Opinión:Una república federal es factibleNo sería necesario reformar la Constitución. Por: Rigoberto Juárez-Paz
Cuando, en 1992, yo publiqué el ensayo Una nueva Guatemala federada, en el que me refiero a la conveniencia y necesidad de adoptar la descentralización político-administrativa de nuestro país, con vistas, principalmente, a lograr (1) una administración estatal más eficiente y (2) estimular la participación de las poblaciones indígenas en la política nacional, no tenía conciencia clara de que esa posibilidad ya estaba contemplada, al menos implícitamente, en la Constitución Política de la República. En reciente visita que hiciera a mi amigo, el profesor José María Durán Aldana, quien había leído mi columna del viernes anterior, me dijo: “La Constitución está de acuerdo con usted”.
Acto seguido fue a su escritorio y volvió con un ejemplar de la Constitución. Y agregó: “Lea el Artículo 224”. Antes de leerlo recordé, muy vagamente, que cuando pensé en la factibilidad de transformar nuestro país en una república federal, me dije a mí mismo “ese proyecto tiene la gran ventaja de que para realizarlo no sería necesario reformar la Constitución, sin duda porque ya había leído el Artículo 224”. Como fuere, dicho artículo reza: “Artículo 224 – División Administrativa. El territorio de la república se divide, para su administración, en departamentos y municipios. La administración será descentralizada y se establecerán regiones de desarrollo con criterios económicos, sociales y culturales que podrán estar constituidos por uno o más departamentos para dar impulso racionalizado al desarrollo integral del país. Sin embargo, cuando así convenga a los intereses de la nación, el Congreso podrá modificar la división administrativa del país, estableciendo un régimen de regiones, departamentos y municipios, o cualquier otro sistema, sin menoscabo de la autonomía municipal”. Mi punto de vista era, y es, el de una persona que tuvo la oportunidad de continuar su formación en otros ámbitos culturales. En esos tiempos, muy poco pensé yo de la historia nacional y en nuestras culturas indígenas, y menos aún en las lenguas autóctonas. Yo era un típico guatemalteco oriundo del valle del Motagua, para quien los compatriotas del norte, el sur y el oeste del país eran desconocidos. Los indígenas norteños llegaban al mercado con sus trajes de colores y sus cacaxtes, y en el pueblo los llamaban “los cobanes”. Naturalmente, para nosotros, los niños de entonces, ellos eran extranjeros, como lo eran los que venían de las serranías del sur, que colindan con el departamento de Jalapa, aunque estos vestían a la española. Posteriormente me mandaron a Escuintla, donde era Jefe Político un hermano de mi padre, para que pudiera terminar la primaria. “Jícaro city” aún no existía. A un chico del desierto, las lluvias torrenciales de la costa sur le causaban espanto, y todas las tardes, de todo el año, doblaban las campanas de la iglesia. Escuintla no era, para mí, “ciudad de las palmeras” sino la ciudad de las correntadas de agua turbia y de la muerte. Volví después de una larga ausencia y no tardó en empezar el infortunado conflicto armado que tanto daño hizo a nuestro país. Desde el principio pensé que se trataba de una lucha inútil, basada en una filosofía falsa, en la que las poblaciones indígenas llevaban la peor parte. Ello me motivó a estudiar el Popol Vuh y a escribir una interpretación del famoso texto. Me pareció que nuestro país es tan manco y tunco sin la civilización indígena americana como lo es sin la civilización española. Ello me llevó a afirmar que nuestro país es la cuna del hombre hispanoamericano originario y que entre nosotros solo hay guatemaltecos. (La clasificación de los guatemaltecos en mayas, garífunas y xincas me parece la expresión de una injustificada actitud racista). Como una consecuencia de lo anterior, me pareció que los grupos indígenas deberían participar activamente en el Gobierno nacional, y que una manera de lograrlo era que en el país hubiera regiones autónomas. De esa forma ellos participarían directamente en la conformación de gobiernos regionales, sujetos todos, por supuesto, a la Constitución Política de la República. ¿Por qué, si la Constitución misma lo contempla, no ha habido ningún intento de lograrlo? Agregar comentario: |
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