, en Centroamérica debe reflexionarse mucho sobre el futuro en estas materias: el medio investigativo Inforpress ha publicado en su último número el sorprendente incremento de la inversión extranjera en las finanzas de nuestro hermano país, El Salvador, que se ha quedado sin bancos nacionales, en un entorno completamente dolarizado. El Salvador está demasiado cerca de nosotros como para ignorar estas nuevas realidades, y tendremos que acostumbrarnos a vivir con: vaivenes, incertidumbre y todas esas preocupaciones nuevas de la llamada “globalización”.
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