Opinión:
Hacer respetar la vida es en gran parte responsabilidad del Gobierno, si por eso votamos. ¿Cuál es nuestra responsabilidad? La suya, la mía, la del pueblo. ¿Acaso estamos aquí solo para abrir la boca y la mano para que nos den lo que a ellos se les antoja darnos sin que nosotros tengamos mayor obligación? Yo respeto a los demás, ellos debieran respetarme a mí… Hello? Vivimos en un universo inconcebible en una galaxia mediocre, en un insignificante sistema solar, en un planetucho donde la vida ha evolucionado de proteínas, virus y bacterias a tiburones y corporaciones, y el único campo que ha sido la excepción, el moral, que puede apartarse de las exigencias de la supervivencia, está siendo, cada vez más, dominado por el darwinismo. “Debieran respetarme a mí”. Dígaselo al tiburón o a un meteorito. Por favor.
El darwinismo es la ley del más fuerte, del más apto para sobrevivir. Allí no hay lugar para el perdón, no hay lugar para derechos, no hay lugar para el débil o el pobre. Respetar la vida es un precepto moral, no genético. Tiene sus razones, la posibilidad de la expresión más alta de cada ser humano. Por ser un precepto moral, podemos aceptarlo o rechazarlo. El que yo decida respetarlo no obliga a un animal que decide no hacerlo. Esto tenemos que aceptarlo primero: las cosas no son bonitas porque así lo soñamos, los derechos no existen simplemente porque así lo decretamos; derechos, medicinas, teléfonos y los demás productos del arte no brotan del suelo, no se reproducen espontáneamente de la nada. La gente no se porta bien solo porque nosotros nos portamos bien, o porque así nos gustaría. Tampoco basta la educación ¿cuántos santos salen de la Marroquín, la San Carlos, Harvard u Oxford? Hacer respetar la vida es tarea y decisión de cada uno de nosotros. ¿Cuántos de nosotros moriremos preparados? ¿Quién tiene ese privilegio en Guatemala? Tenemos miedo a morir, pero nuestra vida está a merced de salvajes que con una bala perdida nos la pueden robar. Por miedo no nos enfrentamos a delincuentes, a las autoridades, a los dirigentes de nuestros partidos, a nuestros jefes y amigos. Buscamos consuelo en la botella, faldas, drogas, y terminamos muertos con menos dignidad que un perro. Solo aquel que decide enfrentarse al que no respeta puede vivir y morir con dignidad. Si no se respeta la vida es porque nosotros no hacemos que se respete. Agregar comentario: |
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