Como reacción a la columna de Gustavo Berganza del viernes 2 de marzo, quisiera puntualizar lo siguiente. Si bien el ministro Vielmann y el director de la Policía, Erwin Sperisen, se han mostrado incapaces para resolver el problema que se agudizó con el asesinato de los cuatro salvadoreños, la cosa no se solucionaría con su renuncia y ya. Esa sería la salida más fácil. Está bien que se les separe de sus cargos pero que queden ligados al proceso de investigación, pues sus altas investiduras los sindican directamente. Lastimosamente, tuvieron que morir cuatro personas, entre ellas tres de muy importantes cargos y extranjeras, para que se destapara esta olla de grillos que hace mucho tiempo los guatemaltecos intuíamos pero no podíamos probar, pues si hubiera sido cualquier otro de menor rango y nacional aquí, parte sin novedad. Ahora es la oportunidad y hay que hacerlo para que, quizá con ello, este pueblo pueda respirar un poco de tranquilidad en las calles.
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