Casi todas sus mercancías tenían una historia detrás.
Hugo Maúl R.
Todos lo conocían por el Gato; mi abuela lo llamaba Ernesto, era su hermano. Según ella decía, el Gato había heredado de su padre la habilidad en la talla de madera y el amor por los juegos de azar; de su madre, la habilidad por los negocios. Conocido de todos, amigo de pocos, entre ellos, algunos importantes coroneles, generales y altos funcionarios, según él mismo decía. Amante del baño de vapor. Aficionado a los remates en la antigua Aduana Central. Conocedor del carácter de los guatemaltecos. Comerciante consumado. Todo un “bisnero”; siempre alerta en busca de negocios. Vendía de todo, eso sí, solo gangas. Casi todas sus mercancías tenían una historia detrás. No muy transparente, por cierto. Especialista en vender mercancías de “dudosa” procedencia. Al menos, eso era lo que él decía.
Un día de tantos se asomó al baño de vapor contando acerca del robo de un lote de radios en la Aduana Central. Por supuesto, gracias a sus “amistades”, él había conseguido unas cuantas unidades de ese lote. Dadas las circunstancias, según explicó, debía salir pronto de la mercancía. Por eso estaba dispuesto a rematarlas a la mitad del precio de venta en el almacén. Según recuerdo, más tardó en explicar la procedencia de la mercancía que varios de los que allí estaban en comprar la misma. Los radios no alcanzaron pero prometió que iría a buscar más. Al día siguiente, por pura casualidad, mientras pasaba por enfrente de un almacén de electrodomésticos noté que el Gato estaba adentro. Entré sigilosamente y lo sorprendí comprando radios. –¿Y no que eran robados?– pregunté. –No Hugo– respondió el Gato –los radios son legales– ¿Y por qué dice que son robados?, insistí. –Porque si digo la verdad ya nadie tiene interés en comprarlos– respondió astutamente. –Las mercaderías de “dudosa” procedencia le gustan más a la gente– añadió, mientras salía del almacén con sus radios dizque “robados”.
Me cuesta sacar alguna conclusión de esta anécdota. A lo mejor el Gato no era lo que parecía; tal vez solo respondía a la forma de ser de los guatemaltecos. Era otra época y a lo mejor ahora todo es diferente. A lo mejor los clientes de el Gato no representan adecuadamente a la mayoría de ciudadanos honrados y respetuosos de hoy. Era otra época y a lo mejor ahora todo es diferente. Sin embargo, y esto cada quién lo decide viéndose a sí mismo en el espejo y viendo a su alrededor, me parece que esta pequeña anécdota revela mucho más de nosotros mismos que lo que nos gusta aceptar. Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.
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2 comentarios:
Ana Monroy: (2007-03-05 13:08:31 horas)
Totalmente de acuerdo con Sergio Licarde. ¿Por que satanizar y criminalizar la economia informal? Cuando esta proviene de la formalidad misma? O ya olvidamos como los Gutiérrez Bosch lavaban el dinero en empresas fantasmas, subestimando sus ventas ante el fisco por años? Y que de los crímenes de cuello blanco a través de la especulación de los banqueros? Ya va siendo hora Don Hugo, que critique también a su sector “FORMAL”, que es de donde emerge la porquería, los escuadrones de la muerte (a través de la seguridad privada). No que el mercado lo resuelve todo mejor que el Estado pues? No se equivoque, ese discurso ya está desfasado, hoy más que nunca.
sergio licardie V.: (2007-03-05 11:02:10 horas)
Usted escribe sobre economía informal con bases muy sólidas. Parte de esa economía la constituyen los empresarios informales que son empleados de empresarios y fabricantes formales que evaden impuestos formales, mientras que sus empleados informales pagan impuestos informales y rentas de calle informales mas altas que las rentas formales en lugares donde no se vende. También participan del mercado contrabandistas, policias municipales, políticos y ladrones formales con faceta de comerciantes informales.
lvsergio2@cableonline.com.mx Maestro Primaria INRA
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