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laColumna: Mondo sonoro

Entre ópera y jazz

Voces de diferentes niveles y entregas. Cinco en total, cuatro femeninas y una masculina. 

Por: Jorge Sierra

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Voces de diferentes niveles y entregas. Cinco en total, cuatro femeninas y una masculina. Esas tuvieron a su cargo el concierto Jazz birds, presentado el miércoles 28 de febrero, en el teatro Dick Smith, del IGA, organizado por la academia de canto de Barbara Bickford.

Fue un concierto donde lo mejor no se reservó al final sino al inicio. Me refiero a la participación de la cantante Paulina Monroy. A sus 18 años, esta chica puede convertirse en una de las más importantes cantantes del canto lírico operístico guatemalteco. Es versátil, según se sabe, igual podría abordar otros géneros como el soul o lo latino, pero en el jazz, como ocurrió ese día, fue intensa, con una voz firme y radiante, además de amplia escala.

Las canciones que escogió Monroy, esta vez, fueron 42 and street, Love, Stuff like that there y Come rain or come shine, en esta última, resultó pretenciosa al subirse a cantar sobre el piano, y demostrar que en cualquier postura canta bien. Es joven y tiene madera, sin duda una de las más aventajadas alumnas de Bickford, con planes de continuar muy pronto sus estudios de música en Carolina del Norte. Es lo más completo que he escuchado en Guatemala en los últimos años. Ojalá y pueda preparar un concierto antes de viajar.

La siguiente cantante es Vicky Castillo, la presentadora de televisión de 28 años, que en sus ratos libres se dedica al canto. De hecho, lleva ya diez años estudiando la técnica italiana de canto operístico. Es otra que guarda afecto por el cancionero clásico norteamericano, y ese día cantó Caravan, By Strauss, Summertime, I didn’t know about you y Somebody loves me, junto al cantante Paul Ruiz. Al principio tuvo problemas de timing (sentido del ritmo), pero en la tercera canción ya mostró su nivel y logros, es decir melodía con expresión, e igual gracia y estilo.

Las otras dos, Julia Pimentel y Diana Ramírez, tuvieron la tarea un poco más difícil. Pimentel, de 33 años, con Can’t help loving that man y I’ve got the world on a string, junto a Ruiz, y Ramírez, de 25 años, con Cry me a river y They can’t take that away from me, también a dueto con Ruiz. Los complejos cambios armónicos de las piezas, la limitada visión de las mismas, la poca experiencia sobre las tablas y la voz quizá menos enfocada, impidieron que dieran todo de sí. En particular, Pimentel, de voz un tanto oscura, que sin embargo se perfila como una de las pocas voces soprano dramáticas del escenario nacional.

Por último, Ruiz, de timbre agradable pero insuficiente para embellecer, I’ve got you under my skin o Fly me to the moon. La poca elocuencia y la falta de swing, algo imprescindible en los crooners, no contribuyeron en su actuación.

Bickford puede estar satisfecha con lo hecho hasta ahora. Es una profesora de canto que trabaja a conciencia y bien, en silencio y sin engreimientos.

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