Opinión:Una sucesora para VielmannLa esperanza de refundar un sistema de seguridad democrática. Por: Juan Luis Font
Han sido dos semanas de costo inigualable. Perdimos confianza en el Gobierno, cobramos certeza de la perversión de nuestras instituciones, dilapidamos ese rescoldo de imagen positiva del país. Pero quizá sea a partir de esta crisis que Guatemala pueda empezar a superar una de sus fallas estructurales. Es indispensable construir un sistema de seguridad democrática. Para eso se requiere de la conducción apropiada, una dosis de humildad y mucha capacidad técnica.
Empecemos por la conducción. El Gobierno afronta su peor momento del período. La credibilidad del Presidente y el Vicepresidente se encuentra en predicamento. ¿Cómo explicarse que no hayan reparado, pese a todos los indicadores, en la evidencia de una política de exterminio de presuntos delincuentes? Eso les obliga hoy a resignar poder o pagar un costo mayor en el plano nacional, pero también de cara al mundo. Si Estados Unidos o la ONU consideraran que Guatemala no es un socio confiable en materia de seguridad, el precio a pagar por el país sería demasiado alto. Quizá así pueda entenderse que de manera tardía el Gobierno haya aceptado separar a dos altos cuadros de la Policía Nacional Civil. Pero eso es claramente insuficiente. El Presidente, pese a toda la presión de la industria nacional, tendrá que conceder más temprano que tarde la partida del ministro Vielmann. Resulta riesgoso en términos políticos que eso no ocurra antes de la interpelación del miércoles próximo. Sobre todo, porque ese ejercicio –cargado de pasiones políticas de una oposición que tampoco hizo mayor cosa para adversar la campaña de limpieza social hasta que le representa réditos electorales– puede suponer aún más desgaste para todos. Al sector privado organizado, que se identifica con Vielmann sin límites, este episodio le ha supuesto un doloroso aprendizaje de muchas dimensiones. A los empresarios les corresponde reflexionar y en esta ocasión, es previsible que no evadan la realidad ocultos detrás de parapetos ideológicos. Un elemento fundamental de la crisis lo constituye la presión ejercida por el Gobierno salvadoreño, admirable ejemplo para el sector privado local, de la manera en que debe ejercerse el poder. En términos de humildad, el Gobierno tendrá que admitir que a estas alturas no puede ofrecer una alternativa confiable de política de seguridad. De ahí que necesite abrir espacios y compartir responsabilidad. A lo largo de estos días ha sido valioso escuchar las voces de quienes, como ciudadanos comunes, se han especializado en el estudio de los sistemas de seguridad y de justicia. Ahí se encuentra un acopio de conocimiento que permite un diagnóstico certero de la situación. Su existencia abre la esperanza de que podamos diseñar y edificar un modelo de seguridad, con respeto a los valores democráticos, como el que todo país moderno requiere. Helen Mack es la persona idónea para convertirse en nueva Ministra de Gobernación. Su prestigio, su convicción democrática y su coraje son incuestionables. Ella puede liderar el esfuerzo para refundar el sistema de seguridad y acicatear la verdadera transformación de la justicia en el país. Con un poco de madurez y mucho de buena voluntad, podría incluso ser respetada en el cargo por el futuro Gobierno hasta que deje encaminado el esfuerzo. Y entonces sí ganamos todos. Agregar comentario: |
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